domingo, 29 de septiembre de 2013

¿CÓMO SE ESCRIBE?
Escribe Carlos Sforza
La pregunta viene a cuento puesto que hay lectores que se preguntan desde dónde y con qué antecedentes escriben los que escriben ficción. Es decir, cómo nacen en su imaginación la trama y los personajes de cuentos y novelas.
Isabel Allende, la conocida escritora chilena autora de libros como “La casa de los espíritus”, “Paula” y otros, en una entrevista ha dicho que “a la literatura cuando se le pone un adjetivo disminuye. La literatura no tiene género, la palabra tampoco”. Y agrega: “Pero uno escribe desde la perspectiva propia, está determinada por tu circunstancia y, por supuesto, el género determina una parte enorme de tu forma de ver el mundo”. Ella habla del género referido a si quien escribe es una mujer o un varón.
Es indudable que la circunstancia influye en el autor. Lo dijo ya en Berkeley Julio Cortázar. Y es un hecho que cualquier escritor lo rubricaría. No vivimos, como se decía entre los mentores del arte por el arte, en una esfera de cristal, aislados del “mundanal ruido”. Estamos inmersos en un mundo en el que recibimos influjos, apretujones y bonanzas desde el nacimiento hasta el fin de los días.
Aparte de ello, y es una cosa que no podemos obviar, la niñez es uno de los momentos que impregnan la vida del escritor en su posterior desarrollo de adolescencia y adultez. Lo que uno recibe en la niñez es algo que nos marca para siempre. Y, de una u otra forma, cuando ese niño se convierte en un escritor, recibe inconsciente y subconscientemente, aquello que bebió y asimiló sin darse cuenta quizá, en la niñez.
Precisamente muchas veces he citado lo que escribiera en “La niñez perdida” el admirado gran novelista inglés Graham Greene. Él habla de la influencia de los libros en aquella primera edad de los juegos y la inocencia. Dice: “Tal vez únicamente en la niñez los libros tienen una influencia honda en nuestras vidas. (…) en la infancia todos los libros son  libros como de adivinación, que nos hablan del futuro, y ellos –del mismo modo que el adivino ve un largo viaje en las cartas o la muerte por agua- influencian nuestro porvenir. Supongo que por ese motivo los libros nos excitaban tanto”.
Esa influencia de las lecturas en los niños se asimila sin uno darse cuenta y afloran, muchas veces, en hechos que ese niño devenido escritor, los coloca en sus narraciones.
Los ejemplos de circunstancia de la infancia que aparecen en obras de ficción, pueden rastrearse en muchos cuentos y novelas. Mi experiencia personal lo atestigua también.
Hay lugares, objetos, movimientos que aparecen en cuentos y novelas que han sido parte vivencial de mi infancia. No como una transcripción textual de lo que aconteció en la niñez, sino como una recreación, la mayoría de las veces impensada y escrita susurrada por el subconsciente.
Hay en mis narraciones elementos que nutrieron mi infancia. Por ejemplo un laurel de jardín que aparece en varias de mis obras, un chico montando un triciclo y dando vueltas alrededor de ese laurel. Y así podrían sumarse ejemplos de cómo la circunstancia, la memoria y el olvido, recrean situaciones que encajan perfectamente en un relato ya sea a través de un cuento o de una novela.
He dicho muchas veces que en cuanto escritor, no creo en la inspiración sino en la imaginación. A la que hay que ayudarla con el trabajo constante, “sudar la camiseta” para tomar una expresión deportiva que reitero. Imaginación y trabajo son los elementos de los que nos valemos quienes nos dedicamos a escribir ficciones. No hay otra fórmula. Admitido, claro, el don que cada uno puede tener para llegar a ser un escritor. Pensemos, con Umberto Eco, que “La literatura, ante todo, mantiene en ejercicio a la lengua como patrimonio colectivo. La lengua, por definición, va donde quiere ella: ningún decreto desde arriba, ni por parte de la política, ni por parte del mundo académico, puede detener su camino, hacer que se desvíe hacia situaciones que se pretenden óptimas”. De allí que, como dice el novelista y semiólogo italiano,”La literatura, al contribuir a formar la lengua, crea identidad y comunidad”.
Para que todo ello suceda a través de la palabra convertida en obra literaria por el escritor, éste se ha nutrido de elementos que ha visto, vivido, sentido, imaginado. Todo es materia apta para el novelista. Gran observador, nada se le escapa y todo o parte de ese todo, puede servirle en la confección de una obra. En el acto de crear una novela o un cuento, todo es materia que sirve. De allí que al decir de Mauriac, el novelista sea el testigo por excelencia. Lo que nos da una novela que es ficción, es decir mentira, se trastoca en una verdad que es reflejo del hombre y del pueblo donde se desarrolla la trama de esa ficción.



lunes, 23 de septiembre de 2013

JOSÉ MANUEL ESTRADA
Escribe Carlos Sforza*
El 17 se septiembre se celebró el Día del Profesor. Muchos, que desconocen porqué ese día está dedicado al Profesor, deben saber que es en memoria de José Manuel Estrada que falleció, precisamente un 17 de septiembre de 1894 a las l6,25 siendo Ministro Plenipotenciario en el Paraguay.
La figura de Estrada es un ejemplo para cualquier generación. Hoy cuando escasean tanto las figuras ejemplares por sus valores morales e intelectuales, cuando pareciera que todo se faramduliza, que se confunden la Biblia con el calefón como escribiera Discépolo en su siempre actual tango “Cambalache”, recordar y rescatar la figura de José Manuel Estrada es una necesidad y, a la vez, un reconocimiento a un hombre que no claudicó de sus ideas y se paró con firmeza ante la prepotencia del poder.
Con motivo del 31 aniversario del fallecimiento de Estrada, en la Cámara de Diputados de la Nación dijo Sánchez Sorondo que “Su inteligencia precoz asombra desde sus primeras manifestaciones. Contaba 16 años cuando obtiene por concurso el premio que el Liceo Literario acordaba al mejor trabajo sobre el descubrimiento de América; 17 cuando escribía el Signum Federis, imbuido del más generoso nacionalismo en los momentos más álgidos de la lucha fratricida entre la Confederación y Buenos Aires; 19 cuando refuta al doctor Minelli con “El génesis de nuestra raza”; 20 cuando escribió “El Catolicismo y la Democracia” y 21 cuando inicia con “Los Comuneros del Paraguay” la serie inolvidable de sus estudios históricos”.
EL PROFESOR
Se ha dicho que Estrada fue un maestro por excelencia. Supo atraer a la juventud con sus clases inolvidables y sus escritos sentidos y a la vez, llenos de una erudición que habla de su formación sólida y recta.
Inauguró la Cátedra de Historia Argentina en la Escuela Normal de Buenos Aires en 1866. Sarmiento lo designó para que inaugurara la mueva cátedra de Historia Argentina e Instrucción Cívica en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Fue catedrático de Derecho Constitucional y Administración en la Facultad de Derecho y Ciencia Sociales de Buenos Aires y posteriormete Académico Honorario. Asimismo fue el primer Decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades (que es la antecesora de la de Filosofía y Letras). Dentro de la labor educativa, Estrada ocupó varios cargos como Presidente del Consejo de Instrucción Pública de la Provincia de Buenos Aires, Jefe del Departamento General de Escuelas con jurisdicción en la ciudad y provincia de Buenos Aires, Jefe de la Dirección General de Escuelas Normales, Rector del Colegio Nacional.
Todo ello habla de su trayectoria como maestro, profesor, docente al fin de cuentas.
Esa docencia se trasladó a los numerosos libros y artículos que escribió a lo largo de su vida.
EL CATÓLICO
Estrada fue católico y, como escribiera Luis Gorosito Heredia, “como tal defiende su libertad de serlo”. Recibió sin dudas las influencias que desde Francia llegaban a través de los escritos de pensadores católicos que en muchas ocasiones se apartaban de las enseñanzas tradicionales de la Iglesia como institución. Como se sabe, después de autores como Chateaubriand, Bonald y Del Maistre, aparecieron otros que siguieron sus huellas. Tal el caso de Montalembert, Lacordaire y Lammenais. Ellos se nuclearon en el diario “L`Avenir” y constituyeron lo que se denominó un catolicismo liberal.
José Manuel Estrada se adscribió a esa corriente de pensamiento y defendió los principios que creía eran los mejores para la gente y para el país. Le tocó actuar en una época en que se enfrentaban pensamientos dispares y supo defender con altura los suyos. De allí que ese pensamiento de católico liberal, que en el siglo veinte retoman pensadores como Jacques Maritain entre otros, haya suscitado enfrentamientos con sectores opuestos al catolicismo e incluso, sectores de dentro del propio catolicismo que no admitían ciertas corrientes de un pensamiento católico liberal que pugnaba por establecer con todas sus fuerzas la democracia dentro de la república.
Hasta tal punto llegaron en su tiempo los enfrentamientos que por sus ideas y por no compartirlas, los que detentaban el poder, a José Manuel Estrada lo separaron de sus cargos de Rector y Profesor del Colegio Nacional y poco después como Catedrático de la Universidad. Ello no aminoró sus entusiasmo y no hizo mella en sus convicciones. A tal punto que, cuando recibió a sus alumnos para despedirse ellos, entre otras cosas valiosas y rescatables, les dijo:
“Os esperaba y he querido pensar lo que debía deciros  en esta despedida. Cerca de veinte años de mi vida pasados en la Cátedra, me han enseñado amar la juventud. Ha sido para mí la enseñanza un altísimo ministerio social a cuyo desempeño he sacrificado el brillo de la vida, las solicitudes de la fortuna y la alegría de mi familia. (…) Vosotros creéis en la justicia: no esterilicéis esa Fe sagrada y noble de la primera edad. Servidla mis jóvenes amigos, con abnegación, con sacrificio, con virilidad. (…) De las astillas de las cátedras destrozadas por el despotismo, haremos tribunas para enseñar la justicia y predicar la libertad”.
José Manuel Estrada había nacido el 13 de julio de 1842.        


lunes, 26 de agosto de 2013

OTROS ASPECTOS DE LA FICCIÓN SEGÚN CORTÁZAR
Escribe Carlos Sforza*
Hemos visto varias características que se marcan en la ficción según enseñó Cortázar en sus clases de literatura en Berkeley. Hay otros aspectos que el escritor señaló y ejemplificó sobre aspectos que hacen a la creación de un cuento e incluso, de una novela.
Julio Cortázar habló de la musicalidad y el humor en la literatura. Es claro que sobre el primer aspecto, la musicalidad, no se refiere a una imitación de la música con notas, sino a lo que la prosa literaria puede tener de ritmo, de musicalidad.
Sostiene que “Hay prosas que, siendo muy buenas e incluso perfectas, nuestro oído no las reconoce como musicales, y en cambio hay otras en el mismo alto nivel que inmediatamente nos colocan en una situación muy especial, auditiva e interior al mismo tiempo, porque en el noventa y nueve por ciento no escuchamos lecturas en alta voz, ni las hacemos: leemos con los ojos y sin embargo, cuando hay una prosa que podemos calificar de musical, el oído interno la capta de la misma manera que la memoria también puede repetir melodías u obras musicales íntegras en el más profundo silencio” (p. 149/150).
Es claro que como explica el escritor, hay momentos en los que, al crear una obra, se dejan de lado la sintaxis y una serie de normas canónicas o académicas, y la voz del autor se mueve con amplia libertad y logra una prosa con un ritmo que es el único, en su concepción y necesidad expresiva que puede traducir, a través de las palabras y su encadenamiento, lo que desea expresa el que escribe. De allí que Cortázar haya contado en una de sus clases que “(…) lo que puedo decir como actor, como alguien que vive la experiencia de escribir muchos cuentos y muchos pasajes de novelas, es que en determinados momentos de la narración no me basta lo que me dan las posibilidades sintácticas de la prosa y del idioma; no me basta explicar y decir: tengo que decirlo de una cierta manera que viene ya un poco dicha no en mi pensamiento sino en mi intuición, muchas veces de una manera imprecisa e incorrecta desde el punto de vista de la sintaxis, de una manera que por ejemplo me lleva a no poner una coma donde cualquiera que conozca bien la sintaxis y la prosodia la pondría porque es necesaria. Yo no la pongo porque en ese momento estoy diciendo algo que funciona dentro de un ritmo  que se comunica a la función de la frase y que la coma mataría. Ni se me ocurre la idea de la coma, no la pongo” (p.151).
EL HUMOR
Sabemos que Julio Cortázar, y él lo ha dicho, recurre al humor en gran parte de su obra literaria. Pero sabe distinguir plenamente lo que es el humor en literatura y las diferencias que el mismo tiene con lo cómico. El filósofo Luis Farré, en su libro “Categorías estéticas”, trata en un capítulo lo cómico. Y dice que lo cómico se deriva del contraste. Y que contraste expresa un descenso y cita a Bergson quien sostiene que lo cómico pertenece sólo “al hombre o las cosas, en cuanto les atribuimos cualidades humanas. Suponemos que deberían actuar racional o conscientemente; pero acontece todo lo contrario” (p. 91/92).
Cortázar distingue con claridad las diferencias entre lo cómico y el humor. Para ello recurre a dos actores ampliamente conocidos: Jerry Lewis y Woody Allen. Dice que para él, el primero es un cómico y el segundo un humorista. La ejemplificación que hace con ambos actores, pone en claro lo que diferencia, conforme a su pensamiento, lo cómico del humor.
En el caso de Lewis, sostiene que “busca simplemente  crear situaciones  en las que va a hacer reír pero que no tienen proyección  posterior, termina en el chiste” (p. 158). En cambio, Allen “en sus mejores momentos está lleno de un sentido que va más allá del chiste o de la situación misma: contienen una crítica o una sátira que puede ser incluso muy dramática” (idem). Y renglones más adelante, grafica muy bien lo que en literatura es el humor, Dice: “(…) la intención (del humor) es casi siempre desacralizar, echar abajo una cierta importancia que algo puede tener, cierto prestigio, cierto pedestal. El humor está pasando continuamente la guadaña por debajo de todos los pedestales, de todas las pedanterías, de todas las palabras con muchas mayúsculas”. Esa desacralización no se refiere a lo religioso sino se usa en un sentido profano. “Esos valores que se dan como aceptados y que pueden merecer un tal respeto de la gente, el humorista suele destruirlos con un juego de palabras o con un chiste” (p. 159).
Esto me recuerda lo que escribiera Carlos Marín en “El Diario” (Paraná) a raíz de mi última novela, “La guerra de los huesos”. Marín habla del humor que hay en el libro y, concretamente ante la muerte. Dice que quizá mi intención fuera “una monumental tomada de pelo a la muerte, enfocando a la parca como una circunstancia de la vida, que es sin dudas esta última la que termina imponiéndose en todas las circunstancias”.
El humor, como es sabido y lo reitera Cortázar, es un producto literario que viene directamente de la literatura anglosajona sobre todo a partir del siglo XVIII. Y que, como todas las buenas cosas, muchos hemos adoptado en nuestra escritura. El autor de “Rayuela” confiesa que cuando escribía esa novela “(…) había algunos momentos absolutamente insoportables que no hubiera podido escribir como un escritor dramático, poniendo directamente la tragedia, el pathos, el drama (…). Entonces un humor a veces muy negro, muy sombrío, vino  en mi ayuda y me permitió que a lo largo de extensos diálogos  donde se está hablando de una cosa en un plano trivial y casi chistoso por debajo se está ventilando una situación de vida o muerte” (p. 160).
El ritmo y musicalidad y el humor, aparecen en la obra de Julio Cortázar con una presencia que marca la excelencia de la prosa del gran escritor.
LO ERÓTICO
Otro de los temas que abordó Cortázar fue el del erotismo en la literatura. Sabemos que hay muchas obras, cuentos o novelas, donde el erotismo aparece y lo hace a través de situaciones que dentro de lo narrado son normales.       
Afirma que los griegos y romanos consideraban la actividad erótica como una cosa normal, Estaba en el mismo nivel que otras actividades de la vida humana. “Basta leer a Teócrito o a Anacreonte, basta sobre todo leer al gran Petronio, leer El Satiricón, para darse cuenta hasta qué punto  en materia erótica los griegos y los romanos estaban como en su casa: manejaban ese tema con la misma naturalidad y soltura con que luego manejaban temas históricos, mitológicos, de la sentimentalidad o la inteligencia humanas” (p. 250).
Y en la literatura actual (y de los últimos años), cuando una obra es escrita con la calidad de obra de arte, y aparece lo erótico, es una cosa natural pero que, claro, hay que diferenciarlo de lo pornográfico. Precisamente allí reside el tema central: en no confundir lo erótico con lo pornográfico. Y Cortázar lo explica en sus clases muy bien: “Entre erotismo y pornografía hay una diferencia capital: la pornografía en la literatura es siempre negativa y despreciable en el sentido de que son libros, o situaciones de libros, escritos deliberadamente para crear situaciones eróticas que provoquen en el lector una determinada excitación o una determinada tendencia; en cambio, el erotismo en la literatura significa el hecho de que la vida erótica del hombre es tan importante y tan fundamental como su vida mental, intelectual y sentimental” (p. 252/253).
En suma, como sucede a todo narrador, las situaciones de los personajes los llevan a escribir como ellos actúan, es decir con la libertad de cada individuo que transita por el cuento o la novela. Lo hace como algo natural en una situación determinada.
En suma, sobre este punto Cortázar es claro, contundente. Y, al fin de cuentas, debemos evaluar una obra no si es moral o inmoral, sino si es una verdadera obra de arte donde hay situaciones de toda laya pero, sin caer nunca en lo pornográfico. Como lo explica e ilumina Julio Cortárzar en una de sus clases de literatura allá en el año 1980 en Berkeley.      

 



domingo, 18 de agosto de 2013

CARACTERÍSTICAS DEL CUENTO EN CORTÁZAR
Escribe Carlos Sforza*
En sus ya citadas clases de literatura en Berkeley (1980), Julio Cortázar hizo una muy marcada señal para aclarar lo que él entiende que debe contener un cuento. A la vez, y aquí reside la importancia de sus clases, demuestra con fragmentos o breves cuentos de su autoría, las características que ese género puede mostrar.
Es sabido para cualquier lector de la obra cuentística de Cortázar, que él incursionó muy profunda y continuadamente por el cuento fantástico. Y en sus clases se dedicó a explicar lo que entendía por tal. Es decir buscó una aproximación a definirlo pero no académicamente, sino conforme a su visión del mismo como escritor.
Para ello no sólo muestra cuentos de se creación, sino que analiza el proceso que lo llevó a él. Es decir, nos entrega una especie de autobiografía como escritor.
Recuerda que siendo niño había leído “El secreto de Wilheln Storitz” de Julio Verne. Se lo prestó a un compañero y éste se lo devolvió y lo hizo porque a la novela “No la puedo leer. Es demasiado fantástica”. Esa apreciación de su compañero se le quedó grabada de tal forma que recurrió a ella para explicar por qué él escribe tantos cuentos fantásticos. Dice: “Me quedé con el libro en la mano como si me hundiera el mundo, porque no podía comprender que ése fuera un motivo para no leer la novela. Allí me di cuenta de lo que lo que me sucedía: desde niño lo fantástico no era para mí lo que la gente considera fantástico; para mí era una forma de la realidad que en determinadas circunstancias se podía manifestar, a mí o a otros, a través de un libro o un suceso, pero no era un escándalo dentro de una realidad establecida. Me di cuenta de que yo vivía sin haberlo sabido en una familiaridad total con lo fantástico porque me parecía tan aceptable, posible y real como tomar una sopa a las ocho de la noche; con lo cual (y esto se lo puede decir a un crítico que se negaba a entender cosas evidentes) creo que yo era en esa época profundamente realista, más realista que los realistas puesto que los realistas como mi amigo aceptaban la realidad hasta un cierto punto y después todo lo demás era fantástico. Yo aceptaba una realidad más grande, más elástica, más extendida, donde entraba todo.” (p. 50).
Es clara la posición de Cortázar sobre lo fantástico. No sólo existe la realidad palpable, sino que hay otras dimensiones que pueden parecer fantásticas, fuera de la realidad, pero que él las abarca dentro de la misma realidad. Porque las vive, las siente, están allí, agazapadas para emerger en un momento determinado.
Asimismo, Cortázar ante una pregunta de un alumno, se refiera a su cuento “Casa tomada” que es el primer cuento de su primer libro y que tanto ha dado que hablar a los críticos y comentadores.
Él lo aclaró ante la televisión española y lo dice en sus clases. Fue el resultado de un
sueño, “de una pesadilla, que soñé una mañana de verano.” Porque, según manifiesta, los sueños han marcado la escritura de muchos de sus relatos. Dice: “Los sueños han sido pues uno de los motores de mis cuentos fantásticos y lo siguen siendo.”
Como queda expresado, en sus clases, con amplia libertad, Cortázar analiza a través de sus creaciones aspectos de lo que para él debe ser un cuento y la función que el escritor cumple cuando rompe los cánones de la sintaxis para mantener el ritmo interior que es lo que lo lleva a crear una prosa con características musicales. Y lo es, precisamente, por el ímpetu que pone en escribir muchas veces eludiendo signos de puntuación, pues siente que de esa manera dice lo que quiere decir y no lo que manda la sintaxis.
Ante una pregunta de una alumna si sobre él la imaginación, la fantasía, juega un papel más importante que la realidad en sus creaciones literarias, Cortázar responde con amplitud y admite que le es difícil distinguir entre lo que ve su inteligencia racional de la realidad y lo que su fantasía le agrega por arriba o por debajo. Dice: “La realidad es lo suficientemente grande y lo suficientemente terrible  como para bajar completamente ese espectro de pensamiento y de meditación. Pero cuando me muevo en mi trabajo de escritor, la fantasía recupera sus derechos y creo que nunca habré escrito un cuento o una novela  que se puedan considerar exclusiva y totalmente realistas porque incluso cuando lo que cuento en ellos es realista como tema, ha nacido de una fantasía, lo he inventado yo en la mayoría de los casos.” (p. 102).
Por otra parte, como también lo sostiene, tenemos que pensar que el realismo no puede prescindir de la fantasía. Necesita de ella de una u otra manera. Y es la fantasía lo que le da vuelo al realismo. Fíjese el lector en el cuento “La autopista del sur” que analiza en el libro el propio autor, donde incluso los ocupantes de los autos atascados en el gran embotellamiento de la famosa autopista que lleva a París, son nombrados no por sus verdaderos nombres, sino por la marca del auto que comandan o en el que se trasladan: Fiat, 404, Tauno, Alfa Romeo, etc.
Cortázar ante otra pregunta hace una aclaración que me parece sumamente interesante. Lo interroga una alumna sobre en qué idioma escribe y el narrador le responde: “Escribo y escribiré toda mi vida en español; el francés lo guardo para la correspondencia cuando tengo que escribir a algún francés. El español es mi lengua de escritor y hoy más que nunca creo que la defensa del español como lengua forma parte de una larga lucha en América Latina que abarca muchos otros temas y muchas otras razones de lucha. La defensa del idioma es absolutamente capital. Si hay un espectáculo penoso es el de latinoamericanos que al cabo de muy poco tiempo en un país extranjero permiten que su idioma se degrade y el segundo idioma comience a entrar (…)” (p. 104).
Por cierto, las palabras de sus clases y las respuestas a las preguntas de los asistentes, esclarecen lo que Julio Cortázar piensa sobre sus narraciones, sean cuentos, novelas o divertimentos. Es claro que hay otros puntos de estas sabrosas clases de literatura, que vamos a tratar de dilucidar y exponer en otra nota.     

  



  

viernes, 9 de agosto de 2013

CUENTO Y NOVELA EN JULIO CORTÁZAR
Escribe Carlos Sforza*
Siempre es bueno conocer el pensamiento de los grandes narradores sobre lo que piensan sobre el cuento y la novela. Mucho se ha hablado de ambos géneros dentro del canon. Pero, a la vez, siempre hay aportes nuevos. Y no solamente nuevos, sino también, reafirmación de lo que antes se ha dicho y escrito sobre el tema.
Por eso considero valioso conocer lo que Julio Cortázar pensaba sobre el cuento y la novela. Y para ilustrar el pensamiento del autor es interesante consultar sus Clases de Literatura en Berkeley 1980, que acaba de publicar Alfaguara.
Para Cortázar en la creación de una narración se puede hablar de forma y de estructura. Es claro que para el caso de la forma puede, en su visión, ser algo dado por la naturaleza. En cambio la estructura supone “una inteligencia y una voluntad que organizan algo articulado”.
Las diferencias entre el cuento y la novela son claras para quien escribe. Y lo son, asimismo, para los críticos y formadores del canon como, ¿por qué no?, para los lectores.
Cortázar en su ya comentada primera clase en Berkeley, afirma que “Por el lado de la estructura podemos acercarnos un poco más al cuento porque, si me permiten,  una comparación no demasiado brillante pero sumamente útil, podríamos establecer dos pares comparativos: por un lado la novela y por otro, el cuento. “Grosso modo” sabemos muy bien que la novela es un juego literario abierto que puede desarrollarse al infinito y que según las necesidades de la trama y la voluntad del escritor en un momento dado termina, no tiene límite preciso. Una novela puede ser muy corta o casi infinita, algunas novelas terminan y uno se queda con la impresión  que el autor podría haber continuado, y algunos continúan  porque años después escriben una segunda parte. La novela es lo que Umberto Eco llama la obra abierta: es realmente un juego abierto que deja entrar todo, lo admite, lo está llamando, está reclamando el juego abierto, los grandes espacios de la escritura y de la temática. El cuento es todo lo contrario: un orden cerrado. Para que nos deje la sensación de haber leído un cuento que va a quedar en nuestra memoria, que valía la pena leer, ese cuento será siempre uno que se cierra sobre sí mismo de una manera fatal”.
Esa apertura de la novela hace que muchas veces, el propio lector sea un continuador de la misma. Por otra parte y a diferencia del cuento, la novela es como un gran delta donde hay muchos canales de agua, y muchas corrientes que se dispersan y luego pueden unirse. E. M. Foster, autor entre otras novelas de “Pasaje a la India”, describe a la novela como “una de las más húmedas zonas de la literatura, irrigada por centenares de riachuelos y ocasionalmente  degenerada en un pantano” (“Aspectos de la novela”).  Asimismo no debemos olvidar que Roger Caillios consideraba a la novela como un género literario… “¡en el que caben todos los géneros!” y agrega que “No existe regla para medir a la novela: ella es puro contenido (no pura forma ni puro relato). Si con algún otro arte pudiera compararse será con el cine, por su enorme libertad y su carácter de infinitud” (“Sociología de la novela”).
Julio Cortázar en su clase aludida, compara el cuento con la esfera. Y tiene mucha razón al hacerlo y él lo demostró con sus más que excelentes cuentos. Dice: “Alguna vez he comparado el cuento con la noción de la esfera, la forma geométrica más perfecta en el sentido de que está totalmente cerrada sobre sí misma y cada uno de los infinitos puntos de su superficie son equidistantes del invisible punto central. Esa maravilla de perfección que es la esfera como figura geométrica es una imagen que me viene bien también cuando pienso en un cuento que me parece perfectamente logrado. Una novela  no me dará jamás la idea de una esfera; me puede dar la idea de un poliedro, de una enorme estructura. En cambio el cuento tiende por autodefinición a la esfericidad, a cerrarse, y es aquí donde podemos hacer una doble comparación pensando también en el cine y en la fotografía: el cine sería la novela y la fotografía, el cuento”. Y agrega: “una película es como una novela, un orden abierto, un juego donde la acción y la trama podrían o no prolongarse”. Advirtamos cómo Cortázar vuelve a la comparación de la novela con el cine, que en1942 ya hacía Roger Caillios.
Por supuesto, podríamos decir, nada nuevo hay bajo el sol. También el autor de “El perseguidor” pone de relieve en el cuento, elementos esenciales que otros narradores y críticos han destacado Por ejemplo nos dice con respecto al cuento que “Podría hablar, y lo he hecho ya alguna vez, de intensidad y de tensión. Son elementos que parecen caracterizar el trabajo del buen cuentista y hacen que haya cuentos absolutamente inolvidables como los mejores de Edgar Allan Poe (…)”.
No en vano, y concordante con lo dicho por Cortázar, Juan Bosch sostenía que la novela es extensa y el cuento es intenso. A su vez, Enrique Anderson Imbert decía que el novelista nos da una concepción del mundo “en un vasto conjunto de sucesos”, mientras que “el cuentista aprieta su materia hasta darle una intensa intensidad total”.       
Mucho más podríamos agregar a lo dicho. Pero es a intención de esta nota, poner brevemente de relieve a los lectores, cuál era el pensamiento de Julio Cortázar sobre el cuento y la novela. Géneros en los que él, sobresalió de manera notable para convertirse en uno de los grandes narradores del siglo veinte.
 

  

sábado, 3 de agosto de 2013

JULIO CORTÁZAR Y LA LITERATURA
Escribe Carlos Sforza*
Acaba de publicarse el libro “Clases de Literatura” que reúne las que dictó Julio Cortázar en Berkeley en 1980.
Un adelanto de la primera clase  llamada “Los caminos del escritor” la brindó ADNLa Nación el 26 de julio de 2013. Sin dudas leer las clases del autor de “Rayuela” es un verdadero placer y, sobre todo, encontrarse con el pensamiento del escritor y su visión del cuento y la novela.
Marca las diferencias entre el cuento y la novela y considera que el primero es de más fácil acceso para los lectores (en el caso de las clases, para los oyentes). Narra su estancia en Buenos Aires y luego en París. Y habla, asimismo, de los tres estados por los que ha atravesado. Por supuesto no elude nada de lo referente a los gustos, lecturas y preferencias literarias y políticas de su juventud y de los años posteriores.
Afirma que pertenece “a una generación de argentino surgida casi en su totalidad  de la clase media de Buenos Aires (…); una clase social que por estudios, orígenes y preferencias personales se entregó muy joven a una actividad literaria concentrada sobre todo en la literatura misma”. Ello hacía que fueran “profundamente estetizantes, concentrados en la literatura por sus valores de tipo estético, poético, y por su resonancia  espirituales de todo tipo”.
Ese período es al que denomina estético en cuanto a sus lecturas y su manera de encarar la escritura. De allí que la actitud “era un planteo estético, una solución estética; la actividad literaria valía para nosotros por la literatura misma, por sus productos y de ninguna manera como uno de los muchos elementos que constituyen el contorno, como hubiera dicho Ortega y Gasset la circunstancia, en que se mueve un ser humano, sea o no escritor”.
Cuando comenzó a preocuparse por el otro, el prójimo, según explica en esa primera clase, hizo que entrara en el estudio de la psicología de la gente, y es el período que él llama metafísico. Y comenzó a esbozarse con el excelente cuento “El perseguidor” basado en la vida de Charles Parker, el famosos músico norteamericano. En el cuento le pone el nombre de Johnny Carter. Yen ese período, en el que se hacía muchas preguntas, surgen como respuesta dos novelas. “Los premios” y “Rayuela”. Y hace alusión a las mismas y marca las diferencias entre el cuento y la novela. Afirma que “Tenía una preocupación técnica, porque un escritor de cuentos (…) maneja un grupo de personajes lo más reducido posible por razones técnicas, no se puede escribir un cuento de ocho páginas en donde entren siete personas ya que llegamos al final de las ocho páginas  sin saber nada de ninguna de las siete (…). La novela en cambio es el juego abierto (…)”. Y nos habla de lo que significó “Los premios” como experiencia de su incursión en la novela. En “Rayuela”, escrita años después, puso en juego conforme expresa, “todo lo que en ese momento podía poner en ese campo  de búsqueda e interrogación”.
De allí en más, ingresa en lo que denomina etapa o período histórico en la escritura. Y desarrolla a través de su confesión autobiográfica, qué significa para él esa tercera etapa en su vida de escritor. Por eso afirma: “Por eso me parece que lo que me sucedió  en el terreno individual  y privado es un progreso que en conjunto se ha ido dando
De la misma manera yendo de lo más privilegiado, lo más refinado como actividad literaria, a una literatura que guardando todas sus calidades y todas sus fuerzas se dirige actualmente a un público de lectores que va mucho más allá de los lectores de la primera generación que eran sus propios grupos de clase, sus propias élites, aquellos que conocían los códigos y las claves y podían entrar en el secreto de esa literatura casi siempre admirable pero también casi siempre exquisita”.

  Sin dudas, estamos ante un libro que nos enseña mucho, nos informa y nos deleita puesto que el autor (disertante en el caso) nos alcanza conceptos y reflexiones que han marcado hitos en su vida como hombre y como escrito. Es decir, como hombre que escribe. Y que lo ha hecho con notables aportes a la literatura universal.

domingo, 28 de julio de 2013

ADOLFO ARGENTINO GOLZ Y EL MATE
Escribe Carlos Sforza*
Adolfo Argentino Golz es un escritor entrerriano que por su obra literaria y su actividad cultural, ha trascendido el lar provinciano para insertarse fuera de las de las fronteras de la provincia.
Nació en Nogoyá y su infancia transcurrió en Viena (Austria). De regreso al país, completó los estudios primarios y secundarios en Paraná para luego estudiar Literatura y Ciencias de la Educación especializándose en ciencias de la comunicación.
En forma paralela a su labor profesional, Golz ha ido construyendo una muy especial y buena colección de cuentos que han sido publicados en varios volúmenes y ha realizado una selección de los mismos en “Cuentos desde Entre Ríos” (2001) con prólogo de la recordada amiga María Esther de Miguel.
Dije que la labor de Golz se extiende a la cultura, toda vez que ha sido cofundador de la seccional Entre Ríos de la Sociedad Argentina de Escritores y primer Secretario de la misma que presidió la también recordada Beatriz Bosc. Tuvo activa participación en la realización del V Congreso de la SADE, realizado en Paraná en 1964 y al que tuvo la deferencia de invitarme y al que asistí. Fue Vicepresidente del Consejo Federal de la misma institución y ha trabado (y lo sigue haciendo) en la parte cultural de diversas entidades como OSDE, Clínica Modelo. Ha sido declarado Ciudadano Destacado por las Municipalidades de Nogoyá y Paraná. Recibió la Faja de Honor de la SADE y el Premio Santa Clara de Asís, entre otras muchas distinciones.
Su labor periodística se ha prodigado en diversas publicaciones de Paraná y del país. Sus cuentos han servido para ser leídos en las escuelas. Tal el caso de “El legado de Pietro Rigolucci”, “El miedo sin rostro” y otros que en mis tiempos de docente leía y comentábamos con mis alumnos del Instituto “John F. Kennedy” en Victoria.
Ahora Adolfo acaba de publicar una obra con cuentos recogidos de la tradición popular, muchos oídos en charlas de café o en algún boliche de campaña. Se trata de “Cuentos con mates” (Editorial Fundación La Hendija”, prólogo de Roberto Romani, contratapa de Carlos Marín, diseño de tapa de Ma. Verónica Villarraza, dibujos de Melquíades Marizza “Chericó”, Luis C.Bourband y Carlos Casablanca, Paraná, junio de 2013, 194 p.).
La línea unitiva de todos los relatos que en el libro reúne Golz, es el mate. Sí, el adminísculo que nos proporciona deleite con la infusión de la yerba y es motivo de unión en las reuniones familiares, sociales, deportivas.
Por supuesto que muchos (quizá la mayoría, si no todos) de estos cuentos ha sido publicados por el autor en periódicos (en especial en LAR). Y el estilo de los cuentos escapa al que ha caracterizado en sus anteriores narraciones Golz. Estas últimas han sido estrictamente literarias en su lenguaje y estructura. En su último libro, en cambio, ha utilizado el lenguaje oral, al estilo de los cuentos que se transmiten de boca en boca.   Dice Marín en la contratapa: “En una perspectiva que reconoce antecedentes de renombre en el país como Luis Landriscina, Golz rescata acontecimientos, hechos, costumbres, paisajes y personajes que han cincelado su rica historia personal y profesional”.
Debemos tener en cuenta que al recoger esas historias, el autor las ha transportado al libro con todo el gracejo, la picardía y el humor que tienen. Es como estar sentados en torno a un fogón y escuchar los relatos de algún “cuentero” (que nunca falta) que nos hace pasar un momento alegre aunque a veces las historias que cuenta, no lo sean tanto, pero sí con esa pizca de humor y picardía que demanda un relato como los que presenta Adolfo Argentino Golz en “Cuentos con mates”.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que el autor es un coleccionista de mates y, a la vez, un verdadero recolector de historias sobre el mismo, cabe consignar también que publicó “El mate en aire de coplas” (poesía). Sus indagaciones las ha recopilado en diversos lugares, en forma especial en ciudades, pueblos y villas entrerrianos, y con ese andamiaje, ha logrado estructurar este libro que al leerlo nos hace pasar momentos gratos y a la vez, conocer historias del mate con anécdotas jugosas. Un aporte bien salpimentado, a través de las historias que recrea Adolfo Argentino Golz.