lunes, 17 de marzo de 2014

UN PAPA ARGENTINO
Escribe Carlos Sforza*
El 13 de marzo se cumplió un año de la elección de Jorge Bergoglio como papa en reemplazo del renunciante Benedicto XVI. El ex arzobispo de Buenos Aires, elegido a ocupar la Cátedra de Pedro sorprendió a muchos puesto que si bien estaba en la lista de los elegibles, pocos creían en que el argentino accediera a dirigir la iglesia universal. Personalmente yo tenía cierto olfato que podría ser él el elegido. ¿Por qué? Olfato, nomás. En el Cónclave anterior, cuando fue elegido Ratzinger, el arzobispo Bergoglio obtuvo un muy buen porcentaje de votos. Y ahora, hace un año, ratificó esa elección y fue ungido papa. Era un hombre que iba a Roma desde “el fin del mundo”. Desde una Argentina lejana y, además, era un sacerdote que había salido de la orden creada por San Ignacio de Loyola. En una palabra accedía al papado un hombre que no pertenecía a Europa y por primera vez un sudamericano, un argentino, y un jesuita.
A raíz del primer aniversario de la elección del papa Francisco, la sección ENFOQUES del diario “La Nación, del domingo 9 de marzo dedicó una entrega especial dedicada a recordar el acontecimiento con la colaboración de numerosas e importantes firmas.
Una de las notas se titula “Francisco, el rostro sonriente en la selfie de Dios” firmada por Diego Sehinkman. Y me pareció interesante su lectura y, advertir algo que para muchos puede resultar novedoso. Es cuando el autor de la nota habla del día en que el nuevo papa se presenta como alguien que “alunizó en el Vaticano de sorpresa, calladito”. Y se pregunta el articulista: “¿Era cierta esa imagen? ¿Un argentino allá arriba?” A renglón seguido agrega: “Sí. Hay un papa de Flores. Ni el más imaginativo  de los cuentos de Dolina lo había aventurado” (la cursiva es mía).
Y a este punto, el de la cursiva, quiero referirme puesto que hay un libro, una novela que habla de un papa argentino. No sé si el autor de la nota la conoce o no. Pero me llama la atención que diga que “ni el más imaginativo de los cuentos de Dolina…” Porque si desconoce la literatura argentina, es cuestión del articulista. Pero para hacer una afirmación así, hay que estar seguro. Salvo que solamente se refiera a la obra de Dolina y no sepa de otros autores.
Porque tengo que decirlo, el ex jesuita, P. Leonardo Castellani escribió una novela donde uno de los protagonistas principales es un papa argentino. Alguien sacó, no hace tanto, una nota recordando ese libro y esa circunstancia del papa argentino. Se trata de la novela: “Juan XXIII (XXIV) Una Fantasía”. El autor es, como queda dicho, Leonardo Castellani quien firma el mismo con su conocido seudónimo Jerónimo del Rey. Fue editado por Ediciones Theoría en 1964. Y allí aparece la denominada “Tercera Vida de Don Pío D. Ducadelia” el argentino que fue elegido papa.
Como podemos ver, ya un ex jesuita, sacerdote reivindicado por Juan XXIII, escribió una novela sobre un papa nacido en estos lares. Tal vez el autor de la nota de “Enfoques” no conoce el libro.
O quizá quiso referirse solamente a la imaginación de Dolina. Pero lo cierto es que mucho antes, un escritor argentino escribió sobre otro hombre nacido en estas tierras (en una novela que es ficción) que llegó a ser Papa en momentos del mundo muy difíciles.
La novela de Jerónimo del Rey (Castellani) se considera una continuación de su anterior “Su Majestad Dulcinea” (Ediciones Cintra, 1956). En la novela del Papa, el autor lo hace renunciar al papado. Y dice en el libro, al transcribir su renuncia: “Siguiendo el ejemplo de nuestro antecesor, el eremita Celestino II… estoy perfectamente seguro acerca de mi decisión, acepté el Pontificado por mandato de mi confesor y lo depongo por mandato divino…” Por supuesto, como el mismo autor lo dice, se trata de una “fantasía”, una ficción. Pero el papa es un sudamericano que sucede al recordado Juan XXIII:
Es este un reconocimiento a quien ha sido uno de los grandes escritores argentinos y de quien me jacto de haber sido su amigo: Leonardo Castellani.   
  


jueves, 27 de febrero de 2014

TRES ESCRITORES EMBLEMÁTICOS
Escribe Carlos Sforza*
Roberto Retamoso es crítico, poeta y docente en la Universidad Nacional de Rosario. A su bibliografía de crítica y ensayo, acaba de sumarle un nuevo aporte. Se trata de “Realismo y Metafísica en Roberto Arlt, Macedonio Fernández y Leopoldo Marechal” (Editorial Fundación Ross, Rosario, 2013, 292 p.).
El libro está dividido en cinco capítulos en los que analiza la novela y se sitúa en el realismo en la Argentina para luego, en los tres últimos, abordar el estudio de Arlt, Fernández y Marechal.
Retamoso en la Nota Preliminar aclara cómo y cuándo escribió su obra (en el año sabático en la universidad Nacional de Rosario, “entre setiembre de 2011 y agosto de 2012”). Y amplía, asimismo, que su estudio “Posee, por consiguiente, muchos de los rasgos propios del trabajo académico y monográfico” (p, 9). Y vale la aclaración puesto que en la lectura se advierte el carácter académico y, a la vez, la formulación que hace que su aporte al tema lo plantee desde su calidad de docente universitario. Lo cual, claro, no desmerece el trabajo del autor sino que simplemente, como él mismo lo consigna, es una aclaración para el lector que se sumerge en su ensayo crítico.
En el primer capítulo nos habla de Novela, Realismo y Metafísica. Que es una introducción a la postura que el autor va a asumir en su análisis de los tres escritores argentino. Hay en ese primer capítulo una síntesis de lo que se considera como realismo y cómo la metafísica se cuela en él. Hace una síntesis histórica del realismo y de la novela realista que emerge en su totalidad como expresión de la burguesía y sigue los pasos que marca Jaime Rest en “Novela, cuento, teatro: apogeo y crisis”. Nos habla de la constitución histórica del género y luego continúa con el discurso teórico del realismo novelístico, para arrancar con el segundo Georg Lukacs (el primero era hegeliano puro) que se enraíza con  “premisas y métodos propios del pensamiento marxista” (p. 27). No puede, obviamente, eludir un hecho cierto de la novela: que ésta en sus diversas expresiones  “son textos heterogéneos y renuentes  de toda posibilidad de someterse a normas genéricas férreas” y a la vez existe un verdadero “polimorfismo” (p. 34).
No queda allí el análisis del ensayo de Retamoso, puesto que también estudia a la crítica a la doctrina realista como el formalismo ruso, con aportes de Roman Jakobson, las críticas a la doctrina realista de Roland Barthes, la deconstrucción iniciada por Jacques Derrida que “inaugura una modalidad crítica y reflexiva” aborda al objeto “desde su propia textualidad con el fin de deconstruir los supuestos, las aporías y la lógica donde se sustenta” (p, 52).
Luego nos habla de la persistencia de la metafísica y recala para ello en Martín Heidegger apoyándose en “Introducción a la Metafísica” del filósofo alemán. Me he detenido en esta parte del libro, puesto que sirve para situarse en el enfoque que el estudio dedica a Arlt, Fernández y Marechal.
El segundo capítulo sitúa el realismo literario en la Argentina, e incursiona en las obras de Manuel Gálvez y la confrontación de los grupos formados por Florida y Boedo en los años veinte del siglo pasado.
LOS TRES ESCRITORES
De estos capítulos introductorios, podríamos llamarlos, desemboca en los tres escritores  que dan vida a realismo y metafísica en sus novelas.
Roberto Arlt es analizado como una expresión del realismo al que, como es sabido, mezcla la crónica periodística, a la vez que agrega como ingredientes los inventos caseros de la época. Dice Retamoso que “El realismo de Arlt puede leerse como una hipérbole de la poética realista”. Y agrega, al analizar Los Siete locos/Los Lanzallamas, que “(…) la representación realista deviene en otra cosa. Esa otra cosa por momentos es una representación grotesca de personajes y situaciones, que evoca ciertos modos y lenguajes propios de una literatura expresionista” (p. 87). Ese expresionismo que detectó Beatriz Sarlo en la obra de Arlt cuando escribe que aquél “busca la tensión exasperada del expresionismo. Esa es su vanguardia posiblemente no conocida del todo” (“Escritos sobre Literatura Argentina”, p. 228).
A Macedonio Fernández es de quien, personalmente, conozco poco de su obra. Y el estudio que le dedica el autor me ha enseñado, desde su doxa, quién fue y cómo escribió su obra “Museo de la novela de la Eterna”. Ello me ha ilustrado bastante sobre la escritura, de no fácil acceso según se desprende del ensayo, de Macedonio Fernández.
En cuanto al tercero, Leopoldo Marechal, Retamoso lo ubica a través del análisis de “Adán Buenosayres” entre el realismo y la alegoría. Es conocido el silencio que se cernió sobre la novela cuando apareció, salvo la nota que hizo Julio Cortázar. Y ese silencio de la élite literaria se debió sin dudas a la filiación de Marechal como nacionalista-peronista-católico. El tiempo se encargó luego de romper ese silencio y colocar a la obra como uno de los aportes importantes a la novelística argentina. En el libro de Marechal en cierta medida, se siguen los pasos de James Joyce con su Ulises.
Un análisis pormenorizado de las etapas de la novela es la que realiza el autor. Y sitúa bien a los personajes que son representaciones, alegorías podría decirse estirando el término, de muchos de los que integraron el grupo Martín Fierro: Xul Solar, Borges, Girando, Marechal, la familia Lange y otros.
Bernardo A. Chiesi escribió que “El Cuaderno de Tapas Azules, 

sábado, 15 de febrero de 2014

LA PALABRA QUE SALVA
Escribe Carlos Sforza*
El lunes 10 de febrero, a la noche, recibí una llamada telefónica. Al descolgar el tubo y comunicarme, del otro lado de la línea oí la voz de mi amigo el poeta Miguel Ángel Federik. Llamaba desde su ciudad, Villaguay, para darme noticias del encuentro de poesía que acababa de finalizar en Cosquín (Córdoba), simultáneamente con el controvertido Festival de Folklore, pero sin tener una relación directa con el mismo.
Lo que quería comunicarme Miguel Ángel era lo que significó esa reunión de unos trescientos poetas que se unieron en torno, precisamente, de la poesía. Y a la vez, contarme del encuentro que tuvo con Osvaldo Guevara, poeta riocuartense que hoy reside en un pueblo de La Pampa. Y esa referencia a Guevara no es menor, puesto que con Osvaldo me une una antigua, larga y fructífera amistad a través de nuestras comunicaciones (que últimamente se habían cortado por razones inexplicables), y de su poesía que conozco desde comienzos de la década del sesenta y cuyos libros he comentado oportunamente en “Crisol Literario” y otros medios. E incluso le he publicado poemas de su autoría. Él estuvo en una ocasión en Victoria.
Miguel Ángel Federik me hizo saber, no sin emoción de poeta, que cuando leyeron Osvaldo Guevara y Morisoni, ante sus 300 colegas, finalizada la lectura, todo el auditorio se puso de pie y aclamó a los poetas y sus poesías. Un hecho no común en una reunión de esas características.
Precisamente la palabra poética de Osvaldo Guevara fue afirmándose con el correr del tiempo y se transformó en una de las voces valiosísimas del país interior. Y al decir país interior, hablo de quienes no han dejado sus espacios terrenales y no han sido tentados por el puerto de Buenos Aires. Que como se sabe, es la gran ventana que ofrece a los que allí viven la posibilidad de una proyección nacional de la que los “interiores” carecen (salvo honrosas excepciones).
Entre los primeros títulos que leí de Osvaldo Guevara recuerdo “La sangre en arma” de enero de 1962. Allí sigue el periplo iniciado por su anterior entrega “Oda al sapo y cuatro sonetos”, y muestra su fuerza y su actitud ante la vida y frente a los otros. Como en su poema “Aguafuerte” dedicado al poeta cordobés Artemio Arán,  cuando lo describe en el comienzo del soneto: “La barba matorral, la frente pampa/ por donde un potro fantasma galopa;/ los ojos de fogón, la sed de tropa,/ yergue, sin prisa, una caliente estampa.”
En el poemario “Garganta en verde claro” de 1964,  que tengo dedicado así: “Para Carlos Sforza, tesonero y sensible labrador en altos campos del espíritu. Fraternalmente. Río Cuarto, 21/5/64.” En las solapas del libro hay un trabajo de Julio Requena que fuera leído por Radio de la Universidad de Córdoba a raíz de su anterior obra. En 1967 le siguió “Los zapatos de asfalto”, que también tuvo la deferencia, amistad por medio, de mandármelo con una afectuosa dedicatoria: “Para Carlos Sforza , que desde el verde húmedo de Victoria hace oír su consecuente voz escrita. Fraternalmente. 4/9/67.”
Osvaldo, lo sabía y la confirmó Federik, es un amante de nuestra Provincia, de sus paisajes y de su gente.
En Guevara fue dándose una ascendente ruta transitada por su poesía. Y que hace que hoy, en plena labor poética, pueda presentarse en un encuentro como el de Cosquín, y ser aplaudido y aclamado por los trescientos asistentes al mismo.
Miguel Ángel Federik, presente y que compartió esos momentos, sirvió de nexo de reunión de Osvaldo conmigo. Después de muchos años. Y en la larga conversación telefónica que mantuvimos con Miguel Ángel Federik, otro de los altos poetas del país interior, rescatamos el valor que tiene por sí misma la palabra. Esa palabra que, como piensa el poeta de Villaguay y pienso yo, nos salva. Gracias a la palabra no sólo sobrevivimos, sino que nos impulsa a seguir adelante, con “fe la madura y la esperanza verde” como escribiera Leopoldo Marechal.     
 No en vano los aborígenes creían en el poder de la palabra y la veneraban. No en vano en el principio del Evangelio de San Juan se dice: “En el principio la Palabra existía/ y la palabra estaba con Dios, y la palabra era Dios. Todo se hizo por ella/ y sin ella no se hizo nada de cuanto existe./ En ella estaba la vida/ y la vida era la luz de los hombres, y las tinieblas no la vencieron.” (Jn., 1, 1-2, Biblia de Jerusalén”).



La palabra es vida y da vida. A quienes estamos en la escritura, a través de los distintos senderos que ella nos ofrece, la palabra es vital. Y lo es por cuanto nos sostiene, nos alimenta y nos hace seguir en este mundo sin olvidar que estamos de paso. Pero que la vida merece ser vivida. Y que, porque es así, podemos afirmar con Miguel Ángel, Osvaldo Guevara y tantos otros, que la palabra nos salva. Así de simple.             
ALTA POESÍA
Escribe Carlos Sforza*
Muchas veces los gozadores de poesía están como enfrascados en un estilo, en una corriente, en una actitud si se quiere, excluyente con respecto a otras expresiones líricas.
Esto viene a cuento por cuanto hay personas que siguen firmes a la poesía con rima y medida, como también las hay que están aferradas a una poesía blanca, libre, donde sólo vale el ritmo interior que la convierte en poesía.
Johannes Pfeiffer en su recordado e imprescindible libro “La poesía”, sostienes que “La poesía hace patente  una actitud del hombre ante el mundo a través de su atemperada hondura esencial. Esto significa que la poesía dice más de lo que enuncia.” Agrega: “No importa el contendido que una poesía pueda  ofrecernos, ni la ideología que profese; lo que importa es su realización verbal.” (p. 56).
Esa actitud del hombre hacia el mundo de que nos habla el alemán, debe expresarse de tal forma que no sea una simple enumeración (a veces caótica) o una efusión de sentimientos agolpados en versos.
Debe tener tal conformación y tal “temple de ánimo” que sea una realización verbal que se convierta en auténtica, única poesía.
Gloria María Traverso acaba de publicar un cuaderno con el título de “Momentos” (Ediciones del Clé, dibujos de Luis María Andrade, páginas sin numerar, Victoria, 2014). Son 6 momentos en los que encuentro en cada uno de ellos, y en la brevedad de cada poema, lo que da título a esta nota: estamos ante una alta poesía. Y al calificar de esta forma los versos de Gloria, no hago sino afirmar lo que es cada uno de los momentos. No es una poesía popular, no es una poesía donde se acumulen asimétricamente diversos elementos, no es una poesía rimada. Es otra cosa. Es la expresión de quien la escribe y pone en cada verso y, más, en cada palabra, su estar en el mundo y lo que ello le produce para transformarlo en alta poesía.
Desde el primer momento la lírica de la poeta se manifiesta con soltura y, a la vez, profundidad: “A lo lejos, caen las gotas lentas/ de una campana triste,/ salpican el silencio de la tarde./ Se ve pasar la brisa por las/ frondas absortas.// Mi corazón aguarda.” La comparación y metáfora de “Gotas lentas” de una “campana” nos hablan de un sentido lírico profundo. Gloria emplea la metáfora con soltura y excelente despliegue, ya que sabe ubicarla en su lugar preciso y en el momento justo del poema.
Los elementos externos, el sol que “se desploma”, el sol que es “el fuego cenital que distorsiona/ el paisaje de siempre, que es ahora una sola y silenciosa flama ardiente”, los cerros, “algún ombú”, todo lo externo no es sino la expresión verbal y poética de un estado de ánimo, de una existencia que vive cada instante y logra transmitirlo con la verdad que le proporciona la poesía.
Ese estado que le hace escribir estos versos: “Las muchachas cantaban a orillas del arroyo./ Yo llevaba el corazón plegado entre las manos/ y velaban mis ojos visillos de tristeza.” Todo ello no es sino una expresión de alta poesía.
Los dibujos de Luis María Andrade están acordes con los versos de Gloria. Sus ilustraciones, basadas en líneas al estilo Picasso (salvando las distancias y las comparaciones) son acordes con la levedad que requieren los seis momentos de este breve pero esencial poemario. Y digo esencial, porque sin dudas Gloria Traverso con este breve cuaderno se incorpora a la alta poesía que, por suerte, todavía existe en nuestro pueblo
 


miércoles, 30 de octubre de 2013

LA MUERTE DE JOSÉ GOBELLO
Escribe: Carlos Sforza*
El 28 de octubre recibí un mail de la Academia Porteña del Lunfardo. En él me comunicaban que en esa madrugada, a los 94 años de edad, había fallecido nuestro Presidente de la Academia.
Una larga vida la de don José Gobello. Con todos los avatares que vivir casi un siglo conlleva.
Fue junto a otros amigos, el fundador de la Academia Porteña del Lunfardo. Fue un activo militante dentro del partido peronista y diputado nacional propuesto por la CGT.  Cuando cayó el gobierno, estuvo preso durante dos años. No obstante ello, su actividad como periodista y escritor de temas populares e investigador del habla de los argentinos, no decayó nunca. Tanto es así que durante su detención escribió en la cárcel su “Historia de ladrones” que viera la luz antes de su liberación.
Como escribiera el cofrade Marcelo Héctor Oliveri, “es miembro de la Academia Nacional de Letras del Uruguay y lleva publicados más de dos docenas de libros dedicados principalmente a las expresiones Culturales populares de Buenos Aires” (2002).
Fue elegido Presidente de la Academia del Lunfardo en 1995 después de haber sido durante 33 años Secretario de la institución.
Tuve la suerte de compartir con él y otros cofrades la actividad permanente de la Academia, al ser miembro correspondiente en Entre Ríos. Además mantuve una amistad que en ocasiones fue en encuentros personales y muchas veces a través de la correspondencia, las comunicaciones a la Academia y el comentario de libros.
Nunca me voy a olvidar cuando en ocasión de visitar Buenos Aires con mi mujer, nos invitó a salir a caminar las calles porteñas a la noche, y recorrer algunos de los bares y cafés famosos. Anduvimos varias horas y tengo            bien presente cuando recorrimos cafés de La Recoleta el cariño que recibía de los porteros y encargados de los mismos cuando lo saludaban con un “Don José” que se extendía con algún comentario adicional.
Victoria tuvo ocasión de escucharlo cuando llegó a nuestra ciudad junto al maestro Sebastián Piana, el autor de tantos tangos como su famoso “Tinta Roja”, invitados por la Agrupación Cultural Victoria, donde se desarrolló el acto pertinente con gran asistencia de público.
Los aportes de José Gobello al conocimiento del habla de los argentinos son valorados en todo el mundo. Es un verdadero lunfardólogo, que ha rastreado el origen del lunfardo y ha hecho aportes significativos junto a otros colegas y cofrades de la Academia.
No sólo se ha detenido y profundizado en el lunfardo, sino que ha abarcado otros campos de la lingüística. Así en 2003 publicó “Diccionario Gauchesco” que me envió en mayo de ese año con una afectuosa dedicatoria. Dice Gobello en Nota Bene que abre el diccionario: “Toda lengua deriva a una koiné, a una lengua común que procede de la reducción de una variedad idiomática a una unidad. Hace por lo menos 800 años, el castellano –los españoles gustan llamarlo español- era algo así como una koiné del sermo plebeius y del árabe. La koiné que hablamos hoy los porteños reduce a unidad el mejor castellano de España, el vocabulario de la campaña y los dialectimos y jergalismos traídos por la inmigración”. Y también, con fundamento, claro, afirma que “el habla gaucha o el lenguaje gauchesco es en definitiva un vocabulario de unos mil vocablos, poco más o menos. Eso es todo: un vocabulario”.
Indudablemente, José Gobello era un estudioso de nuestra lengua, del habla, del vocabulario. Y cuando entrega a los lectores su “Diccionario Gauchesco” cita a Adolfo Prieto cuando habla del lenguaje gauchesco que sería “una variedad dialectal y arcaizante del español” pero, además, menciona a Amado Alonso que “llamó marinerismos en tierra, las creaciones locales”. Y conocerlo, al fin de cuentas, explica Gobello, “puede ser fuente de placer”.
De allí su dedicación de muchísimos años, al estudio y rescate de palabras que se plasmaron en los aportes bibliográficos que nos ha legado José Gobello.
La muerte de nuestro Presidente de la Academia Porteña del Lunfardo, es una verdadera pérdida para la cultura Argentina. Sus aportes han sido grandes dentro del área de las letras y la investigación del habla del pueblo. Asimismo su accionar como periodista y su incansable trabajo en la Academia.
La muerte de un amigo nos toca de cerca. Pero su imagen queda viva en la memoria y en sus obras. Que dan valor a su lucha por la vida. Nos ha dejado, pues, físicamente, un verdadero investigador del habla popular. Queda su obra que otros continuarán sin dudas,
José Gobello había nacido en Martínez (Buenos Aires) el 26 de septiembre de 1919.    



miércoles, 23 de octubre de 2013

VI CONGRESO INTERNACIONAL DE LA LENGUA
Escribe: Carlos Sforza*
Acaba de finalizar en Panamá el VI Congreso Internacional de la Lengua Española. Durante sus deliberaciones se trataron diversos temas que tienen referencia directa sobre la expansión del español, segunda lengua nativa más hablada en el mundo, y los problemas conexos con su expansión y difusión.
Según las informaciones que se han dado a conocer, tanto escritores, editores, educadores y funcionarios que participaron del encuentro internacional, estuvieron de acuerdo en que el español “se habla más” pero a la vez que “se lee menos”.
Es evidente que ante el avance de los medios digitales, el libro con soporte de papel, haya perdido lectores. Pero esa evidencia es, para mí, relativa. Porque debemos tener en cuenta el crecimiento demográfico de la población mundial y, a la vez, el avance de la cibernética en un mundo completamente digitalizado.
Recuerdo una entrevista que hizo Juan Cruz en el diario “El País” de España al editor Antoine Gallimard. El escritor le preguntó al editor francés: “¿Cómo ve un gran editor el porvenir del libro?”. A lo que Gallimard respondió: “No hay grandes editores, sino, simplemente, editores, ya sean grandes o pequeños. No me preocupa el lugar del libro en el futuro. Estoy seguro de que seguirá siendo extremadamente importante. El libro digital, lejos de suponer el fin del libro, es una nueva oportunidad para éste. (…) Creo que el porvenir del libro depende a la vez de los editores y de los autores. Es un oficio que surge del afán de compartir, a través del libro, universos secretos” (abril de 2011).
En el recientemente celebrado VI Congreso se oyeron voces destacadas en defensa del libro con el soporte papel, sin desmerecer las posibilidades y difusión que conlleva el libro digital.
El Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa dijo en el Congreso que “El espíritu crítico, que ha sido el resultado de las ideas contenidas en los libros de papel, podría empobrecerse extraordinariamente si las pantallas acaban por enterrar a los libros”. A su vez, el escritor colombiano William Ospina hizo hincapié en las responsabilidades al afirmar que “Los más cordiales enemigos de la lectura son la academia y la industria editorial.” Una acusación que debe haber causado mucho revuelo en el seno de los congresales.
Es de destacar que ambos escritores fueron algunas de las  voces que celebraron “la riqueza y pujaza de la lengua (y) alertaron sobre los riesgos que enfrenta la lectura, especialmente en el mundo hispanohablante”.
Otro de los temas que abordaron los asistentes al Congreso, fue el de los derechos de autor. Porque a través de la versión digital, sucede que prácticamente se sustraen esos derechos al escritor y se multiplican los libros, relatos, cuentos y demás escritos, sin que quienes crearon los mismos, los escritores, perciban absolutamente nada por ello. Al respecto es interesante tener presente que el Presidente de la Real Academia Española de la Lengua, José Manuel Blecua, sostuvo que “se pueden robar por Internet 200.000 títulos de libros” en español.
En la mesa redonda sobre “El libro entre la creación y la comunicación” el escritor chileno Antonio Skármeta afirmó que las nuevas herramientas acercan al hecho literario  y a la vez sostuvo que “no alteran la imponente presencia del libro, con la autoridad de su prestigio, los atributos de su diagramación, tipografía, textura de papel, diseño de portada, vinculación con la academia y la prensa.”
En el Congreso se trató la forma de intensificar la lectura entre los niños y los jóvenes. Cosa que, por suerte se está haciendo en varias de las escuelas argentinas y, concretamente, en Victoria.
Por otra parte y al respecto, Ospina sostuvo que “leer es un placer y eso es lo que hay que transmitir”. Y, se dijo, asimismo, que hay que sacar de la lectura la carga utilitaria que “ha conllevado hasta ahora”. Es decir, fomentar la lectura como un gozo.
Pienso que el libro pervivirá ante el avance de las nuevas herramientas que la cibernética nos ofrece. Y en esa tarea de hacer que el libro con soporte papel siga vigente, la educación tiene mucho que ver. Y se demuestra a través de experiencias que se hacen. Así, por ejemplo, de acuerdo a las noticias que llegan desde Panamá, los representantes de ese país presentaron en el Congreso los resultados de “un nuevo sistema de lectura cuya pedagogía se basa en los relatos que redactan los propios estudiantes”. Y me sorprendió este informa cuando supe que en Victoria, alumnos del Colegio “Nuestra Señora del Huerto”, leyeron mi cuento “El fantasma de la cal” y, basados en la lectura, buscaron temas de misterio y redactaron relatos que compilaron y se formó un libro escrito por ellos. ¿Coincidencia? No sé. Lo cierto es que la creatividad de los docentes y la labor consciente de los estudiantes, pueden ser motivo para incentiva la lectura. Y, de otras maneras, se hace, como queda dicho, en muchas escuelas entrerrianas.

 Todo lo expresado no hace sino confirmar mi postura: el libro, con el soporte papel, seguirá “vivito y coleando”.        
FERIA DEL LIBRO DE PARANÁ
Escribe Carlos Sforza*
Del 10 al 13 de octubre se realizó en Paraná la 1ª Feria del Libro bajo el título “Páginas del Bicentenario”. La Municipalidad de la capital provincial fue la organizadora de un evento que sorprendió por el ensamble de los actos y la cantidad de público que día tras día asistió a los diversos ofrecimientos culturales que se presentaron.
LUGAR
La Feria del libro estuvo emplazada en la Plaza 1º de Mayo. Allí se instalaron  carpas especiales, provistas de todos los elementos esenciales para montar el evento. Con buen criterio se tomó la determinación de ponerles nombres de escritores a las carpas: Carpa 1 Amaro Villanueva, Carpa 2 María Esther de Miguel, Carpa 3 Guillermo Saraví, Carpa 4 Juan José Manauta, Carpa 5 Fray Mocho, Carpa 6 Juan L. Ortiz. Además se utilizaron algunos salones como el de la Confederación del Colegio Ntra. Sra. de Huerto, Salón Mariano Moreno, Plaza de la Confederación (Palacio Municipal), Teatro 3 de Febrero.
DIVERSIDAD DE ACTOS
Durante los cuatro días de la Feria, se presentaron diversos actos en las carpas y los espacios elegidos para el evento cultural. Había librerías con exposición y venta de libros, presentaciones de libros, teatro, música, exposiciones diversas.
Los paranaenses y los muchos visitantes de otros lugares, gozaron de un auténtico espacio cultural que, con buen criterio, a través de los representantes del área correspondiente del Municipio, desde la mañana hasta la noche se pudo asistir a numerosos actos conforme a las apetencias de los que en una cantidad que realmente llamaba la atención colmaron los diversos espacios montados en la plaza y en los locales institucionales.
Los actos de presentación de libros y charlas y diálogos con el público, se realizaron en las carpas y lugares cerrados, como asimismo se posibilitó la presencia institucional de la Sociedad Argentina de Escritores Filial Entre Ríos (Paraná), la Editorial de Entre Ríos, ambas en carpas separadas y donde se dieron cita escritores que como en la Carpa Fray Mocho, presentaron sus libros y dieron diversas charlas e hicieron lecturas de poemas y relatos.
Hubo teatro y el día final se presntaron los libros “Paraná, rosa de otoño” de Amaro Vilanueva y “Poemas de las cosas de la calle sucia” de Nicolás Jozami, coeditados por Eduner (Editorial de la UNER) y la Municipalidad de Paraná que, conforme pude recoger como dato importante, compró 1200 ejemplares para distribuirlos gratuitamente en escuelas, colegios, bibliotecas y muchos se regalaron a los participantes del acto de presentación y clausura de la Feria.
EL STAND DE LA SADE
La SADE tuvo su stand propio, con libros de autores socios de la institución, en la Carpa Guillermo Yaraví. Allí me encontré con viejos amigos escritores como Elsa Serur y Eise Osman de Gualeguay, Adolfo A. Golz de Paraná, aparte de los directivos y socios de la Sade paranaense.
Allí dicté mi conferencia sobre “Martín del Pospós y el paisaje entrerriano” y tuve oportunidad de dialogar con los asistentes, interesados en conocer detalles sobre lo que el paisaje de nuestra provincia, desde la niñez del autor de “El país de los chajás”, pasando por su juventud y su edad adulta, que significó en su formación y en visión de las islas y sobre todo en sus incomparables descripciones.

Una Feria, la de Paraná, que honra a la Municipalidad y a sus organizadores y que es un ejemplo a tener en cuenta. Y un detalle importante: en ninguno de los actos y espectáculos, se cobró entrada. Lo que no es poco decir en un megaevento como la 1ª Feria del Libro de la ciudad capital de Entre Ríos.