lunes, 4 de octubre de 2010

¿PARA QUIÉN Y POR QUÉ SE ESCRIBE?
Escribe Carlos Sforza*
Se puede preguntar ¿para quién se escribe? Y también, como complemento a esa interrogación, ¿por qué se escribe?
Es evidente que las respuestas pueden ser muchas. Dependerán siempre de la visión o actitud del escritor. Pero conviene tenerlas en cuenta para saber dónde estamos parados ante el hecho real, tangible, de la escritura.
CLASE DE ESCRITORES
El ensayista y crítico Walter Benjamin en su “Escritos autobiográficos” sostiene que hay dos tipos de escritores. Así los distingue: “Uno tiene desde su casa un cierto contacto con el público; consigue por sí mismo tratar siempre aquello que está en una estrecha y razonable relación con lo que en cada ocasión preocupa a los lectores. El otro no se desprende de un estrecho interior cerrado que sólo a él le concierne, un reino que, tal y como es, surge y desaparece con él; desarrolla los más diversos temas únicamente como crónica o como código de ese mundo interior, y no puede contar con una participación del público hasta haber logrado darle un concepto de ese su mundo de pensamiento y experiencias. Luego llega un punto en que la gente comienza a interesarse por cada una de las manifestaciones de ese hombre, no porque provenga de él, sino porque le proporciona los medios de conseguir una nueva llave para abrir otra puerta de ese mundo interior”.
Lo que el crítico alemán nos presenta son dos tipos diferentes de escritores. Pero en ambos se trata de escritores, es decir, de gente dedicada de lleno a la escritura y a comunicarse, a expresarse, por medio de ella.
En el prólogo a la segunda edición de la novela “La sinrazón” de Rosa Chacel, el filósofo y ensayista Julián Marías, por su parte, hace una distinción de sobre el que escribe y el escritor, la que siempre suelo mencionar. Marías expresa que “Hace algunos años, a propósito de Ortega, hice una distinción entre el escritor y el hombre que escribe; éste –decía- primero es –lo que sea- y luego escribe, algunas veces muy bien: el escritor, por el contrario, sólo es de verdad y plenamente escribiendo; se hace a sí mismo al escribir, y esto quiere decir que escribe desde sí mismo.”
El filósofo concretamente distingue al escritor ocasional del escritor nato. O el que escribe por una necesidad visceral, como en otras ocasiones lo he graficado. Y de acuerdo a lo que sostiene Benjamin y lo que afirma Marías, podemos deducir para quien escribe, cada uno de los tipos o clase de escritores a que ambos se refieren.
Sabemos que para algunos, existe el denominado lector ideal. Aquel a quien directamente está dirigido un libro por quien ha escrito esa obra. Pero ese lector ideal, en la intención del autor, en la realidad es muy difícil que se encuentre. Y, más aún, diría que es dudoso que uno escriba para un lector ideal.
El escritor, del que habla Julián Marías, escribe por necesidad. Porque se hace escribiendo. Es, escribiendo. Y luego estará el receptor de la obra. El potencial lector. Que no sabe el escritor quién será. Si tendrá cultura o no. Si gozará o rechazará su obra. Pero ese es el juego que se plantea entre el escritor y el lector, libro mediante. Y para ese ignoto, desconocido lector, escribimos los que escribimos como ejemplifica el filósofo español.
En esos párrafos estarían, sucintamente, las respuestas a los interrogantes del comienzo.
¿PARA QUIÉN SE ESCRIBE?
En una encuesta de la revista “Rinacista”, Italo Calvino respondió: “¿Para quién se escribe una novela? ¿Para quién se escribe una poesía? Para personas que han leído otra novela, alguna otra poesía. Un libro se escribe para que pueda ser colocado junto a otros libros, para que entre a formar parte de una estantería hipotética y, al entrar en ella, de alguna manera la modifique, desplace de su lugar a otros volúmenes o los haga pasar a segunda fila, reclamando el adelantamiento a primera fila de algunos otros”. Y agrega que el escritor, ante el lector invisible, “no puede proponerse sólo la satisfacción del lector, sino que debe imaginar a un lector que aún no existe, o bien un cambio en el lector tal como es hoy día”.
No hay dudas que la primera actitud del escritor cuando comienza a narrar, es la de contar una historia. Y contarla bien. No piensa en el lector invisible de que habla Calvino, sino en lo que por necesidad quiere y debe expresar. En su creación no está en la mira el lector. Está lo que narra para narrarlo como debe ser contada una historia. Luego vendrá el lector, cuando el libro ya no pertenezca más al escritor porque ha ingresado en la biblioteca hipotética de la que nos habla el autor de “Las ciudades invisibles”.
¿POR QUÉ SE ESCRIBE?
Está claro que se lo hace por necesidad. Uno escribe porque quiere contar algo, como en las primitivas cavernas en la etapa de las narraciones orales. Y cuando crea una poesía, por la necesidad de expresarse a través del verso.
Pero no debemos olvidar que debemos escribir con nuestras fuerzas interiores y con la forma adecuada para poder expresar lo que se quiere decir.
Italo Calvino en una conferencia pronunciada en Florencia, decía que “La lengua literaria debe estar siempre al tanto del habla vulgar, nutriéndose y renovándose a través de ella, pero no debe anularse en ella ni parodiarla por juego. El escritor debe saber decir más cosas de las que normalmente dicen los hombres de su tiempo, debe construirse una lengua que sea lo más compleja y funcional posible para su tiempo”.
Y para escribir así, el que lo pretenda hacer debe tratar siempre de elevar su tono y medir su ritmo. Es decir, debe haber un trabajo de mejoramiento propio para mejorar al otro. En el juego dialéctico del autor con el lector, corresponde a aquél poner sus mejores artes en lo que su imaginación le dicta para que éste, el lector, reciba un mensaje, sea a través de un cuento, una novela, una poesía, una obra de teatro, que eleve el lenguaje. Como siempre suelo decir, tratar de nivelar hacia arriba y no masificar hacia abajo. Así, con humildad, trabajo y constancia, encontraremos la razón del por qué escribimos los que escribimos.
*Blog del autor: www.hablaelconde.blogspot.com

2 comentarios:

  1. Una vez más el autor nos deleita con una nota donde nos brinda, a los lectores, un lugar de privilegio. Si bien quienes leemos, no conocemos las razones por las cuales los escritores escriben, sí sabemos del goce que nos provoca la lectura de sus producciones. A decir del filósofo estadounidense, G. Mead, se produce en ese intercambio, en esa relación dialéctica que se da entre autor y lector, un verdadero "interaccionismo simbólico", es decir que la respuesta que recibe el autor por parte del lector, se alinea con lo que él mismo a querido expresar. Y sin lugar a dudas es ese un momento glorioso, de entendimiento, que supera todo obstáculo y nos hace más humanos.

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