RESISTIR CON LA PALABRA
Escribe Carlos Sforza*
La palabra como valor inherente a los humanos ha sido tema de más de una nota que he escrito y de encuentros en los que he hablado de ella. La palabra que es el Verbo que estuvo en el principio, conforme nos dice San Juan en su Evangelio, es uno de los elementos que hace a la convivencia, al conocimiento de uno mismo y del otro, a la propia dignidad de la persona.
Ivonne Bordelois, discípula de N. Chomsky en su doctorado en Lingüística en Estados Unidos, se ha dedicado a una exhaustiva investigación sobre las palabras. Varios de sus libros y artículos se centran en el tema. Ahora acaba de publicar “El silencio como porvenir” (Libros del Zorzal, Bs.As., 2010, 142 páginas), en el que reúne 10 ensayos –conferencias, ponencias- que tratan sobre la palabra.
EL LIBRO
Ivonne Bordelois dice que “El amor por la palabra es una fuente de extraordinaria resistencia sobre las aguas turbulentas de una historia tan difícil como la nuestra” (p.9). El título del libro responde al primer ensayo que lo integra. Y nos habla no sólo de la palabra sino del silencio. Amalgama a éste con aquélla, en una búsqueda de la armonía que debe existir entre ambos. Glosa a Max Picard en “El mundo del silencio” cuando dice “que cuando dos dialogan, si dialogan de verdad, hay siempre un tercero, y éste es el silencio” (p.11).
Recurre, claro, a la poesía de San Juan de la Cruz que es un exponente excepcional sobre la palabra y el silencio y que no sólo marca desde la poesía mística una actitud existencial, sino que lo hace a través de un alto lirismo.
La autora hace una crítica de cierta poesía y literatura actuales. Y así expresa: “Hay una literatura y una poesía que han cortejado y cortejan, con una complicidad lamentable el mundo de la farándula, del bestsellerismo, del éxito a cualquier costo que esta deleznable cultura que nos rodea fomenta sin limitaciones” (p.32).
La reivindicación de la palabra y del lenguaje que hace a lo largo del libro la ensayista, ayuda sin dudas a que el lector pueda reflexionar sobre el tema y valorar en su debida medida lo que ambos son como partes inseparables del ser humano. Expresa que “El lenguaje, en cambio, es la instalación biológico-anímica que nos define como especie. Palabra de pie llama el guaraní, insuperablemente, al ser humano” (p.60). Y en esa definición que supera a una sencilla metáfora, la sabiduría guaraní define exactamente al hombre.
Nos habla de la poesía en tiempos de crisis y también del lenguaje entre la poesía y el poder. Hace una excelente exposición sobre la transmisión de las lenguas y el encuentro de las mismas. Resulta interesante y novedoso su ensayo “La canción en la infancia: un bosquejo de educación sentimental”, en el que desde su experiencia personal, nos cuenta sobre lo que han significado para ella (y significan para los niños) esas canciones. En su caso, no solo las nanas, sino canciones de la calle, las que hacía famosas Carlitos Gardel como lo llama al zorzal criollo, y muchas otras que, desde la niñez, la acompañaron y formaron.
Cuentas y cuentos
En este ensayo nos habla de los cuentos; de su nacimiento y desarrollo de algunos de las tradicionales narraciones (Caperucita, La Cenicienta…). Busca el origen de la palabra cuento que viene del latín computare. Y dice que “adquiere un significado matemático antes de desarrollar la acepción de actividad narrativa; es decir, primero vienen las cuentas y luego los cuentos” (p.113). Tanto los números como las palabras se van escalonando y ascendiendo. En los cuentos se sucede una secuencia tras otra para cerrar el relato.
Nos habla de la narración oral y el encanto y la fuerza que adquiere en un verdadero narrador o contador de historias. Pone el ejemplo del recordado escritor jujeño que ancló en Buenos Aires, Jorge Calvetti. Y lo rescata como gran narrador oral. Dice de él: “… el prodigio primero y superior era su encanto y el misterio con que Jorge iba embargando a su audiencia a medida en que avanzaba en su historia” (p.120). Al leer esto, vino a mi memoria la anécdota que relata Hernán Benítez en el “Palique preliminar” a “Crítica literaria” de Leonardo Castellani. Allí cuenta que en un día de octubre, estando de vacaciones del seminario en las sierras de Córdoba, se desató una llovizna tenaz y una niebla que a la veintena de chiquillos les aguó el retozar en las sierras y los obligó a guarecerse en un porche. Y allí, entre ellos, joven de 21 años, estaba Castellani. Y le pidieron que les contara un cuento. Pero él, en vez de contarles un cuento policial de los que luego escribió en “Las muertes del Padre Metri” o una de sus posteriores famosas fábulas, les contó el libro “Ben-Hur”. Dice Benítez que sacaba de cada libro tres o cuatro escenas, y en ese día les contó la carrera de Ben-Hur. Y fue tan realista, con inserciones de su propia creación, que “al anochecer estábamos con los nervios como si aquella carrera la hubiéramos corrido nosotros. Y en sueños nos parecía ver todavía el pataleo de la blanca cuadriga de troncos arábigos redoblando sobre las arenas del circinado” (Crítica…, págs.26/27).
Es una muestra de la fuerza de la narración oral: en el caso de Bordelois, en la voz de J. Calvetti, en el otro, en la voz del siempre recordado Leonardo Castellani.
El libro concluye con “Pido la palabra”. La poeta y ensayista Ivonne Bordelois en esa alocución dice: “Si la palabra está bajo enemigo es porque la fuerza y el poder de la palabra son temibles, y de allí la necesidad de aniquilarla. De la palabra nacen el espíritu crítico y la inspiración creadora, de la palabra nace el juego, el poema, el canto y el amor, de la palabra nacen la memoria y el conocimiento, de la palabra nace la libertad. Y si se quiere destruir con tanto ahínco la palabra es porque se necesita una sordomudez fundamental para aceptar la inmensa cantidad de chatarra política, comercial y mental que nos rodea y nos asfixia sin cesar” (p.135).
Este es un libro para leer, reflexionar y sacar conclusiones. Es un rescate de la palabra. Y hoy, como siempre, debemos recuperar el valor sagrado de la palabra.
*Blog del autor: www.hablaelconde.blogspot.com
martes, 8 de junio de 2010
martes, 1 de junio de 2010
LOS NIVELES DE NUESTRA LENGUA
Escribe Carlos Sforza*
Asistimos a una depreciación de nuestra lengua. Hay tanto en el habla cotidiana como en los comunicadores sociales, una degradación del español hablado y escrito en la Argentina que no sólo llama la atención, sino que causa alarma por la deformación de nuestra lengua.
Nuestra Academia Porteña del Lunfardo emitió una declaración a comienzos de este año sobre los “riesgos que acechan ahora al castellano hablado en Buenos Aires”. Y es digno tener en cuenta que nuestro lema académico es: “El pueblo agranda el idioma”. Pero ese agrandar el idioma por el pueblo no significa caer en la chabacanería o en gruesos errores (u horrores) en el uso y manejo de la lengua que hablamos.
Con mucha razón Italo Calvino en una nota publicada en “Corriere della Sera” en 1978 advertía que “El uso popular es un modelo al que hay que recurrir por lo que tiene de reserva de creatividad, de imaginación, y no por lo que tiene de repertorio de términos empobrecidos”. Existe una tendencia al facilismo en el uso de la lengua que al fin no es sino un permanente nivelar hacia abajo en vez de nivelar hacia arriba. Por eso en el final de su artículo, Calvino sostenía: “Creo poco en la virtud de “hablar francamente”, porque suele significar entregarse a las costumbres más fáciles, a la pereza mental, a la debilidad de las expresiones banales. Sólo en la palabra que indica un esfuerzo por volver a pensar en las cosas, desconfiando de las expresiones comunes, se puede reconocer el arranque de un proceso liberador”.
Hay que tratar de hablar con justeza. Y la responsabilidad de los comunicadores sociales sean periodistas de medios escritos, orales o televisivos, hace que deben guardar un mínimo respeto por la palabra, no tergiversar su uso ni su sentido, no inventar vocablos a su gusto, no caer en la chabacanería ni en el menosprecio del idioma que bien rico es en expresiones y formas para que cualquier charlatán de feria pretenda modificarlo o reinventarlo.
De allí que la Declaración de la Academia Porteña del Lunfardo, con justeza afirme: “Sin negar otras causas, creemos que la pobreza idiomática tiene que ver con el tono chabacano de algunos comunicadores y con la cómoda irracionalidad que sustituye el argumento por el grito o la descalificación”. Y agrega a renglón seguido que “No parece tampoco omisible la creciente equivocidad de no pocos términos a los que se atribuyen fraudulentamente significaciones que no registran los códigos de la lengua, sino los de la mala fe”.
Es interesante e importante esta Declaración, puesto que no solamente habla en general de la caída de los niveles de lengua, sino que ejemplifica algunos casos comunes y reiterados de ese bajón. Así nos ilustra con la desaparición del usted “reemplazado por un checheo confianzudo”. Habla de la pauperización del habla porteña que se ha “manifestado en el eclipse del relativo cuyo y del adverbio tampoco, en el ninguneo del subjuntivo, modo verbal que cede terreno al condicional (si yo sería por si yo fuera), en el desconocimiento de la coordinación de los tiempos (me dijo que vaya el día siguiente por me dijo que fuera el día siguiente) y en la confusión de los géneros (ese acta, esa área, ese agua)”.
El lector podrá, sin dudas, agregar otros suculentos ejemplos de la caída de los niveles de nuestra lengua ya que diariamente leemos y escuchamos esa pauperización horrible que nos baja el nivel constantemente.
Aclara nuestra Academia que los extranjerismos no empobrecen nuestra habla sino que por el contrario, la enriquecen y expresa que tal es el caso de “los extranjerismos usuales en la lengua castellana desde los años que ésta incorporó bellísimas voces arábigas, ni las creaciones léxicas de los sectores marginales, que la Real Academia Española viene acogiendo en su diccionario desde la primera edición (1726)”.
Es importante pues, tener en cuenta esta Declaración y, siempre, aplicar el sentido común en el uso de la lengua. De allí que hay que estar atentos a que nuestro léxico no se pauperice sino que sea “abierto, dinámico, unívoco, rico, limpio, sujeto tan sólo al orden mental y al buen gusto”.
Por otra parte, hay una decadencia “que supone el estilo ético de quienes profesan que se puede decir cualquier cosa de cualquier modo” a la vez que, como dice claramente la
Declaración comentada, hay que rechazar toda injerencia autoritaria en este y otros asuntos. En una palabra, hay que ejercer la libertad pero con responsabilidad. Y en el caso del habla, esa responsabilidad consiste en no pauperizar el idioma y en tratar, siempre, de nivelar para arriba.
Escribe Carlos Sforza*
Asistimos a una depreciación de nuestra lengua. Hay tanto en el habla cotidiana como en los comunicadores sociales, una degradación del español hablado y escrito en la Argentina que no sólo llama la atención, sino que causa alarma por la deformación de nuestra lengua.
Nuestra Academia Porteña del Lunfardo emitió una declaración a comienzos de este año sobre los “riesgos que acechan ahora al castellano hablado en Buenos Aires”. Y es digno tener en cuenta que nuestro lema académico es: “El pueblo agranda el idioma”. Pero ese agrandar el idioma por el pueblo no significa caer en la chabacanería o en gruesos errores (u horrores) en el uso y manejo de la lengua que hablamos.
Con mucha razón Italo Calvino en una nota publicada en “Corriere della Sera” en 1978 advertía que “El uso popular es un modelo al que hay que recurrir por lo que tiene de reserva de creatividad, de imaginación, y no por lo que tiene de repertorio de términos empobrecidos”. Existe una tendencia al facilismo en el uso de la lengua que al fin no es sino un permanente nivelar hacia abajo en vez de nivelar hacia arriba. Por eso en el final de su artículo, Calvino sostenía: “Creo poco en la virtud de “hablar francamente”, porque suele significar entregarse a las costumbres más fáciles, a la pereza mental, a la debilidad de las expresiones banales. Sólo en la palabra que indica un esfuerzo por volver a pensar en las cosas, desconfiando de las expresiones comunes, se puede reconocer el arranque de un proceso liberador”.
Hay que tratar de hablar con justeza. Y la responsabilidad de los comunicadores sociales sean periodistas de medios escritos, orales o televisivos, hace que deben guardar un mínimo respeto por la palabra, no tergiversar su uso ni su sentido, no inventar vocablos a su gusto, no caer en la chabacanería ni en el menosprecio del idioma que bien rico es en expresiones y formas para que cualquier charlatán de feria pretenda modificarlo o reinventarlo.
De allí que la Declaración de la Academia Porteña del Lunfardo, con justeza afirme: “Sin negar otras causas, creemos que la pobreza idiomática tiene que ver con el tono chabacano de algunos comunicadores y con la cómoda irracionalidad que sustituye el argumento por el grito o la descalificación”. Y agrega a renglón seguido que “No parece tampoco omisible la creciente equivocidad de no pocos términos a los que se atribuyen fraudulentamente significaciones que no registran los códigos de la lengua, sino los de la mala fe”.
Es interesante e importante esta Declaración, puesto que no solamente habla en general de la caída de los niveles de lengua, sino que ejemplifica algunos casos comunes y reiterados de ese bajón. Así nos ilustra con la desaparición del usted “reemplazado por un checheo confianzudo”. Habla de la pauperización del habla porteña que se ha “manifestado en el eclipse del relativo cuyo y del adverbio tampoco, en el ninguneo del subjuntivo, modo verbal que cede terreno al condicional (si yo sería por si yo fuera), en el desconocimiento de la coordinación de los tiempos (me dijo que vaya el día siguiente por me dijo que fuera el día siguiente) y en la confusión de los géneros (ese acta, esa área, ese agua)”.
El lector podrá, sin dudas, agregar otros suculentos ejemplos de la caída de los niveles de nuestra lengua ya que diariamente leemos y escuchamos esa pauperización horrible que nos baja el nivel constantemente.
Aclara nuestra Academia que los extranjerismos no empobrecen nuestra habla sino que por el contrario, la enriquecen y expresa que tal es el caso de “los extranjerismos usuales en la lengua castellana desde los años que ésta incorporó bellísimas voces arábigas, ni las creaciones léxicas de los sectores marginales, que la Real Academia Española viene acogiendo en su diccionario desde la primera edición (1726)”.
Es importante pues, tener en cuenta esta Declaración y, siempre, aplicar el sentido común en el uso de la lengua. De allí que hay que estar atentos a que nuestro léxico no se pauperice sino que sea “abierto, dinámico, unívoco, rico, limpio, sujeto tan sólo al orden mental y al buen gusto”.
Por otra parte, hay una decadencia “que supone el estilo ético de quienes profesan que se puede decir cualquier cosa de cualquier modo” a la vez que, como dice claramente la
Declaración comentada, hay que rechazar toda injerencia autoritaria en este y otros asuntos. En una palabra, hay que ejercer la libertad pero con responsabilidad. Y en el caso del habla, esa responsabilidad consiste en no pauperizar el idioma y en tratar, siempre, de nivelar para arriba.
sábado, 29 de mayo de 2010
VOCES PÓETICAS EN DOS CENTURIAS DE VICTORIA
Escribe Carlos Sforza*
Victoria se ha nutrido desde el siglo XIX de muchas voces poéticas. Y al hablar de voces poéticas me refiero a la poesía como lo fue en sus comienzos, antes que se hubiera divido en dos para llamar poesía a lo escrito en verso, y prosa (novela, cuento, relato, fábula…) a lo que no es verso.
Siempre recuerdo las palabras de Jorge Luis Borges en su tercera conferencia dictada en Harvard cuando decía que “(…) es una lástima que la palabra poeta haya sido dividida en dos” y agregaba “(…) los antiguos, cuando hablaban de un poeta –un hacedor-, no lo consideraban únicamente como el emisor de esas elevadas notas líricas, sino también como narrador de historias” (ARTE POÉTICA, p. 61). Es que como entonces, hoy debemos unificar el término sin distinción. Esas historias, sostenía entonces Borges, son “(…) en las que podíamos encontrar todas las voces de la humanidad: no sólo en lo lírico, lo meditativo, la melancolía, sino también las voces del coraje y la esperanza” (pp.61/62). De allí deduce el nacimiento de la épica y de ésta, su forma moderna, la novela.
Por eso desde el título hablo de las voces poéticas de Victoria. Para hacer una referencia a ellas, sin una enumeración cronológica que resultaría tediosa, sino marcando algunas características que no sólo encontramos en esa palabra escrita por los victorienses nativos o por adopción, sino en casi toda la literatura entrerriana.
César Blas Pérez Colman dice en su Historia de Entre Ríos, hace una observación sobre la gravitación esencial, la influencia en suma, que el paisaje ha tenido en el hombre de nuestra provincia y que, por ende, se refleja en su expresión creadora. Es decir, cómo el paisaje entrerriano influye en los que, en el caso de la literatura, escribimos.
Esa gravitación responde a tres elementos principales de la geografía provinciana: 1) Los grandes ríos circundantes (Paraná y Uruguay), 2) Las cadenas de colinas (en el centro de la provincia, en nuestra propia zona de Victoria), 3) la red fluvial interior (el Gualeguay, el Nogoyá, y los mil cursos de agua que como venas abiertas, irrigan la tierra. A ellos les agregamos dos elementos más: 1) La gran selva de Montiel y 2) el Delta del Paraná. Eso, sin dudas, hizo decir al ensayista, poeta y cuentista de Concepción del Uruguay, César Héctor Izaguirre que “la nostalgia de la tierra es un estado normal de los poetas”.
Existe un sentimiento del paisaje que es vital y unívoco, en tanto penetra los sentidos e influye en el espíritu. Históricamente esta manera de vivir el paisaje ha ido evolucionando en los escritores. Hoy el paisaje ha sido asimilado definitivamente por la literatura como verdadero valor afectivo.
LAS VOCES VICTORIENSES
Nuestras voces, las de mi lar nativo y mi propia voz, no somos ajenos al influjo del paisaje. Las ubérrimas tierras del departamento, los verdes de los campos y de las colinas, el riacho y las lagunas, los mil brazos que se desprende y surcan a su antojo las extensas islas, todo hace que sintamos el paisaje como algo vital, del que no podemos prescindir. El mismo ajetreo urbano, las subidas y bajadas de nuestras calles, hacen que estemos inmersos en un paisaje multifacético al que no podemos eludir.
Lo constatamos en un repaso de las voces que arrancan del siglo pasado y llegan hasta nuestros días. En la primera novela escrita y publicada en Victoria en 1898, “Viuda y Virgen”, del militar, periodista y escritor oriental radicado en nuestra ciudad, Pablo Díaz, hay una presencia del paisaje en las descripciones que hace tanto del río, como de las costas barrancosas y el mundo arbóreo que virgen entonces, entra por los sentidos y se aposenta en el espíritu. En la lectura de escritores y poetas de fines del siglo XIX y comienzos del XX, recogidos en revistas y periódicos de la época (como la siempre recordada “Vida Victoriense”), aparece en los escritos poéticos el paisaje como una impronta que va de la mano del escritor.
El siglo pasado nos muestra ese paisaje en la mayoría de los escritores victorienses. Desde los paisajes isleños de “El País de los Chajás” de Martín del Pospós, a los que rescata Gaspar L. Benavente en sus poemarios como también lo hace Marcelino Román. Lo encontramos en Rosa María Sobrón, en María del Carmen Murature de Badaracco, en Argentino Cejas para nombrar algunos pocos. Lo cual no quiere decir en absoluto que esté ausente de las voces victorienses, el hombre. Ese ser, del género que fuere, que es el que puebla y da vida al paisaje. En mis narraciones (novelas y cuentos) aparece el paisaje. Y aparece el hombre, con su pathos, ubicado y viviendo ese paisaje. Es que como muchos han dicho, el paisaje en algunos es un verdadero estado de ánimo. Y la literatura entrerriana y concretamente, la nuestra, lo expresa en sus obras.
Las nuevas generaciones de escritores también manifiestan en sus creaciones esa presencia del paisaje de las colinas, los verdes y el río.
Todo eso hace que nuestras voces transmitan en sus obras las características propias en cuanto a los elementos externos y estáticos. Pero como he escrito en otro lugar, la literatura dice de la condición humana y de su condición en el universo. Y así, cuando es una creación de arte literario, trasciende las características del paisaje sin dejar de estar en él, y expresa un modo de ser, un estilo de vida, una idiosincrasia.
Todo ello hace que esas voces auténticas, llenas de un paisaje insoslayable, con la presencia de lo humano habitándolo, transformando ese mismo paisaje, al ser victorienses, y reflejar el espíritu del lugar, no hacen sino trascenderlo e insertar sus propias voces en las voces de otros lugares que, a la postre cada una con su estilo, su personalidad, no hacen sino sumar en la gran voz de la literatura que desde cada aldea, retrata el mundo.
Escribe Carlos Sforza*
Victoria se ha nutrido desde el siglo XIX de muchas voces poéticas. Y al hablar de voces poéticas me refiero a la poesía como lo fue en sus comienzos, antes que se hubiera divido en dos para llamar poesía a lo escrito en verso, y prosa (novela, cuento, relato, fábula…) a lo que no es verso.
Siempre recuerdo las palabras de Jorge Luis Borges en su tercera conferencia dictada en Harvard cuando decía que “(…) es una lástima que la palabra poeta haya sido dividida en dos” y agregaba “(…) los antiguos, cuando hablaban de un poeta –un hacedor-, no lo consideraban únicamente como el emisor de esas elevadas notas líricas, sino también como narrador de historias” (ARTE POÉTICA, p. 61). Es que como entonces, hoy debemos unificar el término sin distinción. Esas historias, sostenía entonces Borges, son “(…) en las que podíamos encontrar todas las voces de la humanidad: no sólo en lo lírico, lo meditativo, la melancolía, sino también las voces del coraje y la esperanza” (pp.61/62). De allí deduce el nacimiento de la épica y de ésta, su forma moderna, la novela.
Por eso desde el título hablo de las voces poéticas de Victoria. Para hacer una referencia a ellas, sin una enumeración cronológica que resultaría tediosa, sino marcando algunas características que no sólo encontramos en esa palabra escrita por los victorienses nativos o por adopción, sino en casi toda la literatura entrerriana.
César Blas Pérez Colman dice en su Historia de Entre Ríos, hace una observación sobre la gravitación esencial, la influencia en suma, que el paisaje ha tenido en el hombre de nuestra provincia y que, por ende, se refleja en su expresión creadora. Es decir, cómo el paisaje entrerriano influye en los que, en el caso de la literatura, escribimos.
Esa gravitación responde a tres elementos principales de la geografía provinciana: 1) Los grandes ríos circundantes (Paraná y Uruguay), 2) Las cadenas de colinas (en el centro de la provincia, en nuestra propia zona de Victoria), 3) la red fluvial interior (el Gualeguay, el Nogoyá, y los mil cursos de agua que como venas abiertas, irrigan la tierra. A ellos les agregamos dos elementos más: 1) La gran selva de Montiel y 2) el Delta del Paraná. Eso, sin dudas, hizo decir al ensayista, poeta y cuentista de Concepción del Uruguay, César Héctor Izaguirre que “la nostalgia de la tierra es un estado normal de los poetas”.
Existe un sentimiento del paisaje que es vital y unívoco, en tanto penetra los sentidos e influye en el espíritu. Históricamente esta manera de vivir el paisaje ha ido evolucionando en los escritores. Hoy el paisaje ha sido asimilado definitivamente por la literatura como verdadero valor afectivo.
LAS VOCES VICTORIENSES
Nuestras voces, las de mi lar nativo y mi propia voz, no somos ajenos al influjo del paisaje. Las ubérrimas tierras del departamento, los verdes de los campos y de las colinas, el riacho y las lagunas, los mil brazos que se desprende y surcan a su antojo las extensas islas, todo hace que sintamos el paisaje como algo vital, del que no podemos prescindir. El mismo ajetreo urbano, las subidas y bajadas de nuestras calles, hacen que estemos inmersos en un paisaje multifacético al que no podemos eludir.
Lo constatamos en un repaso de las voces que arrancan del siglo pasado y llegan hasta nuestros días. En la primera novela escrita y publicada en Victoria en 1898, “Viuda y Virgen”, del militar, periodista y escritor oriental radicado en nuestra ciudad, Pablo Díaz, hay una presencia del paisaje en las descripciones que hace tanto del río, como de las costas barrancosas y el mundo arbóreo que virgen entonces, entra por los sentidos y se aposenta en el espíritu. En la lectura de escritores y poetas de fines del siglo XIX y comienzos del XX, recogidos en revistas y periódicos de la época (como la siempre recordada “Vida Victoriense”), aparece en los escritos poéticos el paisaje como una impronta que va de la mano del escritor.
El siglo pasado nos muestra ese paisaje en la mayoría de los escritores victorienses. Desde los paisajes isleños de “El País de los Chajás” de Martín del Pospós, a los que rescata Gaspar L. Benavente en sus poemarios como también lo hace Marcelino Román. Lo encontramos en Rosa María Sobrón, en María del Carmen Murature de Badaracco, en Argentino Cejas para nombrar algunos pocos. Lo cual no quiere decir en absoluto que esté ausente de las voces victorienses, el hombre. Ese ser, del género que fuere, que es el que puebla y da vida al paisaje. En mis narraciones (novelas y cuentos) aparece el paisaje. Y aparece el hombre, con su pathos, ubicado y viviendo ese paisaje. Es que como muchos han dicho, el paisaje en algunos es un verdadero estado de ánimo. Y la literatura entrerriana y concretamente, la nuestra, lo expresa en sus obras.
Las nuevas generaciones de escritores también manifiestan en sus creaciones esa presencia del paisaje de las colinas, los verdes y el río.
Todo eso hace que nuestras voces transmitan en sus obras las características propias en cuanto a los elementos externos y estáticos. Pero como he escrito en otro lugar, la literatura dice de la condición humana y de su condición en el universo. Y así, cuando es una creación de arte literario, trasciende las características del paisaje sin dejar de estar en él, y expresa un modo de ser, un estilo de vida, una idiosincrasia.
Todo ello hace que esas voces auténticas, llenas de un paisaje insoslayable, con la presencia de lo humano habitándolo, transformando ese mismo paisaje, al ser victorienses, y reflejar el espíritu del lugar, no hacen sino trascenderlo e insertar sus propias voces en las voces de otros lugares que, a la postre cada una con su estilo, su personalidad, no hacen sino sumar en la gran voz de la literatura que desde cada aldea, retrata el mundo.
martes, 25 de mayo de 2010
EN EL BICENTENARIO
Los comienzos de la Patria, como unión de voluntades y deseos firmes de que el pueblo sea unido, comenzó fácticamente el 25 de mayo de 1810. Es decir, hace 200 años
en Buenos Aires se unía un grupo de hombres que deseaban ser oídos y de esa manera, daban comienzo a lo que sería el 9 de julio de 1816 cuando en Tucumán se declaró la independencia argentina.
Mariano Moreno escribió en Gazeta de Buenos- Ayres el 7 de junio de 1810: “Nada se presenta más magnífico a la consideración del hombre filósofo, que el espectáculo de un pueblo que elige, sin tumultos, personas que merecen su confianza y a quienes encarga el cuidado de su gobierno”.
Sentaba, a través de su pensamiento, el pensamiento de los patriotas que juraron al asumir la Junta Provisoria y que en su base está el pensamiento de una democracia representativa nacida de la vluntad popular.
Desde entonces la Patria pasó por momentos de crecimiento, con otros momentos de decaimiento. Transitó vericuetos difíciles; luchas fratricidas; sentimientos encontrados en facciones irreconciliables. También, en los comienzos del siglo XX vivió una etapa de euforia y esperanzas para el futuro. Hubo conquistas importantes en lo cívico y social y se trató de afirmar la república.
También comenzaron los sacudones al sistema republicano federal establecido por la Constitución Nacional. Hubo represiones, golpes de estado, efervescencia política. El constitucionalismo social se afirmó en muchos aspectos. También se cercenaron derechos de las provincias y hubo un direccionamiento hacia un país cada vez más unitario en detrimento del federalismo que aprobaron las provincias unidas cuando se convirtieron en la República Argentina.
Todo eso y mucho más, vivió el país desde mayo de hace 200 años hasta hoy. Es la enseñanza del pasado que no debemos despreciar. Pero a la vez, debe ser el acicate para que hoy miremos lo que tenemos en el presente y, como los hombres de mayo, reflexionemos sobre la República del futuro.
En estos momentos en que festejamos el bicentenario, pensemos que debemos estar, como los patriotas de mayo, unidos pese a las diferencias de pensamientos. No, al pensamiento único; sí, a la libertad de pensar pero siempre, buscando la verdad y en comunión de ideales por una Patria grande, trabajar unidos sin apetencias personales ni odios o rencores. En la diversidad del pensamiento está la posibilidad de mejorar las instituciones. El país en suma. No en vano, Mariano Moreno escribió en La Gazeta el 21 de junio de 1810 que “la verdad, como la virtud, tienen en sí mismas su más incontestable apología; a fuerza de discutirlas y ventilarlas aparecen en todo su esplendor y brillo; si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia; y el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento, hará la divisa de los pueblos, y causarán para siempre su abatimiento, su ruina y su miseria”.
Con ese espíritu de libertad y esperanza en alcanzar la verdad, marchemos unidos que es lo que nos demandan doscientos años de historia.
Los comienzos de la Patria, como unión de voluntades y deseos firmes de que el pueblo sea unido, comenzó fácticamente el 25 de mayo de 1810. Es decir, hace 200 años
en Buenos Aires se unía un grupo de hombres que deseaban ser oídos y de esa manera, daban comienzo a lo que sería el 9 de julio de 1816 cuando en Tucumán se declaró la independencia argentina.
Mariano Moreno escribió en Gazeta de Buenos- Ayres el 7 de junio de 1810: “Nada se presenta más magnífico a la consideración del hombre filósofo, que el espectáculo de un pueblo que elige, sin tumultos, personas que merecen su confianza y a quienes encarga el cuidado de su gobierno”.
Sentaba, a través de su pensamiento, el pensamiento de los patriotas que juraron al asumir la Junta Provisoria y que en su base está el pensamiento de una democracia representativa nacida de la vluntad popular.
Desde entonces la Patria pasó por momentos de crecimiento, con otros momentos de decaimiento. Transitó vericuetos difíciles; luchas fratricidas; sentimientos encontrados en facciones irreconciliables. También, en los comienzos del siglo XX vivió una etapa de euforia y esperanzas para el futuro. Hubo conquistas importantes en lo cívico y social y se trató de afirmar la república.
También comenzaron los sacudones al sistema republicano federal establecido por la Constitución Nacional. Hubo represiones, golpes de estado, efervescencia política. El constitucionalismo social se afirmó en muchos aspectos. También se cercenaron derechos de las provincias y hubo un direccionamiento hacia un país cada vez más unitario en detrimento del federalismo que aprobaron las provincias unidas cuando se convirtieron en la República Argentina.
Todo eso y mucho más, vivió el país desde mayo de hace 200 años hasta hoy. Es la enseñanza del pasado que no debemos despreciar. Pero a la vez, debe ser el acicate para que hoy miremos lo que tenemos en el presente y, como los hombres de mayo, reflexionemos sobre la República del futuro.
En estos momentos en que festejamos el bicentenario, pensemos que debemos estar, como los patriotas de mayo, unidos pese a las diferencias de pensamientos. No, al pensamiento único; sí, a la libertad de pensar pero siempre, buscando la verdad y en comunión de ideales por una Patria grande, trabajar unidos sin apetencias personales ni odios o rencores. En la diversidad del pensamiento está la posibilidad de mejorar las instituciones. El país en suma. No en vano, Mariano Moreno escribió en La Gazeta el 21 de junio de 1810 que “la verdad, como la virtud, tienen en sí mismas su más incontestable apología; a fuerza de discutirlas y ventilarlas aparecen en todo su esplendor y brillo; si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia; y el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento, hará la divisa de los pueblos, y causarán para siempre su abatimiento, su ruina y su miseria”.
Con ese espíritu de libertad y esperanza en alcanzar la verdad, marchemos unidos que es lo que nos demandan doscientos años de historia.
jueves, 20 de mayo de 2010
UNA POETA VANGUARDISTA
Escribe Carlos Sforza*
En varias ocasiones me he ocupado de la poesía de Betty Medina Cabral. Y desde que la conocí y comencé a leer su poesía prodigada en numerosos libros, he seguido su trayectoria inclaudicable en cuanto a lo que escribe y cómo lo escribe.
La poesía de esta valiosa poeta riocuartense, se inscribe dentro de lo que podríamos denominar poesía erótica. Y ella, que sabe lo que quiere expresar, no confunde ni traspasa los límites entre lo que es erótico, propio del dios Eros, y lo que es pornográfico. Sabemos y comprobamos que muchas veces esos límites se traspasan y se presenta poesía directamente pornográfica, chabacana las más de las veces, como si fuera poesía erótica.
Betty Medina Cabral transita por lo erótico y lo hace dignamente. Y, a la vez, dentro de su escritura de vanguardia, rompe con los cánones de los versos clásicos o semiclásicos, incluso con las formas habituales del verso blanco, se aparta de lo académico y se embarca en la aventura de crear una forma expresiva propia, indudablemente intransferible.
Así crea neologismos y construye el discurso poético de tal forma que, en buena medida, arrasa con las estructuras académicas. La poeta nacida y residente en Río Cuarto (Córdoba) ha publicado un nuevo libro de poemas que recientemente llegó a mis manos. Se trata de AMOROSITA (Colección Betty Medina Cabral, con dibujos de Carlos Terribili, impreso en los talleres de la Universidadv Nacional de Río Cuarto, junio de 2008, 224 páginas).
En este poemario encuentro que la poeta en lo formal, en cómo dice lo que dice, continúa la senda de libros anteriores. Encontramos la unión de palabras, la eliminación de artículos, el uso desnudo de sustantivos, la utilización en una enumeración a veces extensa de adjetivos, la misma disposición tipográfica de muchos versos, algo que no es usual en la poesía y que puede causar cierto resquemor en alguien acostumbrado al verso llano, a las formas rimadas, o también a una poesía almibarada. Es cierto que hay otros poetas que han avanzado con estructuras no convencionales. Y han creado buena poesía. En el caso de Betty Medina Cabral encuentro que toda su poesía es un ensamble de diversos recursos sintácticos y tipográficos que están al servicio de su poética. Y esa es en Betty una actitud natural, necesaria, diría: vital.
AMOROSITA nos muestra en su contenido el avance de una actitud desprejuiciada, existencial, que transita por diversos planos geográficos: desde México a La Rioja, a Grecia, a Venecia, a Buenos Aires. Con encuentros reales o imaginados con diversas personas. Es una poesía itinerante que nos transporta de experiencia en experiencia, con los colores clásicos en la poesía de Medina Cabral: el amarillo, los lilas… Y que a la vez, es un periplo no sólo visceral de la mujer, de la auténtica hembra me atrevo a decir, sino también de la propia poesía. Que es, a la postre lo que la autora nos está entregando paso a paso.
El crítico uruguayo Pablo Troise habló en uno de sus libros en los que estudia la poesía de Betty Medina Cabral que hay una unidad en su oficio de literario y en su oficio de vivir. El oficio literario de la riocuartense es la expresión de su oficio de vivir. He dicho en otro comentario que la poesía de Betty, innovadora en la forma, estructura, sintaxis y temática, no es sino la expresión vital de ella. Diría pues, que ella, la poeta es su poesía. Hay en cada verso sangre de la poeta. Ella sabe lo que es, sabe lo que quiere, sabe que sin la poesía es imposible vivir, y pone no sólo su alma sino todo su cuerpo, su ser en suma, en expresar esa existencia que es un modo de desnudarse ante los que acceden a sus versos.
AMOROSITA nos entrega ese periplo interminable que la poeta realiza a través de la poesía. Su poesía, que puede caracterizarse como un torrente incontenible de palabras que se unen a veces casi arbitrariamente dentro de una estructura lírica que es innovadora, colocan a la poeta como una de las esenciales creadoras de una auténtica vanguardia lírica dentro de la lengua española.
La poesía logra, y lo ha confesado en alguna entrevista la autora, que Betty Medina Cabral consiga superar la mezquina realidad ya que gracias a la escritura puede ingresar en un mundo irreal y así salvarse de aquella mezquindad y orfandad de todos los días. Pero ese mundo irreal de Betty Medina Cabral, lo es en cuanto es una forma de expresarse, ya que por otra parte, se nutre de una realidad profunda, enraizada en el propio ser, como que es una auténtica poesía existencial. Que a esta altura y ante tantos verseadores inconsistentes y banales, trae un halo de aire puro desde la poesía de vanguardia.
*Blog del autor: www.hablaelconde.blogspot.com
Escribe Carlos Sforza*
En varias ocasiones me he ocupado de la poesía de Betty Medina Cabral. Y desde que la conocí y comencé a leer su poesía prodigada en numerosos libros, he seguido su trayectoria inclaudicable en cuanto a lo que escribe y cómo lo escribe.
La poesía de esta valiosa poeta riocuartense, se inscribe dentro de lo que podríamos denominar poesía erótica. Y ella, que sabe lo que quiere expresar, no confunde ni traspasa los límites entre lo que es erótico, propio del dios Eros, y lo que es pornográfico. Sabemos y comprobamos que muchas veces esos límites se traspasan y se presenta poesía directamente pornográfica, chabacana las más de las veces, como si fuera poesía erótica.
Betty Medina Cabral transita por lo erótico y lo hace dignamente. Y, a la vez, dentro de su escritura de vanguardia, rompe con los cánones de los versos clásicos o semiclásicos, incluso con las formas habituales del verso blanco, se aparta de lo académico y se embarca en la aventura de crear una forma expresiva propia, indudablemente intransferible.
Así crea neologismos y construye el discurso poético de tal forma que, en buena medida, arrasa con las estructuras académicas. La poeta nacida y residente en Río Cuarto (Córdoba) ha publicado un nuevo libro de poemas que recientemente llegó a mis manos. Se trata de AMOROSITA (Colección Betty Medina Cabral, con dibujos de Carlos Terribili, impreso en los talleres de la Universidadv Nacional de Río Cuarto, junio de 2008, 224 páginas).
En este poemario encuentro que la poeta en lo formal, en cómo dice lo que dice, continúa la senda de libros anteriores. Encontramos la unión de palabras, la eliminación de artículos, el uso desnudo de sustantivos, la utilización en una enumeración a veces extensa de adjetivos, la misma disposición tipográfica de muchos versos, algo que no es usual en la poesía y que puede causar cierto resquemor en alguien acostumbrado al verso llano, a las formas rimadas, o también a una poesía almibarada. Es cierto que hay otros poetas que han avanzado con estructuras no convencionales. Y han creado buena poesía. En el caso de Betty Medina Cabral encuentro que toda su poesía es un ensamble de diversos recursos sintácticos y tipográficos que están al servicio de su poética. Y esa es en Betty una actitud natural, necesaria, diría: vital.
AMOROSITA nos muestra en su contenido el avance de una actitud desprejuiciada, existencial, que transita por diversos planos geográficos: desde México a La Rioja, a Grecia, a Venecia, a Buenos Aires. Con encuentros reales o imaginados con diversas personas. Es una poesía itinerante que nos transporta de experiencia en experiencia, con los colores clásicos en la poesía de Medina Cabral: el amarillo, los lilas… Y que a la vez, es un periplo no sólo visceral de la mujer, de la auténtica hembra me atrevo a decir, sino también de la propia poesía. Que es, a la postre lo que la autora nos está entregando paso a paso.
El crítico uruguayo Pablo Troise habló en uno de sus libros en los que estudia la poesía de Betty Medina Cabral que hay una unidad en su oficio de literario y en su oficio de vivir. El oficio literario de la riocuartense es la expresión de su oficio de vivir. He dicho en otro comentario que la poesía de Betty, innovadora en la forma, estructura, sintaxis y temática, no es sino la expresión vital de ella. Diría pues, que ella, la poeta es su poesía. Hay en cada verso sangre de la poeta. Ella sabe lo que es, sabe lo que quiere, sabe que sin la poesía es imposible vivir, y pone no sólo su alma sino todo su cuerpo, su ser en suma, en expresar esa existencia que es un modo de desnudarse ante los que acceden a sus versos.
AMOROSITA nos entrega ese periplo interminable que la poeta realiza a través de la poesía. Su poesía, que puede caracterizarse como un torrente incontenible de palabras que se unen a veces casi arbitrariamente dentro de una estructura lírica que es innovadora, colocan a la poeta como una de las esenciales creadoras de una auténtica vanguardia lírica dentro de la lengua española.
La poesía logra, y lo ha confesado en alguna entrevista la autora, que Betty Medina Cabral consiga superar la mezquina realidad ya que gracias a la escritura puede ingresar en un mundo irreal y así salvarse de aquella mezquindad y orfandad de todos los días. Pero ese mundo irreal de Betty Medina Cabral, lo es en cuanto es una forma de expresarse, ya que por otra parte, se nutre de una realidad profunda, enraizada en el propio ser, como que es una auténtica poesía existencial. Que a esta altura y ante tantos verseadores inconsistentes y banales, trae un halo de aire puro desde la poesía de vanguardia.
*Blog del autor: www.hablaelconde.blogspot.com
lunes, 17 de mayo de 2010
Breve curriculum
CARLOS SFORZA
Nació en Victoria donde reside. Ha publicado novelas, cuentos, ensayos e historia. Es miembro Correspondiente de la Academia Porteña del Lunfardo. Obtuvo el Premio Literario “Fray Mocho” en ensayo, la Faja de Honor de la SADE en dos ocasiones: en cuento y ensayo, la Faja Nacional de Honor de la Asociación Argentina de Escritores en dos oportunidades también en cuento y ensayo, Primer Premio de la Secretaría de Cultura de la Nación, Primer Premio al mejor libro édito de cuentos de la Subsecretaría de Cultura de Entre Ríos, Premio al Mérito Artístico de la Provincia de Entre Ríos, Premio Nacional “Santa Clara de Asís” de la Liga de Madres de Familia, por su trayectoria literaria y periodística, Primer Premio Internacional de Cuentos por “Muerto sin dueño”. En 2005 fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Victoria. Su obra fue declarada de “Interés Cultural” como “cabal intérprete de la identidad y tradición literaria de la cultura entrerriana”, por Resolución de la Cámara de Diputados de la Nación del 12 de junio de 2002. Desde 1950 ha trabajado en el periodismo y colabora en diversos diarios del país. Actualmente es el Director del diario “La Mañana” de Victoria (E.R.). Su último libro publicado es “Los cuentos del Ástrólogo”. Blog del autor: www.hablaelconde.blogspot.com
Nació en Victoria donde reside. Ha publicado novelas, cuentos, ensayos e historia. Es miembro Correspondiente de la Academia Porteña del Lunfardo. Obtuvo el Premio Literario “Fray Mocho” en ensayo, la Faja de Honor de la SADE en dos ocasiones: en cuento y ensayo, la Faja Nacional de Honor de la Asociación Argentina de Escritores en dos oportunidades también en cuento y ensayo, Primer Premio de la Secretaría de Cultura de la Nación, Primer Premio al mejor libro édito de cuentos de la Subsecretaría de Cultura de Entre Ríos, Premio al Mérito Artístico de la Provincia de Entre Ríos, Premio Nacional “Santa Clara de Asís” de la Liga de Madres de Familia, por su trayectoria literaria y periodística, Primer Premio Internacional de Cuentos por “Muerto sin dueño”. En 2005 fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Victoria. Su obra fue declarada de “Interés Cultural” como “cabal intérprete de la identidad y tradición literaria de la cultura entrerriana”, por Resolución de la Cámara de Diputados de la Nación del 12 de junio de 2002. Desde 1950 ha trabajado en el periodismo y colabora en diversos diarios del país. Actualmente es el Director del diario “La Mañana” de Victoria (E.R.). Su último libro publicado es “Los cuentos del Ástrólogo”. Blog del autor: www.hablaelconde.blogspot.com
lunes, 3 de mayo de 2010
ENCUENTRO DE ARTE 2010
Los días 30 de abril y 1 de mayo, se realizó en el Hotel SOL VICTORIA de Victoria (Entre Ríos), este evento cultural internacional, donde estuvieron presentes las diversas manifestaciones del arte: plástica, literatura, música, danza y que reunió a una gran cantidad de artistas de diversos puntos del país y del extranjero.
Obviamente la participación de los victorienses fue numerosa y valiosa. A mí me tocó hablar el primer día sobre el tema "El pacto ficcional". Luego, el sábado, acompañé a la escritora Leticia Manauta que vino desde Buenos Aires por sí misma y en representación de su padre, el reconocido narrador y poeta Juan José Manauta. Con Leticia hicimos un diálogo improvisado sobre la obra del autor de "Tierras blancas" y ella leyó un cuento de su padre, perteneciente al libro "Colinas de octubre" que obtuviera el Premio Literario "Fray Mocho".
Hubo danzas a cargo del Ballet Juvenil que dirige Ma.del H. Pedemonte de Rourich, música a través de las interpretaciones de la Banda Municipal "Sebastián Ingrao", de Genny y su conjunto y del saxo de Gervasio Villa. La parte de exposición de artes plásticas fue variada y de calidad, tanto en pintura, escultura y otras manifestaciones.
En el cierre del encuentro se entregaron premios de plástica pues había un concurso, y la victoriense Beatriz Guaita obtuvo el primer premio en pintura. Hubo, al final, un reconocimiento a tres plásticos y dos escritores, por su labor y trayectoria, entregándose en la ocasión sendas plaquetas. Fueron galardonados en escultura la victoriense Imelda Banchero de Luque, la nogoyaense Anahí Villanueva y un escultor brasilero reconocido internacionalmente. En literatura se distinguió a Juan José Manauta y yo recibí la otra distinción. Para los amigos del blog transcribo el texto de mi plaqueta: "SOL VICTORIA Hotel & Casino- Reconocimiento como Miembro Honorable del Encuentro de Arte 2010 Al señor Carlos Sforza Por su distinguida trayectoria en las letras argentinas".
Fueron dos días ajetreados pero fructíferos. Y en mi caso, con la sorpresa de haber recibido esa distinción en un encuentro de arte internacional como el realizado y que tuvo como Comisión Organizadora a los siguientes artistas: Coordinador Artístico: Mario Francisco Oviedo (escultor), Escritora y poeta: Angélica Antúnez Salerno, Secretario de Cultura del Senado de la Nación: Lautaro Dorés, Director Asoc. Artistas Plásticos Gualeguaychú: Mirta Araujo.
Obviamente la participación de los victorienses fue numerosa y valiosa. A mí me tocó hablar el primer día sobre el tema "El pacto ficcional". Luego, el sábado, acompañé a la escritora Leticia Manauta que vino desde Buenos Aires por sí misma y en representación de su padre, el reconocido narrador y poeta Juan José Manauta. Con Leticia hicimos un diálogo improvisado sobre la obra del autor de "Tierras blancas" y ella leyó un cuento de su padre, perteneciente al libro "Colinas de octubre" que obtuviera el Premio Literario "Fray Mocho".
Hubo danzas a cargo del Ballet Juvenil que dirige Ma.del H. Pedemonte de Rourich, música a través de las interpretaciones de la Banda Municipal "Sebastián Ingrao", de Genny y su conjunto y del saxo de Gervasio Villa. La parte de exposición de artes plásticas fue variada y de calidad, tanto en pintura, escultura y otras manifestaciones.
En el cierre del encuentro se entregaron premios de plástica pues había un concurso, y la victoriense Beatriz Guaita obtuvo el primer premio en pintura. Hubo, al final, un reconocimiento a tres plásticos y dos escritores, por su labor y trayectoria, entregándose en la ocasión sendas plaquetas. Fueron galardonados en escultura la victoriense Imelda Banchero de Luque, la nogoyaense Anahí Villanueva y un escultor brasilero reconocido internacionalmente. En literatura se distinguió a Juan José Manauta y yo recibí la otra distinción. Para los amigos del blog transcribo el texto de mi plaqueta: "SOL VICTORIA Hotel & Casino- Reconocimiento como Miembro Honorable del Encuentro de Arte 2010 Al señor Carlos Sforza Por su distinguida trayectoria en las letras argentinas".
Fueron dos días ajetreados pero fructíferos. Y en mi caso, con la sorpresa de haber recibido esa distinción en un encuentro de arte internacional como el realizado y que tuvo como Comisión Organizadora a los siguientes artistas: Coordinador Artístico: Mario Francisco Oviedo (escultor), Escritora y poeta: Angélica Antúnez Salerno, Secretario de Cultura del Senado de la Nación: Lautaro Dorés, Director Asoc. Artistas Plásticos Gualeguaychú: Mirta Araujo.
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