DE LA ÉPICA A LA NOVELA
Escribe Carlos Sforza*
Carlos Fuentes, el gran escritor mexicano hace una distinción muy clara y plantea dos posiciones encontradas sobre la épica y la novela, en su última obra publicada este año: “La gran novela latinoamericana”.
Es interesante leer las apreciaciones de Fuentes puesto que siempre se ha dicho que la novela es la continuación de la épica (o epopeya). Pensemos que para muchos autores, la épica desplazó al mito. Y cuando aquélla era la forma de narrar hechos y presentar personajes heroicos, aparece la novela moderna y desplaza a la épica.
Épica proviene del griego epos=narración. Se ha dicho que como adjetivo, el término puede aplicarse a todo tipo de literatura narrativa. Pensemos que la épica nos remite a la epopeya que conforme los preceptistas, tiene una acepción muy amplia.
Federico Carlos Sainz de Robles en su “Ensayo de un Dicciconario de la Literatura”
Sostiene que epopeya es el poema más importante que puede concebir el ingenio humano. Es la narración poética de una acción grande, memorable y extraordinaria, capaz de interpretar a un pueblo y a veces a la Humanidad entera” (T. I, p.381). Coloca entre las denominadas epopeyas naturales a La Ilíada, La Odisea, el Ramayama, Los Nibelungos, el Poema del Cid…
Carlos Fuentes, a raíz de uno de los ensayos de su nuevo libro, cuando habla del cronista español de la épica conquista del Imperio Azteca, Bernal Díaz del Castillo, lo considera nuestro primer novelista pues en su libro Verdadera historia de la conquista de la Nueva España, trata de un mundo ya desaparecido cuando lo escribió y en consecuencia “Está en busca del tiempo perdido”: De allí que el mexicano lo considere nuestro primer novelista. Sostiene que se trata de una épica vacilante, y, al serlo, deja de ser épica para ser novela. Porque, afirma Fuentes, “una novela es algo contradictorio y ambiguo”.
De allí parte para decirnos que Bernal al escribir la primera épica europea del nuevo mundo en realidad describe la realidad de, precisamente, un nuevo mundo. Y acota el autor: “(…) mientras que la épica, de acuerdo tanto con el filósofo español José Ortega y Gasset como con el crítico ruso Mijail Bajtin, sólo se ocupa de lo que ya es conocido.
Hay un hecho sabido y que recuerda Fuentes, y es el que los teóricos literarios oponen la épica a la novela. Ortega y Gasset afirma que la novela y la épica son “exactamente lo contrario. La segunda nos habla del pasado, del mundo que fue. Y así, el filósofo español dice que “Homero no pretende contarnos algo nuevo. Lo que sabe, los oyentes ya lo saben, y Homero sabe que lo saben”.En suma, cuando aparece un poema épico, cuenta un relato conocido. En cambio, según el criterio de M. Bajtin, la novela es la operación literaria basada en la novedad. Con el mismo criterio que Ortega, el ruso piensa que la épica trata de un tiempo perimido. De un “mundo comprendido (o comprensible)”.
Carlos Fuentes incursiona por otras posiciones contrarias a las expuestas por el español y el ruso. Así nos recuerda que Hegel le confirió a la épica otro lugar en el discurso literario, “el de hacer añicos, precisamente el mundo precedente. El mundo del mito. Es algo dinámico que nos arranca de nuestro lugar y nos transporta a las luchas de Ulises, a sus viajes… Asimismo, Fuentes nos introduce en el pensamiento de la pensadora francesa Simone Weil, ya que se opone a la visión orteguiana de la épica y sostiene que La Ilíada “es un movimiento inconcluso, cuyo mensaje moral está en espera de cumplirse en nuestro propio tiempo”.
Es sumamente interesante estudiar las conclusiones que hace Carlos Fuentes sobre el libro de Bernal, ya que su memoria en el recuerdo del novelista está marcado por los rasgos que son realmente novelísticos y que enumera y vienen bien para emparentar la épica con la novela: l) Amor por la caracterización, 2)Amor por el detalle que desacraliza las figuras épicas, 3) Amor por la murmuración, 4) Grandes retratos sociales, 5) La teatralidad y la intriga y agrega un sexto aspecto que es “el drama de la voluntad contra el destino. La determinación contra el hado.”
Todo ello hace que encontremos, de una u otra forma, la continuación de la épica en la novela moderna. Novela moderna que ha ido evolucionando y a la que es muy difícil encasillar hoy en día. Y lo es porque en esa evolución, presenta caracteres que hacen que se vulneren formas tradicionales, se incorporen nuevas estructuras, nuevas voces, se introduzcan zonas grises. En suma, que sea una obra, como dijera Camilo José Cela, en la que debajo del título se pueda poner su género. Es decir, novela.
sábado, 28 de abril de 2012
domingo, 22 de abril de 2012
LA FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO Escribe Carlos Sforza*
Desde el 19 de abril al 7 de mayo, se realiza en Buenos Aires la 38º Edición de la Feria Internacional del Libro del Autor al Lector.
Sin dudas año tras año, este encuentro se ha convertido en uno de los más importantes de habla española en el mundo. Desde sus comienzos, en una plaza porteña, la Feria ha ido creciendo y se ha expandido. Estuvo muchos años en Figueroa Alcorta y ahora en el predio de la Rural.
Es una experiencia fuera de serie lo que se vive en la Feria. Su crecimiento ha sido notable. Yo diría que es una gran vidriera expuesta al mundo para mostrar la presencia del libro y sobre todo, la de muchos autores que pueden dialogar libremente con el público.
Por supuesto que ese mismo crecimiento ha incorporado a grandes editoriales (multinacionales) y a países que traen sus propios stands con libros de autores de cada uno de ellos.
Las modernas técnicas suman su presencia para actualizar de manera evidente el evento magnífico de lo que es la Feria.
Yo he participado en muchas ocasiones en diversas ediciones de la Feria. Ya sea como expositor de mis libros, como presentador de libros de colegas y en la presentación de mis propias obras. Y en el stand originario donde estaba ubicada Entre Ríos, el de las Provincias, y luego en el propio que levantaba la Entre Ríos he firmado ejemplares y he podido dialogar con quienes se acercaban a la mesa en que estábamos ubicados.
ENTRE RÍOS SIN STAND PROPIO
Lamentablemente este año, la provincia no tendrá su propio stand. Según se informó oportunamente, el actual Director de la Editorial de Entre Ríos confirmó que “nosotros participaremos en el stand de las provincias y no con uno propio”. La explicación de este retroceso en cuanto a no tener un stand propio como otros provincias y como lo venía haciendo en ediciones anteriores según explicó José María Blanco, es “porque cuando yo me hice cargo (de la repartición en el mes de marzo), el expediente que estaba en trámite, manifestaba algunas cuestiones de índole administrativa que había que resolver en muy poco tiempo (…). Y es por ello, según sus declaraciones, que “se decidió no participar con stand propio porque estábamos hablando de una inversión que oscila en los l00.000 pesos”.
Es indudable que es una regresión el no poder contar con un stand propio, y participar junto a otras varias provincias, en uno conjunto, donde los libros de cada una de las provincias exponentes, pueden confundirse. Por mis experiencias anteriores, los libros en ese stand se amontonan mucho y para localizar cada provincia hay que recorrer uno por uno los estantes donde están los libros (si bien tienen una identificación con el nombre de la provincia en que se exhiben esos libros). Recuerdo que por mi paso por el stand de las provincias, quienes eran responsables del mismo, trabajan a conciencia y allanaban los caminos de quienes exponíamos libros y firmábamos ejemplares y dialogábamos con el público.
Ahora bien, un stand propio en la Feria significa un espacio único para la provincia y ello facilita enormemente la exposición de las obras y, a la vez el acceso de los posibles lectores y del público en general, al diálogo con los autores presentes.
PRESENCIA DEL LIBRO
La Feria, como dije, es una gran vidriera abierta al mundo para exponer los libros de autores conocidos, de autores poco conocidos, y obras de distintos géneros y de diferentes calidades literarias.
Es importante una manifestación de la índole de la Feria Internacional del Libro, para que la obra impresa llegue al lector, lo ojee y lo hojee y se interese en el mismo. Si bien es cierto que asistimos a una degradación de ciertos aspectos de la cultura, donde toman la posta y el encomio de muchos comentaristas (no diré críticos) de libros que carecen de entidad literaria. Donde aparece la banalidad y el “cholulismo” con el formato de libro y es vendible porque muchas circunstancias confluyen para esa degradación.
Precisamente Mario Vargas Llosa en su último libro que aparece en estos días en España, “La civilización del espectáculo”, sostiene que “El intelectual sólo interesa si sigue el juego de moda y se vuelve un bufón”. Y agrega que estamos ante “La banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad, y en el campo de la información, que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo”. Estas reflexiones, que son un adelanto del libro, vienen bien ante la Feria Internacional que se realiza en Buenos Aires, para que muchos asistentes sepan separar el trigo de la cizaña (para tomar un ejemplo del Evangelio) y busque la auténtica literatura y no los oropeles que se nos quieren dar como obras literarias. De allí que el escritor peruano, sin pelos en la lengua y con valentía afirma que “las estrellas de la televisión y los grandes futbolistas ejercen la influencia que antes tenían los profesores, los pensadores (y antes todavía) los teólogos”.
Creo que en este tiempo del desprecio, como dijo alguna vez Ernesto Sábato, cabe reflexionar sobre las palabras lúcidas del autor de “La guerra del fin del mundo” y máxime, cuando en nuestro país se desarrolla un evento como la Feria Internacional del Libro.
Desde el 19 de abril al 7 de mayo, se realiza en Buenos Aires la 38º Edición de la Feria Internacional del Libro del Autor al Lector.
Sin dudas año tras año, este encuentro se ha convertido en uno de los más importantes de habla española en el mundo. Desde sus comienzos, en una plaza porteña, la Feria ha ido creciendo y se ha expandido. Estuvo muchos años en Figueroa Alcorta y ahora en el predio de la Rural.
Es una experiencia fuera de serie lo que se vive en la Feria. Su crecimiento ha sido notable. Yo diría que es una gran vidriera expuesta al mundo para mostrar la presencia del libro y sobre todo, la de muchos autores que pueden dialogar libremente con el público.
Por supuesto que ese mismo crecimiento ha incorporado a grandes editoriales (multinacionales) y a países que traen sus propios stands con libros de autores de cada uno de ellos.
Las modernas técnicas suman su presencia para actualizar de manera evidente el evento magnífico de lo que es la Feria.
Yo he participado en muchas ocasiones en diversas ediciones de la Feria. Ya sea como expositor de mis libros, como presentador de libros de colegas y en la presentación de mis propias obras. Y en el stand originario donde estaba ubicada Entre Ríos, el de las Provincias, y luego en el propio que levantaba la Entre Ríos he firmado ejemplares y he podido dialogar con quienes se acercaban a la mesa en que estábamos ubicados.
ENTRE RÍOS SIN STAND PROPIO
Lamentablemente este año, la provincia no tendrá su propio stand. Según se informó oportunamente, el actual Director de la Editorial de Entre Ríos confirmó que “nosotros participaremos en el stand de las provincias y no con uno propio”. La explicación de este retroceso en cuanto a no tener un stand propio como otros provincias y como lo venía haciendo en ediciones anteriores según explicó José María Blanco, es “porque cuando yo me hice cargo (de la repartición en el mes de marzo), el expediente que estaba en trámite, manifestaba algunas cuestiones de índole administrativa que había que resolver en muy poco tiempo (…). Y es por ello, según sus declaraciones, que “se decidió no participar con stand propio porque estábamos hablando de una inversión que oscila en los l00.000 pesos”.
Es indudable que es una regresión el no poder contar con un stand propio, y participar junto a otras varias provincias, en uno conjunto, donde los libros de cada una de las provincias exponentes, pueden confundirse. Por mis experiencias anteriores, los libros en ese stand se amontonan mucho y para localizar cada provincia hay que recorrer uno por uno los estantes donde están los libros (si bien tienen una identificación con el nombre de la provincia en que se exhiben esos libros). Recuerdo que por mi paso por el stand de las provincias, quienes eran responsables del mismo, trabajan a conciencia y allanaban los caminos de quienes exponíamos libros y firmábamos ejemplares y dialogábamos con el público.
Ahora bien, un stand propio en la Feria significa un espacio único para la provincia y ello facilita enormemente la exposición de las obras y, a la vez el acceso de los posibles lectores y del público en general, al diálogo con los autores presentes.
PRESENCIA DEL LIBRO
La Feria, como dije, es una gran vidriera abierta al mundo para exponer los libros de autores conocidos, de autores poco conocidos, y obras de distintos géneros y de diferentes calidades literarias.
Es importante una manifestación de la índole de la Feria Internacional del Libro, para que la obra impresa llegue al lector, lo ojee y lo hojee y se interese en el mismo. Si bien es cierto que asistimos a una degradación de ciertos aspectos de la cultura, donde toman la posta y el encomio de muchos comentaristas (no diré críticos) de libros que carecen de entidad literaria. Donde aparece la banalidad y el “cholulismo” con el formato de libro y es vendible porque muchas circunstancias confluyen para esa degradación.
Precisamente Mario Vargas Llosa en su último libro que aparece en estos días en España, “La civilización del espectáculo”, sostiene que “El intelectual sólo interesa si sigue el juego de moda y se vuelve un bufón”. Y agrega que estamos ante “La banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad, y en el campo de la información, que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo”. Estas reflexiones, que son un adelanto del libro, vienen bien ante la Feria Internacional que se realiza en Buenos Aires, para que muchos asistentes sepan separar el trigo de la cizaña (para tomar un ejemplo del Evangelio) y busque la auténtica literatura y no los oropeles que se nos quieren dar como obras literarias. De allí que el escritor peruano, sin pelos en la lengua y con valentía afirma que “las estrellas de la televisión y los grandes futbolistas ejercen la influencia que antes tenían los profesores, los pensadores (y antes todavía) los teólogos”.
Creo que en este tiempo del desprecio, como dijo alguna vez Ernesto Sábato, cabe reflexionar sobre las palabras lúcidas del autor de “La guerra del fin del mundo” y máxime, cuando en nuestro país se desarrolla un evento como la Feria Internacional del Libro.
martes, 17 de abril de 2012
“COLOQUIOS DE LA COMARCA”
Escribe Carlos Sforza*
Con la palabra del periodista y profesor universitario Guillermo Alfieri y los dibujos de Gito Petersen, dibujante y profesor universitario, se ha publicado “Coloquios de la Comarca” (Taller del Poeta, solapa escrita por Rodolfo Araceli, Paraná, 2011, 336 p.).
Alfieri realizó los días domingos, en El Diario de Paraná, más de seiscientas entrevistas a personas de la comarca, es decir de Paraná. Tuvo la intención de publicarlas en libro pero era una empresa ciclópea por el volumen de páginas y los costos. Luego fue convocado por radio Cualquiera del Centro Cultural La Hendija (Paraná) para realizar los coloquios domingueros en dicha emisora. Evaluado el pedido y con Guito Petersen y los licenciados en Comunicación Social Juan Martín Alfieri y Franco Giorda, se embarcaron en la tarea de transmitir en vivo esos coloquio.
Así surgió Coloquios en la radio. Luego, la idea de pasarlo de la oralidad a la literatura. Es decir, transformados en letra impresa con el soporte de un libro. Y a la vista está el resultado: “Coloquios de la Comarca”, que es un aporte interesante, lúcido, bien llevado y estructurado, y de todo ello resulta un libro importante.
Y digo importante porque en las entrevistas aparecen personas (transformados por el lenguaje coloquial en personajes) de carne y huesos que habitan Paraná y que dan testimonio de sus quehaceres, de sus alegrías y pesares, de la vida que han llevado y llevan al ser entrevistados en el otoño-invierno de 2007. Y a la vez, como expresa en Explicación el Equipo de Producción de los coloquios, “En el libro hay pensamientos, emociones, presunciones, convicciones, alegrías, tristeza, humor , drama, tragedia, expresados en palabras que no se llevará el viento , porque están impresas.” (p. 9).
Y al sumergirnos en la lectura de las entrevistas, que nacen de la palabra del entrevistador pero que se revelan como tales conforme el diálogo va tomando cuerpo y las respuestas del entrevistado dan pie para una nueva intervención de quien entrevista. Porque, claro, en esta clase de coloquios lo que se busca es que el entrevistado sea esencialmente el protagonista y desnude su ser en el mundo, dé sus puntos de vistas y, como sucede en algunos casos, desarrolle su visión o cosmovisión.
DE TODO COMO EN BOTICA
Creo que viene bien la expresión del subtítulo: de todo como en botica. Porque en las entrevistas publicadas encontramos a los más disímiles personajes de la comarca, es decir de Paraná. Disímiles por sus aportes a la vida de la ciudad, por su propia vida, por la diversidad de sus ocupaciones, todas relatadas con una dignidad que sin dudas, enaltecen las entrevistas.
Arrancan con la presencia en el Coloquio de los esposos Yolanda Darrieux-Augusto Nux, que es como empezar caminado con el pie derecho. Porque ese matrimonio ha sido emblemático en la comarca. Y porque tienen mucho por decir de sus largas vidas.
Hay entrevistas que marcan una altura muy especial, como la que hacen al destacado pensador Gustavo Lambruschini (p. 45 y sgtes.) mostrando su pensamiento filosófico, se adscripción al pensamiento crítico kantiano y su deambular por la vida universitaria y la vida diaria, cotidiana, donde marca siempre su fidelidad a los principios que tiene y practica.
Debiera citar y glosar cada una de las entrevistas, pero sería tedioso para el lector. Y lo que importa es hacer una crítica del libro que sirva para que quien al leerla se interese y acuda a leer el libro.
Así, puedo decir que el desenfado de Stella Berduc, la coherencia de Elio C. Leyes, la voracidad lectora de Eduardo Borguet, las enseñanzas ecológicas de Daniel Verzeñassi, la tenacidad por el trabajo de Lucía Elena Ramírez, la labor incansable de Armando Salzman como hacedor central de La Hendija, el humor de Ricardo Leguízamo,las enseñanzas y sencillez del Baqueno del río, Luis Alberto Ríos, la fortaleza y la lucha por vivir y vencer la enfermedad de Mónica Portillo como la música inolvidable de Wálter Heinze y el bandoneón de Atilio Orlando Caramagna y el teatro de Mauricio Dayud, así también la lucha por la Verdad, Justicia y Memoria de María del Carmen Salvay de Germano y Alicia Daniela Gómez y la inolvidable maestra de Puerto Viejo, de familia oriunda de Victoria, Josefina Zubizarreta, están presentes en el libro, con entrevistas sápidas, con sabor, con gusto, con novedosas cuestiones y situaciones que muchas veces se desconocen.
Las tres últimas entrevistas tienen como protagonistas a tres hacedores de la cultura: Juan Manuel Alfaro, el excelente poeta y narrador nacido en Algarrobitos y arraigado en Paraná, la actriz Esmeralda Rolland esposa del siempre recordado Héctor Santángelo, creador del teatro independiente Casacuberta, y como final una sabrosa entrevista al “Zurdo” Martínez quien da noticias e informaciones puntuales, sobre la música y la guitarra.
“Coloquios de la Comarca” es un libro que entretiene, instruye, alegra y fortalece el espíritu. Por eso y mucho más, es ampliamente recomendable su lectura.
Escribe Carlos Sforza*
Con la palabra del periodista y profesor universitario Guillermo Alfieri y los dibujos de Gito Petersen, dibujante y profesor universitario, se ha publicado “Coloquios de la Comarca” (Taller del Poeta, solapa escrita por Rodolfo Araceli, Paraná, 2011, 336 p.).
Alfieri realizó los días domingos, en El Diario de Paraná, más de seiscientas entrevistas a personas de la comarca, es decir de Paraná. Tuvo la intención de publicarlas en libro pero era una empresa ciclópea por el volumen de páginas y los costos. Luego fue convocado por radio Cualquiera del Centro Cultural La Hendija (Paraná) para realizar los coloquios domingueros en dicha emisora. Evaluado el pedido y con Guito Petersen y los licenciados en Comunicación Social Juan Martín Alfieri y Franco Giorda, se embarcaron en la tarea de transmitir en vivo esos coloquio.
Así surgió Coloquios en la radio. Luego, la idea de pasarlo de la oralidad a la literatura. Es decir, transformados en letra impresa con el soporte de un libro. Y a la vista está el resultado: “Coloquios de la Comarca”, que es un aporte interesante, lúcido, bien llevado y estructurado, y de todo ello resulta un libro importante.
Y digo importante porque en las entrevistas aparecen personas (transformados por el lenguaje coloquial en personajes) de carne y huesos que habitan Paraná y que dan testimonio de sus quehaceres, de sus alegrías y pesares, de la vida que han llevado y llevan al ser entrevistados en el otoño-invierno de 2007. Y a la vez, como expresa en Explicación el Equipo de Producción de los coloquios, “En el libro hay pensamientos, emociones, presunciones, convicciones, alegrías, tristeza, humor , drama, tragedia, expresados en palabras que no se llevará el viento , porque están impresas.” (p. 9).
Y al sumergirnos en la lectura de las entrevistas, que nacen de la palabra del entrevistador pero que se revelan como tales conforme el diálogo va tomando cuerpo y las respuestas del entrevistado dan pie para una nueva intervención de quien entrevista. Porque, claro, en esta clase de coloquios lo que se busca es que el entrevistado sea esencialmente el protagonista y desnude su ser en el mundo, dé sus puntos de vistas y, como sucede en algunos casos, desarrolle su visión o cosmovisión.
DE TODO COMO EN BOTICA
Creo que viene bien la expresión del subtítulo: de todo como en botica. Porque en las entrevistas publicadas encontramos a los más disímiles personajes de la comarca, es decir de Paraná. Disímiles por sus aportes a la vida de la ciudad, por su propia vida, por la diversidad de sus ocupaciones, todas relatadas con una dignidad que sin dudas, enaltecen las entrevistas.
Arrancan con la presencia en el Coloquio de los esposos Yolanda Darrieux-Augusto Nux, que es como empezar caminado con el pie derecho. Porque ese matrimonio ha sido emblemático en la comarca. Y porque tienen mucho por decir de sus largas vidas.
Hay entrevistas que marcan una altura muy especial, como la que hacen al destacado pensador Gustavo Lambruschini (p. 45 y sgtes.) mostrando su pensamiento filosófico, se adscripción al pensamiento crítico kantiano y su deambular por la vida universitaria y la vida diaria, cotidiana, donde marca siempre su fidelidad a los principios que tiene y practica.
Debiera citar y glosar cada una de las entrevistas, pero sería tedioso para el lector. Y lo que importa es hacer una crítica del libro que sirva para que quien al leerla se interese y acuda a leer el libro.
Así, puedo decir que el desenfado de Stella Berduc, la coherencia de Elio C. Leyes, la voracidad lectora de Eduardo Borguet, las enseñanzas ecológicas de Daniel Verzeñassi, la tenacidad por el trabajo de Lucía Elena Ramírez, la labor incansable de Armando Salzman como hacedor central de La Hendija, el humor de Ricardo Leguízamo,las enseñanzas y sencillez del Baqueno del río, Luis Alberto Ríos, la fortaleza y la lucha por vivir y vencer la enfermedad de Mónica Portillo como la música inolvidable de Wálter Heinze y el bandoneón de Atilio Orlando Caramagna y el teatro de Mauricio Dayud, así también la lucha por la Verdad, Justicia y Memoria de María del Carmen Salvay de Germano y Alicia Daniela Gómez y la inolvidable maestra de Puerto Viejo, de familia oriunda de Victoria, Josefina Zubizarreta, están presentes en el libro, con entrevistas sápidas, con sabor, con gusto, con novedosas cuestiones y situaciones que muchas veces se desconocen.
Las tres últimas entrevistas tienen como protagonistas a tres hacedores de la cultura: Juan Manuel Alfaro, el excelente poeta y narrador nacido en Algarrobitos y arraigado en Paraná, la actriz Esmeralda Rolland esposa del siempre recordado Héctor Santángelo, creador del teatro independiente Casacuberta, y como final una sabrosa entrevista al “Zurdo” Martínez quien da noticias e informaciones puntuales, sobre la música y la guitarra.
“Coloquios de la Comarca” es un libro que entretiene, instruye, alegra y fortalece el espíritu. Por eso y mucho más, es ampliamente recomendable su lectura.
domingo, 1 de abril de 2012
“EL SUEÑO DEL CELTA”
Escribe Carlos Sforza*
He leído la última novela publicada de Mario Vargas Llosa: “El sueño del celta” (Alfaguara, Buenos Aires, 2011, 464 p.). La obra tiene como personaje central a un legendario irlandés, Roger Casement y transcurre en diversas épocas, donde se mezclan el presente con el pasado, y en diversos escenarios geográficos.
Si tuviera que definir a qué género de novela pertenece “El sueño del celta”, me inclinaría por ubicarla como una biografía novelada con algunos matices de la novela biográfica. Recordemos que la primera “es historia, contada con procedimientos novelescos y en la que el autor inventa diálogos o escenas que pudieran haber ocurrido” (M. Gálvez). La novela biográfica es una verdadera novela, en la que sobresale un personaje.
Pues bien, Mario Vargas Llosa usa procedimientos que pertenecen a ambos subgéneros de la novela histórica. Por supuesto que se ha informado, que ha consultado archivos, a personas y ha visitado los lugares donde transcurren los hechos que narra.
Asimismo tiene un mensaje claro: la lucha contra el colonialismo. En las tres grandes partes en que se divide la novela: El Congo, La Amazonía e Irlanda, asistimos al descubrimiento por Roger Casement del colonialismo y, por supuesto al ir comprendiendo lo que es el colonialismo, desemboca en el que ejerce Inglaterra sobre Irlanda. De a poco y dolorosamente, el personaje hace su aprendizaje y a la vez encuentra un rumbo a su vida al comprometerse, con los peligros consiguientes, en la lucha contra el colonialismo inglés.
Roger Casement nació en Dublín el 1 de septiembre de 1864. Nos narra parte reconstruida de su infancia y de la muerte de su madre cuando él tenía 9 años. Gozaba de la vida al aire libre y de la natación como que ganaba casi todos los torneos en los que participaba. Ya pasada la adolescencia y siendo joven, entró en el Foreign Office inglés y fue destinado como Cónsul en Nigeria, en Maputo y Angola. Luego fue destinado al Congo en 1903. Su misión era verificar sobre el terreno qué había de cierto sobre las denuncias de iniquidades que se cometían contra los nativos en la extracción del caucho en el Congo de Su Majestad Leopoldo II, rey de los belgas.
Allí comienza su experiencia sobre lo que era el colonialismo en esa parte de África y recoge en situ y con testimonios de los que allí estaban, las verdades sobre la explotación que los europeos hacían de los nativos bajo el engaño de llevarles la civilización con todas sus bondades.
En 1910 llegó a la Amazonía peruana, con una comisión, para investigar las denuncias sobre asesinatos, torturas, violaciones, vejámenes de todo tipo que en el Putumayo peruano cometían los hombres de la Peruvian Amazon Company que presidía Julio C. Arana y estaba registrada como compañía inglesa y cotizaba en la Bolsa de Londres. Pasando mil penurias e interrogando a los indígenas que estaban prácticamente esclavizados y a los de Barbados que también trabajaban en la Compañía que explotaba el caucho, tomó cabal conciencia de las atrocidades que bajo el lema de llevar la civilización y la cultura, realizaba el colonialismo.
Por último y con gran prestigio, conforme se dieron a conocer los informes sobre el Congo y sobre la compañía inglesa en Europa, regresó a Londres y a Irlanda y empezó su lucha por la liberación de su país de origen del colonialismo inglés. Durante la primera guerra mundial, se produjo en Semana Santa la insurrección armada de los irlandeses que fue aplastada y sus jefes condenados a muerte.
Roger Casement buscó el apoyo de Alemania que proveyera armas a los insurrectos y a la vez que permitiera formar con los prisioneros irlandeses, una brigada para atacar a los ingleses que para él, a esa altura, eran el enemigo de Irlanda como colonizadores.
Todos estos episodios están mechados con incursiones del presente que vive en la cárcel Casement, pues fue tomado prisionero y condenado a muerte por traidor a la patria por los ingleses. En la prisión, espera el pedido de clemencia que había planteado. Por otra parte se habían publicado unos diarios íntimos que él llevaba, con historias breves sobre sus escabrosas actividades sexuales, muchas imaginadas más que vividas y ello, entre sus compatriotas produjo en muchos de ellos un desprecio hacia quien de buena fe había luchado por la liberación de Irlanda.
“El sueño del celta” es una novela que debe leerse con atención y cierta paciencia por las descripciones que el autor hace de lo sucedido en el Congo Belga, en la Amazonía y en Irlanda. La parte final, quizá se torne más ágil para la lectura pero en su totalidad estamos ante una nueva novela de Mario Vargas Llosa que no hace sino reafirmar sus calidades de gran novelista.
Escribe Carlos Sforza*
He leído la última novela publicada de Mario Vargas Llosa: “El sueño del celta” (Alfaguara, Buenos Aires, 2011, 464 p.). La obra tiene como personaje central a un legendario irlandés, Roger Casement y transcurre en diversas épocas, donde se mezclan el presente con el pasado, y en diversos escenarios geográficos.
Si tuviera que definir a qué género de novela pertenece “El sueño del celta”, me inclinaría por ubicarla como una biografía novelada con algunos matices de la novela biográfica. Recordemos que la primera “es historia, contada con procedimientos novelescos y en la que el autor inventa diálogos o escenas que pudieran haber ocurrido” (M. Gálvez). La novela biográfica es una verdadera novela, en la que sobresale un personaje.
Pues bien, Mario Vargas Llosa usa procedimientos que pertenecen a ambos subgéneros de la novela histórica. Por supuesto que se ha informado, que ha consultado archivos, a personas y ha visitado los lugares donde transcurren los hechos que narra.
Asimismo tiene un mensaje claro: la lucha contra el colonialismo. En las tres grandes partes en que se divide la novela: El Congo, La Amazonía e Irlanda, asistimos al descubrimiento por Roger Casement del colonialismo y, por supuesto al ir comprendiendo lo que es el colonialismo, desemboca en el que ejerce Inglaterra sobre Irlanda. De a poco y dolorosamente, el personaje hace su aprendizaje y a la vez encuentra un rumbo a su vida al comprometerse, con los peligros consiguientes, en la lucha contra el colonialismo inglés.
Roger Casement nació en Dublín el 1 de septiembre de 1864. Nos narra parte reconstruida de su infancia y de la muerte de su madre cuando él tenía 9 años. Gozaba de la vida al aire libre y de la natación como que ganaba casi todos los torneos en los que participaba. Ya pasada la adolescencia y siendo joven, entró en el Foreign Office inglés y fue destinado como Cónsul en Nigeria, en Maputo y Angola. Luego fue destinado al Congo en 1903. Su misión era verificar sobre el terreno qué había de cierto sobre las denuncias de iniquidades que se cometían contra los nativos en la extracción del caucho en el Congo de Su Majestad Leopoldo II, rey de los belgas.
Allí comienza su experiencia sobre lo que era el colonialismo en esa parte de África y recoge en situ y con testimonios de los que allí estaban, las verdades sobre la explotación que los europeos hacían de los nativos bajo el engaño de llevarles la civilización con todas sus bondades.
En 1910 llegó a la Amazonía peruana, con una comisión, para investigar las denuncias sobre asesinatos, torturas, violaciones, vejámenes de todo tipo que en el Putumayo peruano cometían los hombres de la Peruvian Amazon Company que presidía Julio C. Arana y estaba registrada como compañía inglesa y cotizaba en la Bolsa de Londres. Pasando mil penurias e interrogando a los indígenas que estaban prácticamente esclavizados y a los de Barbados que también trabajaban en la Compañía que explotaba el caucho, tomó cabal conciencia de las atrocidades que bajo el lema de llevar la civilización y la cultura, realizaba el colonialismo.
Por último y con gran prestigio, conforme se dieron a conocer los informes sobre el Congo y sobre la compañía inglesa en Europa, regresó a Londres y a Irlanda y empezó su lucha por la liberación de su país de origen del colonialismo inglés. Durante la primera guerra mundial, se produjo en Semana Santa la insurrección armada de los irlandeses que fue aplastada y sus jefes condenados a muerte.
Roger Casement buscó el apoyo de Alemania que proveyera armas a los insurrectos y a la vez que permitiera formar con los prisioneros irlandeses, una brigada para atacar a los ingleses que para él, a esa altura, eran el enemigo de Irlanda como colonizadores.
Todos estos episodios están mechados con incursiones del presente que vive en la cárcel Casement, pues fue tomado prisionero y condenado a muerte por traidor a la patria por los ingleses. En la prisión, espera el pedido de clemencia que había planteado. Por otra parte se habían publicado unos diarios íntimos que él llevaba, con historias breves sobre sus escabrosas actividades sexuales, muchas imaginadas más que vividas y ello, entre sus compatriotas produjo en muchos de ellos un desprecio hacia quien de buena fe había luchado por la liberación de Irlanda.
“El sueño del celta” es una novela que debe leerse con atención y cierta paciencia por las descripciones que el autor hace de lo sucedido en el Congo Belga, en la Amazonía y en Irlanda. La parte final, quizá se torne más ágil para la lectura pero en su totalidad estamos ante una nueva novela de Mario Vargas Llosa que no hace sino reafirmar sus calidades de gran novelista.
miércoles, 28 de marzo de 2012
PRESENCIA DE LA BIBLIOTECA
Escribe Carlos Sforza*
A raíz del hecho que el 16 de marzo se cumplieron 200 años de la inauguración en Buenos Aires de la Biblioteca Pública de Buenos Aires, fundada por Mariano Moreno y hoy convertida en Biblioteca Nacional, se me ocurrió hacer un repaso sobre lo que ha sido, es y será la biblioteca que es el local donde se tiene considerable cantidad de libros ordenados para la lectura. Hay biblioteca públicas y, en gran medida por cierto, privadas. Si nos remontamos a la antigüedad está la legendaria Biblioteca de Alejandría que fuera quemada y luego restaurada y actualmente reinaugurada con un edificio excelente.
Entre las de occidente una de las más antiguas es sin dudas, la de la universidad de Cambrige (Gran Bretaña) fundada en 1278, la Nacional de Praga de 1348, la Nacional Bávara de 1585 y sigue la larga lista de bibliotecas famosas en el mundo de lo público, ya sea de las naciones, de las universidades, de instituciones como el Congreso (Washington) de 1800, del Congreso Nacional (Argentina), de las provincias y de las ciudades.
Es indudable que con las nuevas tecnologías, las clásicas bibliotecas en las que abrevamos muchas generaciones han tenido una merma en la concurrencia de lectores, debido a las posibilidades que ofrece la cibernética con los libros que se pueden leer en la computadora, con la anunciada digitalización de la célebre Enciclopedia Británica, y tantos otros métodos usados para informarse, deleitarse y/ o estudiar.
No obstante ello, la existencia de las bibliotecas creo que sigue vigente y hay muchas personas que acuden a ellas a consultar libros para sus estudios, o a leer novelas, cuentos, poesía como una necesidad y a la vez un goce espiritual.
MI EXPERIENCIA
Personalmente, lo he dicho y escrito en otras ocasiones, mis lecturas de niño hasta entrado en años, se nutrieron en gran medida en el aporte de las Bibliotecas Populares. En primer lugar, siendo chico, en la Biblioteca “Mariano Moreno” del Partido Socialista de Victoria, cuando su local estuvo en las esquina de Italia y Suipacha, luego en Italia y Rawson y, por último, ya adolescente y estudiante secundario recibido, en Sarmiento y Abásolo. Allí pude leer las novelas policiales de Conan Doyle, estudios de filosofía y tratados de economía y otras cosas que me resultaban necesarias e interesantes.
En Nogoyá en mis dos años del final del Colegio Nacional, en la Biblioteca Pública donde diariamente asistíamos para consultas en las materias de Historia, cátedra que llevaba el Profesor Juan José Antonio Segura y en la de Literatura de la inolvidable “Pipí” Ascúa.
Ya en Rosario, en la Universidad, asitía muy asiduamente a la Biblioteca de la Facultad de Ciencias Económicas, Políticas y Sociales, en Boulevard Oroño o a la tradicional Biblioteca Argentina. De regreso a mi ciudad, eran frecuentes las lecturas de libros de la Biblioteca Popular “Juventud” (hoy “P:Esteban Lonne”) en calle Matanza, en la desparecida Biblioteca “José de San Martín” del Jockey Club y, como queda dicho, en la “Mariano Moreno”.
A la par, como un buen adicto a los libros, fui formando mi propia biblioteca que hoy suma algunos miles de libros, clasificados en general, por temas.
De esa forma pienso que nuestra generación se formó en buena medida a través del aporte de las bibliotecas públicas (incluyo en el rubro a las denominadas populares), en las bibliotecas de las escuelas y no puedo dejar de mencionar el aporte por largos años y que sigue en la actualidad, de la Biblioteca Sarmiento, hoy municipal, que estuvo en diversos sitios y ha arraigado en la Casa Piaggio (Piaggio y 9 de Julio).
LA LECTURA
A. D. Sertillanges escribió que “Constituye la lectura, sin duda, el medio universal de aprender, y es la preparación inmediata o lejana de toda producción”. Y a renglón seguido agrega: “Nunca pensamos aisladamente, pensamos en sociedad, en inmensa colaboración; trabajamos con los trabajadores del pasado y del presente. Todo el mundo intelectual puede ser comparado, gracias a la lectura, con una sala de redacción o con una oficina de negocios: cada uno encuentra en quienes le rodean la iniciación, la ayuda, la fiscalización, la información y el ánimo necesarios” y remata su pensamiento sobre la lectura y el hombre de estudio así: “Saber leer y utilizar bien las lecturas es, pues, para el hombre de estudio una necesidad primordial, y quiera Dios que la inconsciencia rutinaria nunca lo olvide” (“La vida intelectual”, p. 162/163).
Por eso la lectura es imprescindible. Y las bibliotecas suplen la falta de posibilidades que suelen tener las personas para comprar libros. Por otra parte, hay libros que no se encuentran en librerías ni quioscos, que están agotados y no se reeditan. Y allí está la función, entre otras, de las bibliotecas. Dar la posibilidad de acceso a la lectura a muchos que necesitan por estudio, trabajo o placer, leer una obra determinada.
Jean Guitton escribió: “La ventaja de un hermoso libro es el que nos hace entrar en la experiencia de otro ser, lo que es casi imposible en este mundo, aún cuando se trate de nuestros allegados: ¡cómo atravesar esos velos de costumbre y de pudor! (…) El libro nos coloca en el centro de un espíritu extraño; nos entrega su esencia misma” y más adelante agrega: “un libro verdadero se escribe en virtud de una necesidad, así como una verdadera lectura es la que se hace en estado de hambre y de deseo” (“El trabajo intelectual”, p. 104/105).
El escritor ha creado su obra por una necesidad y una vez editada, el lector la busca con “hambre y deseo” conforme sostiene el filósofo francés. Y ese libro lo encuentra muchas veces gracias al aporte de las bibliotecas que son el reservorio de lo que con el sostén del papel impreso, se convierte en la obra buscada.
Mucho más se podría reflexionar sobre la presencia de la biblioteca y su función y misión en los pueblos y ciudades, en las escuelas e instituciones. Pero lo dicho, nacido al calor del bicentenario de la inauguración de la hoy Biblioteca Nacional, creo que es suficiente con mi propia experiencia y la que puede tener cada uno de los lectores de esta nota.
Escribe Carlos Sforza*
A raíz del hecho que el 16 de marzo se cumplieron 200 años de la inauguración en Buenos Aires de la Biblioteca Pública de Buenos Aires, fundada por Mariano Moreno y hoy convertida en Biblioteca Nacional, se me ocurrió hacer un repaso sobre lo que ha sido, es y será la biblioteca que es el local donde se tiene considerable cantidad de libros ordenados para la lectura. Hay biblioteca públicas y, en gran medida por cierto, privadas. Si nos remontamos a la antigüedad está la legendaria Biblioteca de Alejandría que fuera quemada y luego restaurada y actualmente reinaugurada con un edificio excelente.
Entre las de occidente una de las más antiguas es sin dudas, la de la universidad de Cambrige (Gran Bretaña) fundada en 1278, la Nacional de Praga de 1348, la Nacional Bávara de 1585 y sigue la larga lista de bibliotecas famosas en el mundo de lo público, ya sea de las naciones, de las universidades, de instituciones como el Congreso (Washington) de 1800, del Congreso Nacional (Argentina), de las provincias y de las ciudades.
Es indudable que con las nuevas tecnologías, las clásicas bibliotecas en las que abrevamos muchas generaciones han tenido una merma en la concurrencia de lectores, debido a las posibilidades que ofrece la cibernética con los libros que se pueden leer en la computadora, con la anunciada digitalización de la célebre Enciclopedia Británica, y tantos otros métodos usados para informarse, deleitarse y/ o estudiar.
No obstante ello, la existencia de las bibliotecas creo que sigue vigente y hay muchas personas que acuden a ellas a consultar libros para sus estudios, o a leer novelas, cuentos, poesía como una necesidad y a la vez un goce espiritual.
MI EXPERIENCIA
Personalmente, lo he dicho y escrito en otras ocasiones, mis lecturas de niño hasta entrado en años, se nutrieron en gran medida en el aporte de las Bibliotecas Populares. En primer lugar, siendo chico, en la Biblioteca “Mariano Moreno” del Partido Socialista de Victoria, cuando su local estuvo en las esquina de Italia y Suipacha, luego en Italia y Rawson y, por último, ya adolescente y estudiante secundario recibido, en Sarmiento y Abásolo. Allí pude leer las novelas policiales de Conan Doyle, estudios de filosofía y tratados de economía y otras cosas que me resultaban necesarias e interesantes.
En Nogoyá en mis dos años del final del Colegio Nacional, en la Biblioteca Pública donde diariamente asistíamos para consultas en las materias de Historia, cátedra que llevaba el Profesor Juan José Antonio Segura y en la de Literatura de la inolvidable “Pipí” Ascúa.
Ya en Rosario, en la Universidad, asitía muy asiduamente a la Biblioteca de la Facultad de Ciencias Económicas, Políticas y Sociales, en Boulevard Oroño o a la tradicional Biblioteca Argentina. De regreso a mi ciudad, eran frecuentes las lecturas de libros de la Biblioteca Popular “Juventud” (hoy “P:Esteban Lonne”) en calle Matanza, en la desparecida Biblioteca “José de San Martín” del Jockey Club y, como queda dicho, en la “Mariano Moreno”.
A la par, como un buen adicto a los libros, fui formando mi propia biblioteca que hoy suma algunos miles de libros, clasificados en general, por temas.
De esa forma pienso que nuestra generación se formó en buena medida a través del aporte de las bibliotecas públicas (incluyo en el rubro a las denominadas populares), en las bibliotecas de las escuelas y no puedo dejar de mencionar el aporte por largos años y que sigue en la actualidad, de la Biblioteca Sarmiento, hoy municipal, que estuvo en diversos sitios y ha arraigado en la Casa Piaggio (Piaggio y 9 de Julio).
LA LECTURA
A. D. Sertillanges escribió que “Constituye la lectura, sin duda, el medio universal de aprender, y es la preparación inmediata o lejana de toda producción”. Y a renglón seguido agrega: “Nunca pensamos aisladamente, pensamos en sociedad, en inmensa colaboración; trabajamos con los trabajadores del pasado y del presente. Todo el mundo intelectual puede ser comparado, gracias a la lectura, con una sala de redacción o con una oficina de negocios: cada uno encuentra en quienes le rodean la iniciación, la ayuda, la fiscalización, la información y el ánimo necesarios” y remata su pensamiento sobre la lectura y el hombre de estudio así: “Saber leer y utilizar bien las lecturas es, pues, para el hombre de estudio una necesidad primordial, y quiera Dios que la inconsciencia rutinaria nunca lo olvide” (“La vida intelectual”, p. 162/163).
Por eso la lectura es imprescindible. Y las bibliotecas suplen la falta de posibilidades que suelen tener las personas para comprar libros. Por otra parte, hay libros que no se encuentran en librerías ni quioscos, que están agotados y no se reeditan. Y allí está la función, entre otras, de las bibliotecas. Dar la posibilidad de acceso a la lectura a muchos que necesitan por estudio, trabajo o placer, leer una obra determinada.
Jean Guitton escribió: “La ventaja de un hermoso libro es el que nos hace entrar en la experiencia de otro ser, lo que es casi imposible en este mundo, aún cuando se trate de nuestros allegados: ¡cómo atravesar esos velos de costumbre y de pudor! (…) El libro nos coloca en el centro de un espíritu extraño; nos entrega su esencia misma” y más adelante agrega: “un libro verdadero se escribe en virtud de una necesidad, así como una verdadera lectura es la que se hace en estado de hambre y de deseo” (“El trabajo intelectual”, p. 104/105).
El escritor ha creado su obra por una necesidad y una vez editada, el lector la busca con “hambre y deseo” conforme sostiene el filósofo francés. Y ese libro lo encuentra muchas veces gracias al aporte de las bibliotecas que son el reservorio de lo que con el sostén del papel impreso, se convierte en la obra buscada.
Mucho más se podría reflexionar sobre la presencia de la biblioteca y su función y misión en los pueblos y ciudades, en las escuelas e instituciones. Pero lo dicho, nacido al calor del bicentenario de la inauguración de la hoy Biblioteca Nacional, creo que es suficiente con mi propia experiencia y la que puede tener cada uno de los lectores de esta nota.
miércoles, 14 de marzo de 2012
Harold Bloom y la creación literaria
Escribe Carlos Sforza*
Harold Bloom es un crítico literario mayor dentro de la especialidad. Y digo mayor, puesto que sus obras y estudios y sus enseñanzas universitarias y conferencias, lo muestran con una especial imagen: es un verdadero hacedor como crítico literario. Se podrá estar o no de acuerdo con sus enfoques pero, él, a cada línea que escribe le pone su impronta y dice su verdad.
EL AUTOR
Harold Bloom nació en Nueva York en 1930. Ha publicado más de treinta libros entre los que cito “La ansiedad de la influencia”, “El canon occidental”, “Presagios del milenio”,”Shakespeare”, “¿Cómo leer y por qué?”, “¿Dónde se encuentra la sabiduría?”, “Jesús y Yahvé”, “La Religión Americana”. Ha obtenido el MacArthur Fellow Award, el Premio Internacional de Catalunya, el Premio Alfonso Reyes (México) y el premio Hans Christian Andersen (Dinamarca). Es miembro de la American Academy of Arts and Letters.
Acaba de publicar un libro que es como la revisión y culminación de sus estudios sobre literatura siendo, como es, uno de los mayores especialistas en la obra de W. Shakespeare. Se trata de “Anatomía de la influencia - La literatura como modo de vida” (Tauros-Alfaguara, Montevideo –Uruguay-, traducción de Damià Alou,
octubre de 2011, 448 p.).
EL LIBRO
Estamos ante una obra ciclópea que muestra claramente la sabiduría de Harold Bloom y su sentido crítico. No en vano desde pequeño comenzó su relación con los libros de literatura y como él dice, “Cuando era muy joven, la libertad me llamaba a través de los poetas que primero amé: Hart Crane, William Blake, Percy Bysshe Shelley, Wallace Stevens, Walt Whitman, William Butler Yeats. John Milton y, por encima de todos, William Shakespeare (…) La sensación de libertad que conferían me sumía en el interior de una exhuberancia primordial” (p. 17).
Esas lecturas lo convirtieron en un crítico incipiente que luego, con el correr de los años, se transformó en uno de los mejores críticos de habla inglesa. Y esa vocación, asumida casi inconscientemente, hizo que su labor se fuera afirmando y encontrando en la discusión y el diálogo con colegas y personas interesadas en la literatura, en sus clases y contacto con los estudiantes universitarios con quienes solía discutir puntos de vista sobre personajes shakespearanos u obras del autor de “El rey Lear, nuevos puntos de vista.
En “Anatomía de la influencia”, Bloom dedica cinco capítulos especialmente a Shakespeare ya que lo considera una “presencia ineludible”. Casi una tercera parte del libro está dedicada a él; tres capítulos los dedica a Walt Whitman aunque el poeta estadounidense esté presente en numerosas ocasiones en la obra. No elude y lo hace con una crítica certera, justa, a Milton y “El Paraíso Perdido”. Las influencias de cada autor sobre sí mismo es rastreada con agudeza por Bloom de allí el título de su libo. Lo que hace es una verdadera anatomía de la influencia. Y de las influencias de algunos autores sobre otros que recogen lo que aquéllos han dejado en el pasado y lo utilizan de manera sutil, a veces en contrario a lo recibido, pero siempre con influencias ineludibles en la labor literaria.
Sinceramente al leer este libro de Harold Bloom he aprendido mucho. Sobre todo lo relacionado con Shakespeare y los personajes de sus obras que, a estar a lo que se lee en el libro, Bloom descubre facetas desconocidas o que pasan desapercibidas por el simple lector o por quien asiste a la representación de sus obras en el teatro o, incluso, en películas.
Aparte, para quienes hemos leído con avidez y admiración a James Joyce, encontramos en el libro de Bloom muchas referencias y reflexiones críticas sobre el autor del “Ulises”. Así recuerda, por ejemplo, que “Mary Reynolds me enseñó que Stefhen y Poldy, en el Ulises, son figuras duales no sólo de Shakespeare, sino de Dante” (p. 156).
Sobre Milton escribe H. Bloom: “El platonismo y el neoestoicismo le resultaban tan convenientes al ciego Milton, como el cristianismo, aunque su visión de la poesía como algo simple, sensual y apasionado es totalmente lucreciana. El poeta como poeta en la épica miltoniana se sentía atraído por Lucrecio exactamente de la misma manera en que Shakespeare amaba a Ovidio” (p. 184).
Harold Bloom ha escrito una obra que es extensa y a la vez comprimida. Porque a través de dos de sus pasiones literarias como son Shakespeare y Whitman, nos pasea con su criterio y, a veces, con su ironía, por una vasta extensión de la literatura de habla inglesa y también de otras lenguas cuando nos habla de Dante o de Leopardi. Yo diría que estamos ante la visión y el pensamiento de Harold Bloom sobre la creación literaria. Y de allí que “Anatomía de la influencia” sea una obra imprescindible para quienes dedican su labor a la crítica literaria. Conocer y valorar la manera de ver de un auténtico crítico como es H. Bloom.
Escribe Carlos Sforza*
Harold Bloom es un crítico literario mayor dentro de la especialidad. Y digo mayor, puesto que sus obras y estudios y sus enseñanzas universitarias y conferencias, lo muestran con una especial imagen: es un verdadero hacedor como crítico literario. Se podrá estar o no de acuerdo con sus enfoques pero, él, a cada línea que escribe le pone su impronta y dice su verdad.
EL AUTOR
Harold Bloom nació en Nueva York en 1930. Ha publicado más de treinta libros entre los que cito “La ansiedad de la influencia”, “El canon occidental”, “Presagios del milenio”,”Shakespeare”, “¿Cómo leer y por qué?”, “¿Dónde se encuentra la sabiduría?”, “Jesús y Yahvé”, “La Religión Americana”. Ha obtenido el MacArthur Fellow Award, el Premio Internacional de Catalunya, el Premio Alfonso Reyes (México) y el premio Hans Christian Andersen (Dinamarca). Es miembro de la American Academy of Arts and Letters.
Acaba de publicar un libro que es como la revisión y culminación de sus estudios sobre literatura siendo, como es, uno de los mayores especialistas en la obra de W. Shakespeare. Se trata de “Anatomía de la influencia - La literatura como modo de vida” (Tauros-Alfaguara, Montevideo –Uruguay-, traducción de Damià Alou,
octubre de 2011, 448 p.).
EL LIBRO
Estamos ante una obra ciclópea que muestra claramente la sabiduría de Harold Bloom y su sentido crítico. No en vano desde pequeño comenzó su relación con los libros de literatura y como él dice, “Cuando era muy joven, la libertad me llamaba a través de los poetas que primero amé: Hart Crane, William Blake, Percy Bysshe Shelley, Wallace Stevens, Walt Whitman, William Butler Yeats. John Milton y, por encima de todos, William Shakespeare (…) La sensación de libertad que conferían me sumía en el interior de una exhuberancia primordial” (p. 17).
Esas lecturas lo convirtieron en un crítico incipiente que luego, con el correr de los años, se transformó en uno de los mejores críticos de habla inglesa. Y esa vocación, asumida casi inconscientemente, hizo que su labor se fuera afirmando y encontrando en la discusión y el diálogo con colegas y personas interesadas en la literatura, en sus clases y contacto con los estudiantes universitarios con quienes solía discutir puntos de vista sobre personajes shakespearanos u obras del autor de “El rey Lear, nuevos puntos de vista.
En “Anatomía de la influencia”, Bloom dedica cinco capítulos especialmente a Shakespeare ya que lo considera una “presencia ineludible”. Casi una tercera parte del libro está dedicada a él; tres capítulos los dedica a Walt Whitman aunque el poeta estadounidense esté presente en numerosas ocasiones en la obra. No elude y lo hace con una crítica certera, justa, a Milton y “El Paraíso Perdido”. Las influencias de cada autor sobre sí mismo es rastreada con agudeza por Bloom de allí el título de su libo. Lo que hace es una verdadera anatomía de la influencia. Y de las influencias de algunos autores sobre otros que recogen lo que aquéllos han dejado en el pasado y lo utilizan de manera sutil, a veces en contrario a lo recibido, pero siempre con influencias ineludibles en la labor literaria.
Sinceramente al leer este libro de Harold Bloom he aprendido mucho. Sobre todo lo relacionado con Shakespeare y los personajes de sus obras que, a estar a lo que se lee en el libro, Bloom descubre facetas desconocidas o que pasan desapercibidas por el simple lector o por quien asiste a la representación de sus obras en el teatro o, incluso, en películas.
Aparte, para quienes hemos leído con avidez y admiración a James Joyce, encontramos en el libro de Bloom muchas referencias y reflexiones críticas sobre el autor del “Ulises”. Así recuerda, por ejemplo, que “Mary Reynolds me enseñó que Stefhen y Poldy, en el Ulises, son figuras duales no sólo de Shakespeare, sino de Dante” (p. 156).
Sobre Milton escribe H. Bloom: “El platonismo y el neoestoicismo le resultaban tan convenientes al ciego Milton, como el cristianismo, aunque su visión de la poesía como algo simple, sensual y apasionado es totalmente lucreciana. El poeta como poeta en la épica miltoniana se sentía atraído por Lucrecio exactamente de la misma manera en que Shakespeare amaba a Ovidio” (p. 184).
Harold Bloom ha escrito una obra que es extensa y a la vez comprimida. Porque a través de dos de sus pasiones literarias como son Shakespeare y Whitman, nos pasea con su criterio y, a veces, con su ironía, por una vasta extensión de la literatura de habla inglesa y también de otras lenguas cuando nos habla de Dante o de Leopardi. Yo diría que estamos ante la visión y el pensamiento de Harold Bloom sobre la creación literaria. Y de allí que “Anatomía de la influencia” sea una obra imprescindible para quienes dedican su labor a la crítica literaria. Conocer y valorar la manera de ver de un auténtico crítico como es H. Bloom.
sábado, 10 de marzo de 2012
ALGUNOS ELEMENTOS DE LA NOVELA
Escribe Carlos Sforza*
Muchas veces me he referido directa o indirectamente a los elementos de la novela. Género que, obviamente, ha evolucionado desde que se constituyó como tal. Descendiente de la epopeya, los dioses, semidioses y demás personajes de las epopeyas fueron reemplazados por hombres de carne y huesos. Y nació la novela que, estructuralmente ha evolucionado con el correr del tiempo. Pero a la vez, mantiene elementos imprescindibles para convertir una obra en novela.
Aristóteles decía que “Seis son las parte integrantes de todo drama: fábula, costumbres, palabras, pensamientos, espectáculos y melopeas (…) Ni las costumbres, ni las palabras, ni los pensamientos felices, constituyen la obra de la tragedia, y es muy
preferible un drama que, aún siendo débil en otras partes, tanga fábula y acción.(…) Ni se ha de tener por cosa fácil y baladí la acción. Y agregaba: “Los principiantes antes aciertan en las palabras y en las costumbres que en la fábula. Ella es el principio y como el alma de la tragedia”.
Es sabido que el filósofo habla de la tragedia y el drama que en su época eran las más altas realizaciones de la literatura. La novela, por supuesto no había nacido. Pero es interesante valorar los dichos del autor de “La retórica” y aplicarlo en cierta medida a la novela.
La fábula a que se refiere es la historia que se cuenta. A ello le agrega otros aderezos. Conviene recordar asimismo, lo que decía W. Faulkner cuando afirmaba que lo que importa en la novela no es lo que se cuenta sino cómo se cuenta. Ello se refiere a la escritura en sí misma, a la versión que el autor da a través de las palabras de la necesaria historia que es el núcleo de la novela.
Diríamos que la trama forma parte esencial de la novela. No se puede hacer una novela de puras descripciones, sin un pathos que sea lo que le da sustento. Es claro que en muchas novelas (y hasta en muchos cuentos) hay descripciones hermosas. Pero no deben ser bajo ningún concepto el sustento de la obra. Porque, como muy bien dijo alguna vez Leonardo Castellani, la descripción es como la salsa de las comidas, y con salsa sola no se hace una comida. La comida en el caso de la novela es la trama y el aderezo puede se una buena descripción.
En la novela moderna uno de los elementos que marcan a la misma son los diálogos. Las personas se conocen dialogando. Y cuando en una narración novelesca aparecen los diálogos, muestran a quienes hablan, quienes lo hacen se pintan en sus dichos, pero claro, cuando el diálogo está manejado por la mano de un artista. Que pueden ser diálogos con lenguaje culto cuando los personajes son seres de un círculo especial, o vivaz y movido, con lenguaje coloquial, cuando quienes hablan y se muestran cómo son, son personas del pueblo, gente común que habla en la novela como hablan los seres reales en la calle o en un bar o en su casa.
Conviene también recordar que un personaje de ficción que crea un narrador en cuanto lo deja en libertad ya no es del narrador. Como decía Eduardo Mallea “un personaje de ficción no surge en tanto ya no es nosotros” Se libera, según el autor de “Todo verdor perecerá”, cuando surge en nuestra imaginación y lo colocamos en una novela.
Siempre he sostenido que la escritura de una novela requiere talento y trabajo. “Sudar la camiseta” cuando se escribe una novela es esencial porque en el trabajo constante de ir armando la obra se pasan muchas horas y días y en algunos casos, años. El autor de “Una pasión argentina” escribió que “el artista es realista porque es testigo, el testigo por antonomasia, el testigo de los testigos; no realista por las órdenes de la secta ni por las tentaciones de la comodidad”.
Alguien podrá preguntarse ¿dónde juega en esto la ciencia ficción? Uno de los grandes narradores de cuentos fantásticos y de ciencia ficción, mi admirado Ray Bradbury, escribió en su libro “Fueiserá”: “La ciencia ficción es la ficción más importante que los
Escritores hayan inventado alguna vez. Porque fue capaz de prever el cúmulo de problemas que se nos venían encima través de las profundidades del tiempo. (…) Porque por encima de todas las cosas y desde los tiempos en que Platón trataba de crear una sociedad razonable, la ciencia ficción siempre ha sido un maestro de fábula en cuestiones morales al decir si talamos árboles tenemos que plantar otros. Si inventamos la píldora, ¿qué haremos con las estructuras religiosas y nuestras concepciones? (…)
No hay problema trascendente en el mundo de hoy en día que no haya sido abordado por la ciencia ficción” (p. 260/261).
Es decir, que los verdaderos novelistas y cuentistas de ciencia ficción, son testigos del futuro. Así como otros narradores, lo son del presente o del pasado.
Claro que no son testigos a la manera de un historiador, sino a través de la ficción, que es una mentira pero que siempre transmite una verdad cuando quien la escribe es un narrador de valía.
Escribe Carlos Sforza*
Muchas veces me he referido directa o indirectamente a los elementos de la novela. Género que, obviamente, ha evolucionado desde que se constituyó como tal. Descendiente de la epopeya, los dioses, semidioses y demás personajes de las epopeyas fueron reemplazados por hombres de carne y huesos. Y nació la novela que, estructuralmente ha evolucionado con el correr del tiempo. Pero a la vez, mantiene elementos imprescindibles para convertir una obra en novela.
Aristóteles decía que “Seis son las parte integrantes de todo drama: fábula, costumbres, palabras, pensamientos, espectáculos y melopeas (…) Ni las costumbres, ni las palabras, ni los pensamientos felices, constituyen la obra de la tragedia, y es muy
preferible un drama que, aún siendo débil en otras partes, tanga fábula y acción.(…) Ni se ha de tener por cosa fácil y baladí la acción. Y agregaba: “Los principiantes antes aciertan en las palabras y en las costumbres que en la fábula. Ella es el principio y como el alma de la tragedia”.
Es sabido que el filósofo habla de la tragedia y el drama que en su época eran las más altas realizaciones de la literatura. La novela, por supuesto no había nacido. Pero es interesante valorar los dichos del autor de “La retórica” y aplicarlo en cierta medida a la novela.
La fábula a que se refiere es la historia que se cuenta. A ello le agrega otros aderezos. Conviene recordar asimismo, lo que decía W. Faulkner cuando afirmaba que lo que importa en la novela no es lo que se cuenta sino cómo se cuenta. Ello se refiere a la escritura en sí misma, a la versión que el autor da a través de las palabras de la necesaria historia que es el núcleo de la novela.
Diríamos que la trama forma parte esencial de la novela. No se puede hacer una novela de puras descripciones, sin un pathos que sea lo que le da sustento. Es claro que en muchas novelas (y hasta en muchos cuentos) hay descripciones hermosas. Pero no deben ser bajo ningún concepto el sustento de la obra. Porque, como muy bien dijo alguna vez Leonardo Castellani, la descripción es como la salsa de las comidas, y con salsa sola no se hace una comida. La comida en el caso de la novela es la trama y el aderezo puede se una buena descripción.
En la novela moderna uno de los elementos que marcan a la misma son los diálogos. Las personas se conocen dialogando. Y cuando en una narración novelesca aparecen los diálogos, muestran a quienes hablan, quienes lo hacen se pintan en sus dichos, pero claro, cuando el diálogo está manejado por la mano de un artista. Que pueden ser diálogos con lenguaje culto cuando los personajes son seres de un círculo especial, o vivaz y movido, con lenguaje coloquial, cuando quienes hablan y se muestran cómo son, son personas del pueblo, gente común que habla en la novela como hablan los seres reales en la calle o en un bar o en su casa.
Conviene también recordar que un personaje de ficción que crea un narrador en cuanto lo deja en libertad ya no es del narrador. Como decía Eduardo Mallea “un personaje de ficción no surge en tanto ya no es nosotros” Se libera, según el autor de “Todo verdor perecerá”, cuando surge en nuestra imaginación y lo colocamos en una novela.
Siempre he sostenido que la escritura de una novela requiere talento y trabajo. “Sudar la camiseta” cuando se escribe una novela es esencial porque en el trabajo constante de ir armando la obra se pasan muchas horas y días y en algunos casos, años. El autor de “Una pasión argentina” escribió que “el artista es realista porque es testigo, el testigo por antonomasia, el testigo de los testigos; no realista por las órdenes de la secta ni por las tentaciones de la comodidad”.
Alguien podrá preguntarse ¿dónde juega en esto la ciencia ficción? Uno de los grandes narradores de cuentos fantásticos y de ciencia ficción, mi admirado Ray Bradbury, escribió en su libro “Fueiserá”: “La ciencia ficción es la ficción más importante que los
Escritores hayan inventado alguna vez. Porque fue capaz de prever el cúmulo de problemas que se nos venían encima través de las profundidades del tiempo. (…) Porque por encima de todas las cosas y desde los tiempos en que Platón trataba de crear una sociedad razonable, la ciencia ficción siempre ha sido un maestro de fábula en cuestiones morales al decir si talamos árboles tenemos que plantar otros. Si inventamos la píldora, ¿qué haremos con las estructuras religiosas y nuestras concepciones? (…)
No hay problema trascendente en el mundo de hoy en día que no haya sido abordado por la ciencia ficción” (p. 260/261).
Es decir, que los verdaderos novelistas y cuentistas de ciencia ficción, son testigos del futuro. Así como otros narradores, lo son del presente o del pasado.
Claro que no son testigos a la manera de un historiador, sino a través de la ficción, que es una mentira pero que siempre transmite una verdad cuando quien la escribe es un narrador de valía.
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