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Beto,apreciado amigo,a quien admiro como escritor y persona.Agradezco y
agradeceré siempre que por ti,vencí el temor de mostrar mis poemas.
Quiero decirte que leí tu ultimo libro de novelas:"La guerra de los
huesos".Un título sugestivo y a la vez de hacernos pensar el porqué de él. Cada
uno de sus pasajes,en su espacio y tiempo,nos hace vivir plenamente y más aún a
los que somos "mayorcitos". Los recuerdos de años,que parecían dormidos , surgen
en la mente. No voy a mencionar momentos. Pero tu novela con reminiscencias
reales y las creadas por tu prodigiosa imaginación, son un deleite para el
lector. Empecé a leerlo, en el micro de las l6 y 15 a 18, que me lleva los
lunes a Paraná. Al regreso a mi hogar 22y 45,continué, no podía dejar de
hacerlo.Creo serían las 5 y 30,cuando dejé de leer y ayer martes 23,tampoco, a
la hora de "la siesta" seguí hasta finalizar.
Desde lo más profundo de mi alma te digo que para mí , esta novela es
superior a las otras que tienen su momento histórico.
Gracias Beto.Tu labor de escritor es un orgullo para las Letras
Entrerrianas (en especial para Victoria) y de la Nación.
Un saludo muy cordial de tu siempre amiga: Gladys
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miércoles, 24 de abril de 2013
"La guerra de los huesos"
domingo, 14 de abril de 2013
VALIOSA PUBLICACIÓN*
Escribe Carlos Sforza*
Desde que el papa Benedicto XVI
renunció al cetro petrino, en un gesto que la Iglesia Católica no había
experimentado desde hacía 600 años, los medios de comunicación mundiales y los
católicos e integrantes de otras iglesias y agnósticos se preguntaban sobre
quién sería elegido por el Cónclave que fue convocado de inmediato.
Como en todas las circunstancias en
las que la gente mira a lo alto, en el Vaticano, a la espera de la famosa
fumata blanca, se barajaban diversos papables. Cosa que siempre ha sucedido y
que en la mayoría de los casos ha descolocado a los pronosticadores porque se
ha elegido al que menos se pensaba.
El diario porteño “La Nación ” hizo una cobertura
excelente sobre todo lo que sucedió en el Vaticano desde la renuncia de
Benedicto papa emérito hasta que asumió formalmente el cardenal argentino Jorge
Mario Bergoglio como el papa 226º de la historia. Y esa cubierta periodística
no fue en vano. El elegido es el primer papa latinoamericano, el primer papa
jesuita y, claro, el primer papa argentino.
REVISTA LIBRO
Con muy buen criterio, el diario
porteño mencionado publicó lo que podemos considerar una revista libro sobre
todo lo acontecido en esos días memorables del nombramiento del nuevo papa que
tomó por nombre Francisco en una clara actitud vital que él mismo explicó, pues
se refiere a San Francisco de Asís. Se trata de “FRANCISCO El papa que llegó
desde el fin del mundo” (La
Nación , Buenos Aires, marzo de 2013, 162 páginas).
Ha sido una excelente idea esta
recopilación de “Crónicas e imágenes de una semana que cambió la historia”. Porque
este nuevo papa, precisamente llegó desde el fin del mundo, casi
inesperadamente en este Cónclave que duró muy poco tiempo, y sorprendió a la
mayoría de los que esperaban ver la fumata blanca y saber quién era el elegido.
Y cuando se dice que llegó desde el fin del mundo, se dice bien. Precisamente
cuando fue elegido papa Karol Wojtyla que tomó el nombre de Juan Pablo II,
Francisco H. Orellano publicó un libro que tituló “El papa que vino de lejos”.
Venía de Polonia y todo un revuelo su
elección y también fue todo un revuelo su papado. Se rompía en cierta forma la
tradición de los papas italianos por un cardenal que llegaba desde un país
comunista.
Hoy se ha roto más esa tradición
porque el papa del fin del mundo es latinoamericano, nacido en el barrio de
Flores, en Buenos Aires,
Yendo a la publicación que ha hecho
La Nación ,
debo decir que es valiosa porque recopila día por día del jueves 14 al
miércoles 20 de marzo, las crónicas y comentarios que el diario dedicó a uno de
los más grandes acontecimientos de la historia mundial de lo que va del siglo
XXI. Excelentes periodistas se han ocupado en reportar lo que sucedía en el
Vaticano, entre los fieles que esperaban en la Plaza de San Pedro, y de los que en nuestro país
y en otras partes del mundo, también estaban expectantes. La corresponsal del
diario en Roma, Elisabetta Piqué diariamente nos nutria con sus crónicas. Asimismo
la enviada especial Luisa Corradini. Como desde nuestro país diversos
periodistas como José Crettaz, Laura Reina, Mariano Gaik Aldrovandi entre otros.
Dividido en tres partes y un
epilogo, el libro facilita su guarda y posibilita su consulta rápidamente. La
primera parte abarca la semana mencionada, la segunda una breve pero
salpimentada biografía del papa Francisco escrita por un periodista dedicado a
la investigación seria y respetada, como es Hugo Alconada Mon que contó con la
colaboración de Pablo Gaggero, Santiago Dapelo y Gabriel Di Nicola.
En la tercera parte se publican
columnas de opinión, donde escriben sus opiniones precisamente, Marcos Politi,
Abraham Skorka, Moisé Naín, Vittorio Messori, Carlos Pagni, Enrique Valiente
Noailles, José María Poirier Lalanne, Jorge Fernández Díaz, Georg Sporschill,
Eduardo Fidanza, Álvaro Abos, Luis Alberto Romero, José Ignacio López y
Fernando Sández.
La publicación está ampliamente
ilustrada con fotografías de distintos momentos en lo que hace a la vida de
Francisco y de su estada en el Vaticano y su calidad de obispo de Roma. También
con algunos hermosos dibujos referenciados a Bergoglio y el papado.
El Epílogo se titula “Esa noticia
que perforó la piel de la
Redacción ” y está escrito por Carlos M. Reymundo Roberts. Es
una nota sobre la cocina del diario, donde todos los periodista y gente que
trabaja allí, estaba reunida a la espera de saber quién era el nuevo papa. Y lo
que deparó a todos cuando se supo con certeza que había sido elegido Bergoglio.
Considero que es una excelente nota epilogal, ya que la noticia los hizo
gritar, aplaudir, llorar y, como bien lo cuenta el redactor de la misma, al
final, “(…) Un diario caliente se hace con la sangre fría. (…) Como muy pocas
veces sentimos que trabajamos para la historia” Y concluye con esta confesión:
“Estoy a punto de tener la reacción menos periodística de todas. Me escondo en
una salita. Necesito llorar a solas”. Desde todo punto de vista, una nota
excelente.
COLOFÓN
Francisco ha emprendido una difícil
tarea. No es fácil ocupar el lugar de Pedro al frente de la iglesia. Y hay que
tener agallas y decisión y amor para remedar al santo de Asís. Aquel que
escribió “No despreciaré a los que desprecian./ No maldeciré a los que
maldicen./ No juzgaré a los que condenan./ No odiaré a los que explotan./ Amaré
a los que no aman./ No excluiré a nadie de mi corazón”. Y también su famoso
Cántico del Hermano Sol, cuando estaba enfermo y lo entonó por primera vez ante
Fray León y Santa Clara: “(…) Loado sea por toda criatura, mi Señor,/ y en
especial por el señor hermano sol/ que alumbra y abre el día, y es bello en su
esplendor,/ y lleva por los cielos noticias de su Autor./ Y por la hermana luna
de blanca luz menor/ y las estrellas claras que tu poder creó (…) / Y por la
hermana agua (…)Por el hermano fuego (…) Y por la hermana tierra (…)”. El amor
al prójimo, la falta de odio y rencor, el amor a todo lo que existe sea lo que
fuere, cuando se trata de cantar y amar y por ende, cuidar el medio ambiente. Y
la firmeza en la fe y en la
Iglesia de Cristo que hoy preside. Podemos decir, citando a
Dante que “Francisco (de Asís) joven noble, desafió a su padre por la dama que
nadie abrió jamás la puerta con placer, esto es, la Pobreza , su esposa hasta
la muerte.” Ese es el ejemplo que nuestro papa Francisco sigue sin dudas. Y por
eso tomó por primera vez en la historia de la Iglesia , al ser ungido
papa, el nombre del “poverello” de Asís.
jueves, 4 de abril de 2013
LEER, ¿UNA COSA RARA?
Escribe Carlos Sforza*
Últimamente se ha hecho mucho
hincapié en la lectura. Se habla, por algunos, que se lee menos que antes.
Cuestión ésta, que yo he puesto en duda. No creo que se lea menos que antes. Y,
tampoco puedo afirmar que se lee mucho más que antes.
Camilo José Cela, Premio Nobel de
literatura, autor de una memorable novela como “La colmena”, sostenía algo
parecido.
Hay muchas maneras de leer. Por
obligación, por compromiso con el autor, por gozo. Ahora sucede que hay talleres
de lectura y muchos jóvenes, que han leído algún libro que les ha interesado,
lo recomiendan por la Red.
Siempre he sostenido que cuando era
estudiante, y hace bastante tiempo, mis compañeros de escuela en su gran
mayoría no leían. Y no había televisión ni Internet que los distrajera y
motivara para ir por otro camino. La lectura de libros era, aparte de los que
se imponían en la escuela por obligación, cosa de pocos. Cuando más, algunos
solían leer revistas con aventuras de Mandrake el Mago, Tarzán, Superman o
Flash Gordon. Pero en cuanto a libros, éramos muy pocos los que fuera de los
del colegio, leíamos.
En una reunión en la Feria Internacional
del Libro, la escritora Alicia Steimberg
contó que “Cuando yo era muy joven ya era raro encontrar gente que
leyera; en realidad, leer, y mucho, siempre fue cosa rara, de gente rara”. Esa
anécdota no hace sino corroborar lo que he sostenido al comienzo y lo he
reiterado muchas veces.
Todo ello lleva a la conclusión que
la lectura de hoy no es menor a la de antaño. Quizá, a través de otros
soportes, como Internet, haya aumentado e incluso multiplicado. Pero concretamente estamos
hablando de la lectura con soporte papel, es decir, del libro impreso.
Se aproxima el Día Mundial del
Libro, el 23 de abril, establecido coincidentemente con los aniversarios de las
muertes de William Shakespeare, Miguel de Cervantes Saavedra y el Inca Garcilazo
de la Vega. Este
acontecimiento coadyuva para poder hablar de la lectura hoy.
Es indudable que, como cualquier
escritor que lo sea de verdad, sostiene, que la base de una buena escritura es
la lectura. Parece ser una verdad de Perogrullo pero hay que repetirla porque
es necesario que los jóvenes (e incluso adultos) que deseen encaminarse por la
escritura, la recuerde si es que no lo saben.
La escritora Silvia Plager en una
nota donde fue entrevistada por ADNCultura, dice que “(…) hay que ser lector
primero y después escritor. El que no venera el texto escrito no puede ser
escritor.” Y detrás de la mayoría de buenos escritores, hay mucha y atenta
lectura. De libros de diversos autores y variados temas y géneros. Pero que hay
lectura, no quepa la menor duda. Y no es que se lea para copiar estilos o
métodos de escritura. Se lee por la necesidad de vivir otras vidas, de
acercarse a otros seres, a otros mundos posibles que el escritor plasma en sus
obras.
Cuando uno comienza a leer es como
empezar una aventura. La que le deparará el texto que tiene ante la vista. Ricardo
Piglia en su libro “El último lector”, dice que “Hay una relación entre la
lectura y lo real, pero también hay una relación entre la lectura y los sueños,
y en ese doble vínculo la novela ha tramado su historia. Digamos mejor que la
novela- con Joyce y Cervantes en primer lugar- busca sus temas en la realidad,
pero encuentra en los sueños un modo de leer.” Y agrega: “Esta lectura nocturna
define un tipo particular de lector, el visionario, el que lee para saber cómo
vivir. (…) Para poder definir al lector, diría Macedonio (Fernández), primero
hay que saber encontrarlo. Es decir nombrarlo, individualizarlo, contar su
historia. La literatura hace eso: le da al lector un nombre y una historia, lo
sustrae de la práctica múltiple y anónima, lo hace visible en un contexto
preciso, lo integra en una narración particular. La pregunta “qué es un lector”
es, en definitiva, la pregunta de la literatura. Esa pregunta la constituye, no
es externa a sí misma, es su condición de existencia. Y su respuesta –para
beneficio de todos nosotros, lectores imperfectos pero reales- es un relato: inquietante,
singular y siempre distinto.” (p. 25).
Leer pues, enriquece al lector. Lo
transforma en cuanto lo hace partícipe de lo que lee. Y, a la vez, como dice el
mexicano Gabriel Zaid, nos vuelve más reales.
domingo, 31 de marzo de 2013
LOS PERSONAJES DEL NOVELISTA
Escribe Carlos Sforza*
Algunos lectores inquietos se
preguntan de dónde saca sus personajes el novelista. La respuesta, claro, es
compleja. El novelista maneja sus temas a través de personajes que crea y que,
muchas veces se parecen a él mismo. Otras veces nacen casi inconscientemente
sobre todo cuando no son los centrales, sino las “comparsas” que rodean a los
personajes centrales.
Jacques Robichon sostiene que “Para el novelista nato, casi nunca existe la
elección; no elige sus personajes, los recluta en las aguas que le son propias (…)
Al margen de la pintura que le es propia el novelista puede intentar
aproximaciones u oposiciones, puede inclinar su cuadro. Es raro que vaya muy
lejos; ese algo hacia donde lo lleva su instinto es la garantía más segura de
la autenticidad de su objeto.”
Es como decir que el personaje
elige al autor. ¿Cómo? De muchas maneras. Hay en cada novelista un mundo
interior y exterior que le señala y le propone diversos personajes. El lector
se puede preguntar si los personajes tienen algo del autor. Y la respuesta es
ambigua, y lo es en la medida en que todo personaje tiene, quizá, algo del
autor. Lo que no quiere decir que en cada uno de esos personajes se refleje el
autor. Tiene algo en la medida en que inconscientemente aparecen rasgos
ocultos, no pensados, del escritor del que se trata.
François Mauriac escribió que “Aún
en estado de gracia, mis criaturas nacen de los más confuso de mí mismo; se
forman con aquello que subsiste en mí a mi pesar” Y cuando André Gide comenta
ese texto en Journal del 4 de junio de 1931,
expresa: “¡Qué confesión! Eso quiere decir que si fuera un cristiano
perfecto, no tendría materia para escribir sus novelas…” Y como escribiera en
su libro “François Mauriac” el ensayista, novelista y periodista J. Robichon,
“Si –el mismo Mauriac lo ha dicho- los personajes de una ficción nacen del
matrimonio que el novelista ha contraído con la realidad, ¿en qué medida nutre
consigo mismo las figuras y las almas de sus criaturas? ¿En qué medida los
personajes de una ficción deben ser considerados chivos emisarios de quien los
ha engendrado y hasta dónde es posible admitir de acuerdo con una teoría bastante difundida que un héroe de novela
libera al novelista de todo cuanto ha refrenado –deseos, cólera, crimen,
heroísmo- por medio de un ejercicio que el psicoanálisis ha popularizado con el
nombre de transferencia?” Y agrega el crítico citado: “En una hipótesis
semejante a) el novelista sería un personaje verdaderamente monstruoso que
encargaría a las criaturas de su invención ser infames (o heroicas) en su
reemplazo, b) la ventaja más importante para el novelista sería estar
dispensado de vivir.”
Precisamente el novelista francés,
Mauriac, en su libro “La novela y sus personajes”, dice que afirmar lo anterior
“(…) es no tener en cuenta un
extraordinario poder de deformación y acrecentamiento: elemento capital
del arte del novelista (…) Suele suceder que a veces terminamos por encontrar
en nuestro propio corazón el ínfimo punto de partida de alguna reivindicación
que estalla en uno de nuestros héroes: pero es tan desmesurado que en realidad
no subsiste nada en común entre aquello que ha experimentado el novelista y lo
que sucede en su personaje.” Y también sostiene que “(…) el arte del novelista
es una lupa, una lente bastante poderosa como para acrecentar ese enervamiento,
para hacer un monstruo de él, para nutrir la rabia del padre de familia de “El
nido de víboras”… De un impulso del humor, el novelista extrae una pasión
furiosa. Y no sólo amplifica desmesuradamente y hace un monstruo con casi nada,
sino que aísla, destaca aquellos sentimientos que en nosotros están envueltos,
dulcificados, combatidos, por una multitud de sentimientos contrarios…” (págs.
114/116).
El pensamiento de François Mauriac vale mucho en
tanto se trata de uno de los grandes novelistas franceses del siglo veinte. Y
tanto es así que sus aportes a la novelística y al pensamiento pueden
recuperarse lozanos como cuando salieron a luz sus obras.
También hay que tener presente que,
si hay rasgos inconscientes del escritor en sus personajes, no se debe caer en
la tentación de identificar al personaje con el autor. Como tampoco podemos
atribuirle las ideas o pensamientos de un personaje como si fueran los de quien
lo creó. Hay que deslindar los campos y dar al César lo que es del César y, gen
este caso, al novelista lo que es de él. Así de sencillo.
domingo, 24 de marzo de 2013
EL LENGUAJE EN LA NOVELA
Escribe Carlos Sforza*
Mucho se ha escrito sobre el
lenguaje en la novela. Hay quienes defienden el purismo a ultranza, hay quienes
están a favor de un lenguaje llano, sin demasiados ornamentos, hay otros que
sostienen la necesidad de mantener el lenguaje conforme a la época en que se desarrolla
la narración, los hay, asimismo, quienes por el contrario, aunque la novela
narre episodios antiguos, debe ser escrita con un lenguaje que sea adaptado al
tiempo en que se escribe y, en consecuencia, accesible para el lector.
William Ospina, narrador colombiano
que obtuvo en 2009 el Premio Rómulo Gallegos, y que ha escrito novelas sobe la
conquista de América, afirma que “todo lenguaje fatalmente envejecerá, no vale
la pena acelerar el proceso. Lo importante era revivir esa historia y tratar de
hacer reales esas selvas en nuestro lenguaje actual”.
Ello significa que para el
colombiano no es necesario emplear el lenguaje del siglo XV cuando se escribe
hoy. De lo contrario estaríamos ante una narración casi ininteligible para el
lector del siglo XXI.
Otro punto a tener en cuenta es
cómo hablan los personajes. Y aquí se plantean diferencias entre puristas y
novelistas. Ya en la antigua y cotizada revista CONTORNO el tema fue
ampliamente debatido. Sobre el mismo tenemos, por ejemplo, la opinión de Manuel
Gálvez. El autor de “La maestra normal” sostiene que cuando narra el autor se
necesita “una cierta pureza de la prosa…: la novela no deja de ser una obra de
arte. El novelista debe conocer bien su idioma Nada más abominable que una
larga novela con pésima sintaxis…”. Pero a la vez, hace referencia a cuando
quienes hablan son los personajes. Y en ello su posición es bien clara: “Los
personajes deben hablar como en la realidad, inclusive incorrectamente. Son
admisibles hasta los lugares comunes y los términos groseros, extranjerizados o
hampescos, pero el autor no ha de complicarse con esas cosas”. Y agrega: “Los
narradores idealistas hacen hablar a los personajes como escriben ellos.
Proceden por afán de unidad o por horror a la vulgaridad del diálogo corriente.
Valera no ignoraba cómo hablaba Juanita la Larga , pero juzgando de mal gusto el lenguaje
campesino, hacía que su protagonista se expresase igual que él”.
Hablamos, claro, de quienes
escribimos novelas en este tiempo, es decir, en la actualidad. Nuestro lenguaje
puede con el tiempo envejecer pero, a la vez, mantendrá la lozanía con el que
fue escrito pese al paso de los años. Como sucede con tantas obras que perduran
y vencen el paso del tiempo. El Quijote es, entre otras, una de las novelas que
son ejemplo de permanencia en el tiempo.
Asimismo es necesario tener en cuenta no sólo
el lenguaje empleado, sino el cómo se usa ese lenguaje. En la novela sería cómo
se cuenta. Oscar Tacca en su libro “Instancias de la novela”, nos habla de la
relación que existe entre el narrador y el personaje. Y entre otras cosas dice
que el narrador es una abstracción ya que “su entidad se sitúa no en el plano
de lo enunciado sino en el de la enunciación”. Esa diferencia la marca
Todorov cuando afirma que “el enunciado
es exclusivamente verbal mientras que la enunciación coloca al enunciado en una situación que presenta elementos no
verbales: el emisor, el que habla o escribe; el receptor, el que percibe, y el
contexto en el que esta articulación tiene lugar”.
Todo ello viene a cuento cuando
tratamos de penetrar en la confección o, mejor, creación, de una novela. El “narrador
debe saber para contar. Es sabido que el verdadero carácter de un narrador no consiste tanto en lo que cuenta (los temas
van y vienen), sino en cómo cuenta” (Tacca). Y esta afirmación que por repetida
puede resultar redundante, siempre es bueno tenerla presente al momento de
escribir una novela. Cuando se tiene una idea o varias, y se comienza a escribir,
hay una perspectiva, la del narrador, que le dará la impronta a la obra. Pero,
a la vez, el escribir una novela depara tantas situaciones que quizá el autor
nunca las pensó, hay que afinar el trabajo de la escritura de tal forma que a
la postre lo que se escriba no resulte un fárrago de ideas mal paridas por lo
mal escritas, sino que se ensamblen de tal forma, que se logre una obra
coherente, sólida, sin fisuras, y que deje también, un camino a veces estrecho,
para que el receptor, el lector, pueda continuar la misma con su propia
imaginación. De allí la necesidad de emplear un lenguaje acorde con los tiempos
en que se vive, pero sin traicionar la esencia de los personajes que, a la
postre como se ha dicho siempre, se liberan y transitan libremente por las
páginas del libro.
Y para concluir estas reflexiones,
quiero hacerlo con lo que piensa de la literatura
el novelista William Ospina, ya que
comencé con una cita de él. Dice: “Creo que toda literatura es la manera en que
la conciencia recoge las preguntas de su
tiempo, está siempre en la frontera entre los desafíos del mundo al que
pertenecemos y los que comienzan para las generaciones que vienen. La aventura
de escribir una novela es un esfuerzo por vivir los hechos, además de
pensarlos”.
sábado, 2 de marzo de 2013
HECHOS, INSTITUCIONES Y PERSONAJES
DE VICTORIA
Escribe Carlos Sforza*
Juan H. “Lito” Stiechr hace un
tiempo nos introdujo en el recuerdo de cosas y hombres e instituciones de
nuestro pueblo. Ahora, reincide en esa tarea a través de “Vivencias de aquella
Victoria” –Recuerdos inolvidables de 1940 a 1990- (Ediciones Del Castillo, diseño de
tapa de Rubén Tealdi, Rosario, febrero de 2013, 240 p.).
En la nota preliminar, el autor
aclara que esta volumen “sea recibido e interpretado no como un libro, que no pretende serlo, sino
como una especie de guía, como se estilaba antes, simple recopilación de datos
recogidos a través de los años, donde se deslizan nombres y apellidos, apodos,
oficios, profesiones, comercios, entidades, misceláneas que tienen como fin
primordial rescatar del olvido, pero que hacen
al rico historial pueblerino, abarcando un período de medio siglo: desde
1940 a 1990” .
La aclaración tiene su fundamento
lógico en cuanto Lito no ha compuesto una obra orgánica en el sentido de un
libro de historia o algo parecido. No ha sido su intención y lo dice claramente
y a mí me lo expresó personalmente al entregarme el volumen. En nuestra ciudad,
allá por comienzos del siglo pasado, se estilaba mucho sacar una especie de
guías donde se consignaban las profesiones, oficios, casas comerciales,
fábricas, y muchos otros rubros que iban registrando lo que sucedía en el
pueblo a través de sus hombres e instituciones.
Pues bien, “Vivencias de aquella
Victoria” ha querido ser algo así como las mencionadas guías y otras
publicaciones que registraban el quehacer de la gente de Victoria. Algo que
sucedía también con publicaciones a nivel nacional y en diversas ciudades del
país.
Stiechr recupera personajes, como
lo hizo en su anterior volumen, que han marcado desde diversos sectores,
actividades y andanzas, un hito en Victoria. Tal el caso del Dr. Francisco
Figueredo, de Carlos Anadón, de Julio Colmal, de Eduardo Rey Cabrera, del
fotógrafo Juan Claver, de José Félix Cudini que fuera Intendente de Victoria,
de Luis S. Capatto, de Luis M. La
Barba , del Tío Panchito. Asimismo enumera, con breves
detalles de sus tareas y de su singularidad, a los que el autor denomina
personajes inolvidables. Y allí sí, recupera a hombres y mujeres, algunos de
ellos a los que conocimos desde que éramos niños, que tenían marcas indelebles
de alguna enfermedad mental que los hacía diferenciados y solían deambular por
las calles pueblerinas. Otros, con alguna profesión determinada u oficio, y
hasta con algunas actividades denominadas “no santas”. Todos personajes que
marcaron, en su momento y con su presencia, etapas de la vida cotidiana de la Victoria que señalan los
cincuenta años que marca en su obra Lito.
En el volumen se inscriben los
Oficios, las Profesiones y se agregan diversas reparticiones, asimismo el autor
incluye Instituciones, Clubes y Escuelas, Empresas y Negocios.
No faltan en esta verdadera guía de
Victoria de la última parte del siglo XX, la inclusión de Misceláneas, donde
aparecen el Chamamé, Pista El Recreo – Quitapenas, Notas del pasado
victoriense, cuando nos comunicábamos con Rosario por lanchas y la época de las
balsas, asimismo el carnaval local y la enumeración de Reinas y su cohorte de 1949 a 2012, los apodos de
muchos victorienses (apodos que son notables y que dieron motivo a quien esto
escribe, a hacer una investigación que se incluyó en el Libro de la Academia Porteña
del Lunfardo).
Es indudable que en una guía como
la que acaba de publicar Juan H. “Lito” Stiechr haya algunas omisiones, y algún
dato que no es como se consigna. Y digo esto, puesto que en una enumeración tan
amplia, siempre suelen existir omisiones involuntarias. Asimismo en cuanto a lo
segundo, debo aclarar que al referirse a
la que se llamó “La Semana
de Victoria” realizada en 1954, siendo intendente el citado José Félix Cudini,
dice Lito que “se realizó en nuestra ciudad (…) en conmemoración de los 150
años de la fundación del Oratorio de la Matanza ”. No fue en recuerdo de ese hecho histórico
de los 150 años, sino n conmemoración de los 144 años de la fundación y los 103
años de la erección de Victoria como ciudad, de allí que siempre se habló de
los festejos centenarios. Este dato lo conozco puesto que integré como
secretario la Comisión
de Homenaje, la que organizó una serie de actos, donde usaron de la palabra don
Juan Migliol en representación del Centro Comercial, en Plaza San Martín, don
Alberto Peverelli frente a la
Iglesia , y donde hubo también otro importantes aportes. Fue
entonces que por intermedio del P. Gregorio Spiazzi vino a Victoria por primera
vez su amigo Raúl Domínguez, y en el Teatro Ideal dictó una conferencia el
escritor José Arévalo. Fue asimismo notable la exposición de antigüedades
realizada en la exBiblioteca “Juventud” en donde brilló la mano de Eduardo
Lorenzo. Toda esa semana que ha evocado Lito, culminó con un gran almuerzo en la Confitería Premier.
Queda claro, pues, que esta obra no
es propiamente un libro de historia, ni una recopilación de notas literarias.
Se trata de artículos aparecidos en periódicos y que, como se sabe, muchas
veces se escriben al correr de la pluma, lo que los hace sumamente asequibles
al gran público con la contrapartida de algunas omisiones o elementos que no
concuerdan con lo real. También el autor incursiona en una forma más bien
enunciativa, enumerativa, para presentar detalles de integrantes de
instituciones de diversa índole. Todo ello está escrito a sabiendas y de allí
la aclaración que hace Lito en su nota preliminar.
COLOFÓN
Esta guía-libro que acaba de
publicar mi excondiscípulo de la
Normal y amigo, Lito Stiechr, es un aporte interesante y
valioso para que se perpetúe el recuerdo de gente, hechos, y sociedades e
instituciones públicas y privadas de Victoria.
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